Por Carmen Pérez Rodríguez
Comentábamos un día que Dios carece de plural. La diferencia entre creer en un sólo y único Dios verdadero, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y creer en muchos dioses, o en otras cosas por el estilo, no es una diferencia aritmética, es sencillamente un error profundo, un serio disparate. Dioses no es el plural de Dios. Porque Dios no tiene plural, los “dioses” son otra cosa. Dios es único. Lo que afirmamos en esa frase sencilla: creo en un solo Dios único y verdadero.
Realmente se ¿pueden tener múltiples esperanzas? No, no son múltiples las esperanzas. La esperanza, la esperanza auténtica, esa realidad existencial que el hombre requiere para vivir, carece de plural. Esta esperanza es un verdadero detonante, que desencadena en nosotros el ánimo para afrontar cada una de las actividades diarias, incluso las más duras. La esperanza se atreve con el futuro, en la confianza de que en él se desarrolla la guía de Dios. El ánimo de vivir va unido a la esperanza, es esperanza, por la confianza de que en nuestra existencia, a pesar de todos los pesares, -y muy concreto y real este dicho popular-, podemos caminar de la mano de Dios y la vivimos animosos.
Es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el total cumplimiento, como nos dice el Papa Benedicto XVI. Quien ha sido tocado por el amor, quien se ha encontrado con Jesucristo, de la forma que haya sido, a través de amigos, a través de un amor verdadero, a través del sufrimiento, a través de algo fuerte que le haya ocurrido en la vida, empieza a intuir lo que realmente significa la esperanza.
La esperanza está en el corazón de toda la Historia de la salvación. El Antiguo Testamento está lleno de imágenes de esperanza y confianza en el camino de encuentro con Dios, de paz, confianza, justicia, y de concordia. Así lo expresa, por ejemplo Isaías, en las lecturas que se nos propone en las Eucaristías del tiempo litúrgico del adviento. La esperanza aparece formulada, como dice Luigi Giussani, de acuerdo con las ideas, sensaciones, y mentalidad propia tanto de la raza como de cada individuo y del momento histórico en que se vive. Eran gente del desierto, y Dios era para ellos la tierra que florecía; eran esclavos, y pensaban que el Reino de Dios sería una potencia, predominio sobre el mundo; estaban divididos, y para ellos el reino de Dios significaba la unidad del pueblo. En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz…No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas…Será la justicia ceñidor de sus lomos; la fidelidad, ceñidor de su cintura…Habitará el lobo con el cordero… El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente…Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles y será gloriosa su morada.
En el Nuevo Testamento se nos presenta el hecho de que Dios se nos ha mostrado en el rostro de Cristo y que ha abierto Su Corazón para hacernos sentir redimidos por la esperanza que dicho encuentro significa: conversión. Todas la Biblia se ha escrito para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Esto es la historia del cristianismo. Lo que Cristo ha traído es el encuentro con el Dios vivo, la paternidad de Dios, y nuestra filiación divino, y por eso el encuentro con la esperanza más fuerte que cualquier sufrimiento y cualquier esclavitud, y que nos transforma desde dentro a cada uno, a la familia que así lo viva, y a la sociedad.
También para nosotros la esperanza se traduce en nuestras ideas, concepciones y temores, en nuestra imagen del bien y del mal. Por eso es tan importante en el tiempo de adviento, abrirnos a lo que realmente es la esperanza fiable. Esperar el reino de Dios sabiendo lo que realmente es ese reino de Dios. La fe en la venido de Jesucristo, en la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios, nos da algo de la realidad esperada, otorga a la vida esta realidad presente y constituye para nosotros una prueba de lo que aún no se ve. El futuro está dentro de nuestro presente y lo cambia, está marcado por lo que es nuestra realidad futura. No es un solo “todavía no”, es ese nuevo fundamento sobre el que nos apoyamos, es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.
Leamos, llenos de todas las preguntas que puedan surgirnos, la Carta del Papa, salvados en esperanza. Esta esperanza comporta estar unidos existencialmente, y sentirnos “un pueblo”, una gran familia en la que sólo puede realizarse cada persona dentro de este “nosotros”. Porque esto nos lleva a dejar de estar encerrados en nuestros egoísmos, en nuestras pobres y raquíticas medidas. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Sólo el estar unidos existencialmente en un “pueblo”, eso es la Iglesia, nos abre a la fuente de la alegría, hacia el bien, la verdad, el amor, hacia Dios.
Dioses no es plural de Dios, Dios no tiene plural. Es lógico que la esperanza fiable carezca de plural.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo