Por Jesús David Muñoz
El 31 de octubre de 2010, la catedral de Bagdad, considerada el mayor lugar de culto de la comunidad católica de Irak, fue escenario de una masacre brutal ocasionada por el fundamentalismo islámico: 58 personas asesinadas fue el saldo de víctimas inocentes que cobró el terrorismo anticristiano ese día.
Y este es sólo uno de los muchos atropellos que los cristianos han tenido que sufrir en aquella tierra que habitan desde antes de la aparición del Islam. A esta minoría la han convertido en extranjera en su propia patria y en testimonio real y efectivo de su fe en el Crucificado.
En septiembre (http://www.zenit.org/article-36904?l=spanish) y abril (http://www.zenit.org/article-36904?l=spanish) de 2010, en Pakistán, dos niñas, de 12 y13 años respectivamente, fueron víctimas de la violencia sufriendo violaciones, y la menor de ellas fue asesinada por un grupo de musulmanes. Otra chica de 15 años, Vivian (http://www.zenit.org/article-37262?l=spanish) , fue secuestrada en Irak cuando se dirigía a casa desde la escuela. Después de varios días su cuerpo fue arrojado en la plaza de la ciudad después de haber sido violada y mutilada.
A esto se suma que tres días después de la masacre en Bagdad, un grupo denominado “Estado Islámico de Irak”, amenazó al Vaticano con provocar "mares de sangre" y señaló a los cristianos "blancos tangibles allá donde estén".
Igualmente, el 16 de noviembre (http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=31804) de 2010, unos extremistas musulmanes acribillaron a dos hombres siro-católicos en la ciudad de Mosul, después de haber penetrado violentamente en su casa.
También en Pakistán, está el caso de Asia Bibi, joven cristiana, madre de 4 hijos, que, cansada de aguantar insultos y agresiones de sus compañeras de trabajo, ha sido condenada a muerte por “blasfemia” contra Mahoma. Claro está que la ley no hace justicia sobre todos los agravios, desprecios y humillaciones constantes que Asia ha tenido que soportar por ser cristiana.
Seguramente muchos cristianos de aquellas regiones, en este tiempo de persecución y violencia, tienen en su mente aquellas palabras: «llegará la hora en que el que os mate piense que da culto a Dios» (Jn 16,2).
Es de esperar que, ante estos hechos tan tristes, se tome en serio aquel famoso discurso de Ratisbona pronunciado por Benedicto XVI, en el que se leen estas palabras: «La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma» (Benedicto XVI, Discurso en la universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006).
Es de esperar que, ante semejantes injusticias, intelectuales de todo el mundo recuerden aquellas palabras del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, sugeridas en el discurso del Papa antes mencionado: «Dios no se complace con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas...”» (citado por Benedicto XVI, Discurso en la universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006).
Es de esperar que, ante tamañas aberraciones, los terroristas fundamentalistas relean aquella sura que reza: «Ninguna constricción en las cosas de fe».
Es de esperar que los hombres y mujeres de buena voluntad exclamen: ¿Hasta cuando esta barbarie? Y no se queden con los brazos cruzados viendo morir gente inocente bajo un silencio vergonzoso, sino que escuchen la voz de sus hermanos que dicen: “Habla por mí, porque ya no tengo voz, me he cansado de gritar”.
Finalmente, es de esperar, y esto es lo que más debemos esperar, que como cristianos no olvidemos, a pesar de las circunstancias adversas y difíciles, que la medida de la justicia no es el “ojo por ojo”, sino el perdón que vino a enseñarnos Jesucristo.
Esto constituye la perla genuina y la aportación más hermosa que ha hecho el cristianismo a la humanidad: «Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos » (Mt 5,44-45).
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo