En cristiano

Un año: el tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol

26.11.10 | 08:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Es curioso lo que me ocurre, pero por otra parte, si se piensa, es lógico. Todos los años al llegar el domingo de Cristo Rey del Universo, y, después comenzar el tiempo de adviento, siento necesidad de sentir lo que es la liturgia. Creo que la razón es que me mueve internamente, me hace pensar, eso del “año” litúrgico. Y como la fiesta de Cristo Rey del Universo es el broche de oro de nuestro año litúrgico y después ya viene el adviento, o sea el comienzo del año, pues es consecuente pensar en el contenido de eso que llamamos los católicos: año litúrgico.

Un año y otro empieza el invierno y la primavera, el verano y el otoño. No es cuestión en este momento de hablar sobre qué estación es la que más nos gusta. Sencillamente constatar la inmensa riqueza de la naturaleza que se expresa en esas cuatro estaciones. ¿Cuántos estamos pensando en las Estaciones de Vivaldi? A mi es evidente lo que me gustan estos cuatro conciertos., y desde luego es una obra conocidísima. Pues el año litúrgico son nuestras estaciones en la vivencia y experiencia cristiana.

Año sabemos perfectamente lo que significa: el tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta alrededor del sol, es un período de doce meses, trescientos sesenta y cinco días, unas horas, unos minutos y unos segundos. El tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta alrededor del SOL
Y el año pasado comentábamos la palabra litúrgico, la liturgia. Palabra que viene del griego y significa servicio pública. Para los católicos es el conjunto de ritos, actos, fiestas, historia etc. que celebran el Misterio de Cristo. A través de la liturgia, Cristo continúa la obra de nuestra redención.

Para nosotros los católicos el año litúrgico es también un período de tiempo, de doce meses, el tiempo que la tierra, nosotros, nuestra humanidad con todas sus vivencias, tarda en dar la vuelta alrededor del sol, o sea de Jesucristo, Rey del Universo, principio y fin, alfa y omega de toda la creación. Por eso el año litúrgico celebra el Misterio de Cristo, el Misterio de un Dios que se hace hombre. Desde las celebraciones, la “liturgia”, para preparar su venida, su nacimiento, hasta ese Himno del universo entero, con palabras de Teilhard de Chardin, que es la fiesta de Jesucristo Rey del Universo.

El año litúrgico está tejido de signos y símbolos cuya significado, enraizado en la creación y en las culturas humanas, se precisa en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la Persona y en la obra de Cristo.

Evidentemente el “año litúrgico” es para vivirlo, como vivimos las estaciones del año. Hay un libro de Luigi Giussani, que voy leyendo según los distintos momentos. Se llama Para vivir la Liturgia: un testimonio. Es de Ediciones Encuentro. Es muy práctico y fácil de leer. El prólogo es lo que hoy nos centra de lleno: una formidable y concreta propuesta a vivir el tiempo que tarda la Iglesia en dar una vuelta alrededor del Misterio de Cristo. La liturgia consiste en la humanidad que ha adquirido conciencia de la adoración a Dios como significado supremo suyo, y del trabajo como acto de gloria a Dios. Expresa de manera vivencial lo que realmente es la liturgia, el significado de la palabra que implica como decíamos reconocimiento, servicio, trabajo, y dimensión pública. Por eso el comienzo del año es una invitación siempre a reconocer lo que puede otorgar a nuestra vida el verdadero sentido. Aquí si que tiene sentido decir con todo el corazón: feliz año nuevo litúrgico.

Cada uno, mientras tenemos tiempo, mientras vivimos aquí y ahora, damos nuestra respuesta a la llamada de Dios, no de una manera general, sin orientación, sino a través del misterio de la Iglesia.

Mientras tenemos tiempo, hagamos “lo bueno” que dice S. Pablo. Meditar la liturgia, dice Giussani, es meditar una palabra que nos educa. Y tanto más valiosa nos será cuanto más captemos lo que la Iglesia nos presenta en este momento concreto del año. La Biblia no es un conjunto de frases bonitas, justas y profundas. Sí, puede serlo. Pero no puede ser que se pase por alto el contexto de la Palabra de Dios. Reducimos la Biblia, a veces, a una apoyatura de nuestros ideales morales, en vez de captar la Palabra de Dios como lo que deshace nuestra sabiduría, y nos convierte a la verdadera sabiduría, a nuestro volver a nacer de nuevo.

La actitud fundamental para este nuevo inicio es la escucha, porque la liturgia es el libro de los pobres de espíritu de los que no se inventan palabras. Es un ámbito de fidelidad y obediencia. La palabra del Señor es infalible, es precisa y cambia el alma. Es lo más existencial y vivencial sentir que la moralidad cristiana, es la escucha y la espera de la venida del Señor, ésta es en el fondo la actitud de pobreza de espíritu en el sentido evangélico. Si uno no tiene antes nada, escucha; si no tiene antes nada espera. En ello confía para llegar a ser distinto.

Eso es: buen comienzo del año litúrgico. Féliz recorrido de nuestra humanidad en su dar la vuelta al Sol, al misterio de Cristo que es nuestro camino nuestra verdad, y nuestra vida.


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