En cristiano

La mugre de nuestros prejuicios

24.11.10 | 08:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

¿Quién no ha presenciado un hecho en el que se viera la mugre de los prejuicios? Incluso en las escenas más sencillas, por ejemplo en un autobús. Una persona mayor ha reaccionado tarde para bajar en la parada que tenía que hacerlo para ir a la estación. Y la sabelotodo de turno le dice con tono inquisitorial: Desde luego no le va a abrir, menudos son los conductores de autobuses, yo le podría contar…Y el conductor se para y la señora baja llena de agradecimiento. No sabemos que pensaría por dentro “la crítica de turno”.

O algo completamente distinto: la ceremonia de consagración del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Gaudi por Benedicto XVI, obra que no se comprende sin la fe de su autor, sin su cristianismo, sin su sentido de la vida. Pues ante un hecho como este se ha puesto de manifiesto la mugre de muchos prejuicios. Ante la fe, la belleza, la humanidad, la elegancia que estalla por todas partes, la presencia del Papa, y todo con lo que tantísimos hemos disfrutado, al ser preguntada una persona, ciertamente llena de prejuicios dice: ha sido un homenaje al arte y sobre todo a Gaudi…Lo que pasa es que en el mundo hay demasiada hipocresía y demasiado poder. O sea no ha entendido nada y lo ha juzgado todo desde sus pobres medidas.

Ante muchas afirmaciones, interpretaciones, juicios, siento interiormente enfado. El enfado que debe sentir alguien que oye hablar de su familia con unos juicios completamente desorientados y faltos de conocimiento y sentido. Se dice que si se sueña que uno está limpiando la mugre, quiere decir que venga lo que venga se está preparando para todo. Seguro que todos hemos padecido la mugre de muchos prejuicios, y quizá también en otros casos hemos sido nosotros los causantes de esa mugre que embadurna y emponzoña.

La mugre es una palabra muy castellana y muy expresiva de lo que es la suciedad. Todos los productos de limpieza deben servir para quitar la mugre. Hoy me viene esto de la mugre de nuestros prejuicios, y del daño que hace y podemos hacer, por cosas muy concretas que he escuchado y vivido. Es que los católicos, y más en las circunstancias que vivimos, padecemos mucho la mugre de los prejuicios en todo lo que tiene pleno sentido y significado para nosotros sea desde la figura del Papa, la Iglesia, hasta en los más sencillos gestos. Seguro que muchos lo hemos sentido.

Lo experimentamos a cada momento. No tanto por parte de los que no creen como por parte de esos más o menos cristianos, cristianos escasamente enterados. Chesterton dice que el peor juez de todos es el hombre que hoy día está más dispuesto a juzgar: el cristiano escasamente formado, que gradualmente se convierte en agnóstico agresivo –recordamos que los agnósticos no son ateos, sino que niegan que se pueda conocer a Dios, que no es lo mismo- para terminar en una animadversión de la que nunca entendió el principio; frustrado por una especie de heredado aburrimiento hacia no se sabe qué, y cansado ya de oír lo que nunca ha escuchado. No juzga el cristianismo serenamente, como lo haría un seguidor de Confucio, no lo juzga como lo haría el hinduista.

Es realmente curioso que los críticos más habituales del cristianismo no se encuentren precisamente fuera de él Cuántas personas, que se dicen cristianos, tienen unas ideas y hablan de una manera que son verdaderas contradicciones y sin sentido. Me gusta muchísimo Chestertón, sus análisis son certeros, inteligentes, racionales. Cuando era pequeña leía entusiasmada sus narraciones sobre su conocido personaje el Padre Brawn, un sacerdote católico, de apariencia ingenua con una formidable agudeza psicológica que le convierte en un formidable detective. De vez en cuando ponen películas basadas en sus narraciones. Era un hombre grande físicamente, medía 1.93 centímetros y pesaba alrededor de 134 kilos. Esto dio origen a una conocida anécdota: durante la primera guerra mundial una señora en Londres le preguntó: ¿por qué no esta “afuera en el Frente”? y el contestó: si Vd. da una vuelta hasta mi costado, podrá ver que sí lo estoy.

Y sobre todo también era “un grande” de la literatura y del pensamiento. Y un gran convertido. Me gusta esa afirmación suya: hay cosas que pueden ser irrelevantes para la proposición sobre que el cristianismo es falso, pero ninguna cosa puede ser irrelevante para la proposición sobre que el cristianismo es verdadero. Después se convirtió al cristianismo. A la idea del superhombre planteada por Nietzsche y seguida por Wells (de este último hace frecuentemente un análisis crítico) respondió con un ensayo titulado ¿Por qué creo en el cristianismo?

En El hombre eterno, que ya hemos comentado, descubrimos que la historia de la humanidad es en realidad una epopeya de salvación en la que Dios y el hombre pueden caminar juntos de la mano. Es un libro que ayuda a limpiar nuestros prejuicios llenos de mugre. Esta honda impresión le hizo a Lewis quien así lo reconoció en su autobiografía, Cautivado por la alegría: Entonces leí El hombre eterno de Chestertón y por primera vez me fue deparado contemplar un completo bosquejo cristiano de la historia, expuesto de tal modo que me resultaba pleno de sentido…Ya entonces pensaba que Chesterton era el hombre más razonable de su tiempo, “aparte de su cristianismo”. Ahora, que verdaderamente creo, pienso que el cristianismo en sí es muy razonable. Y para acabar pensemos en qué actitud vamos por la vida, taladremos la mugre de nuestros prejuicios y sentiremos que realmente somos capaces de la admiración, de la gratitud, de llenarnos de luz y de paz, ante hechos como la venida del Papa Benedicto XVI a España.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por JMS.- 24.11.10 | 14:35

    Demasiadas vueltas para expresar algo indiscutible!

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