En cristiano

“Creer que”, “creer a”, “creer en”

29.11.10 | 07:30. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Esto clama el tiempo que estamos viviendo: creer en Jesucristo. En medio de todo lo que ocurre y nos ocurre esta es la gran realidad: creer en Jesucristo. Y creer en Jesucristo es creer en su Resurrección, en la Redención y Salvación que implica.

No es lo mismo “creer que”, “creer a”, “creer en”. Desde luego que no lo es. Lo entendemos clarísimo en nuestro lenguaje. “Creer que” es sencillamente afirmar que puede pasar tal cosa concreta, sea buena, mala, o indiferente: creo que va a llover, creo que va venir pronto…“Creer a” alguien significa creer en lo que esa persona afirma o niega. Pero “creer en” alguien, implica algo existencial, vital. Implica una relación profunda en la que se está. Implica veracidad, honradez, gratitud, compromiso, interioridad. Creer en alguien implica todo lo contrario a la superficialidad, a lo pasajero. Creer en alguien siempre lleva vida, fuerza, relación, encuentro. Creer realmente “en” cambia y orienta toda la vida. Es como si este creer “en” penetrara profundamente en la tierra y germinara dando el fruto consiguiente de este “creer en”.

Pues eso es precisamente lo que nos pasa en la fe cristiana. Creo en Jesucristo, decimos en el credo de manera quizá mecánica, sin ser concientes de la tremenda riqueza de lo que decimos. Creer en Jesucristo implica no ser cristiano sólo por el nombre, sino por el enfoque que damos a la vida, por las respuestas, por los actos, por nuestro compromiso con El. Ante un hecho como es el gran milagro de la Encarnación que culmina en la pasión, muerte y resurrección, decir: creo en Jesucristo cambia y orienta nuestra vida. Esta es la consistencia de la vida cristiana: creer en Jesucristo con todas las consecuencias.

Creer en Jesucristo como dice S. Agustín, implica amor y vida, implica haber reconocido el sentido de la existencia, haber descubierto la verdad que habita en nuestro interior. Creer en Jesucristo significa consciencia, dilección, amor profundo, reflexivo. Las Confesiones de S. Agustín solo pueden ser escritas por un hombre que cree en Jesucristo. Como pasa con las cartas de S. Pablo, el Camino de Perfección, las Moradas de Teresa de Jesús, O las autobiografías de los convertidos. Su vida cambió por creer en Jesucristo. También Tomás de Aquino, tan preciso en su terminología, nos presenta todo lo que implica creer en Dios. Creer “en” y “hacia” El, es más que un acto de confianza, es un creer en cualquier paso y circunstancia de la vida, a partir de Dios que se revela, que se nos presenta. Ese acuerdo intrínseco entre razón y fe. Desde aquí se siente maravillosamente sus profundos himnos y poesías. No es difícil entender est, si hemos tenido el gran regalo de poder creer en alguien. ¡Cuantas vidas de personas completamente desviadas o despistadas, han cambiado por creer en un amigo que realmente lo era¡ Recordamos que no es posible la amistad sin la verdad, y que la verdad sin amor esta muerta.

Creer en Jesucristo implica todo, implica venir de El, ir hacia El, estar en El. Es la grandiosa y maravillosa exclamación en la Eucaristía: Por El, con El y en El. Esta es la fórmula que aparece con exactitud en las primeras palabras de Cristo, con las que se inaugura su predicación en el evangelio de Marcos: Convertíos y creed en la Buena Nueva. Este “creer en” es una realidad de la gramática que expresa la finura de la fe, la relación de Dios con el hombre, una auténtica infusión del Espíritu Santo en el corazón humano: creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, creo en Jesucristo… Una cosa es ver la partitura del Mesías de Händel y otra es estar “dentro”, una cosa es mirar una obra de arte y otra sentirla y vivirla dentro.

Creo en Jesucristo, creo que en El, Dios me ha dicho todo lo que tenía que decirme. Jamás se añadirá nada a lo que ha sido dicho en Jesucristo. En Jesucristo Dios nos ha revelado la totalidad de lo que tengo que saber, en lo que se refiere al misterio de Dios y en lo que se refiere al misterio de nuestra existencia. La irrupción de Dios en la historia es el acontecimiento decisivo y último, tras del cual nada puede haber ya de nuevo. En Jesucristo se ha dicho la última palabra. La fe en Jesucristo no es algo que cada uno tiene derecho a modificar a su gusto. Toda la maravillosa aventura de la inteligencia cristiana está aquí. Creer en Jesucristo amplia todas las dimensiones de búsqueda. La plenitud de Jesucristo es una cosa más grande que la totalidad del universo. Jesucristo es El mismo un universo más grande que el universo. Jamás alcanzaremos las fronteras de Jesucristo. Jesucristo nos revela una dimensión nueva de la existencia. Y si la ciencia jamás acabará de agotar el contenido del universo material, muchos menos acabaremos de agotar lo que encierra esa inmensidad que es Jesucristo. Esta es nuestra gran aventura: tratar constantemente de comprender mejor lo que se nos ha dado de una vez para siempre. Jesucristo rebasa todo cuanto pudiéramos inventar.

Creo en Jesucristo.


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