Por Carmen Pérez Rodríguez
Todos sabemos lo que es un puzle, ese rompecabezas, ese juego que consiste en componer determinada figura combinando cierto número de pedazos de madera o cartón, en cada uno de los cuales hay una parte de la figura. Hace una temporada que pienso mucho en el “puzle”, en el “rompecabezas” que nos montamos con las piezas de la vida. Cada pieza forma parte de nuestra vida.
Un amigo me pidió este verano que pensara en él al abrir la ventana. Y he pensado mucho más de lo que quizá el se cree. Pero hoy va en directo para él. ¿Cómo se va vivir sin un horizonte positivo de la realidad, sin saber qué figura está montando, sin pensamientos positivos, que dicen los conocedores de la naturaleza humana? ¿Cómo se va a vivir sin darle sentido a lo que es la vida, a lo que nos ocurre? ¿Cómo se a vivir sin estar convencido que existe la fuerza del Bien, de la Verdad, de la Belleza? Y desde esa luz las piezas. ¿Qué vida es la que no se alimenta de pensamientos positivos, de experiencias que confortan, de testigos que comunican el verdadero valor de los sufrimientos, de las alegrías, de lo que sientes que realmente merece la pena? Ya lo he nombrado muchas veces, el médico y psiquiatra vienés, Viktor Frankl, que sobrevivió a tres años de internamiento en los campos de concentración nazis de Auschwitz y Dachau, centraba toda su experiencia en la necesidad de encontrar un sentido a la vida, porque nuestra manera de ser es precisamente encontrar un significado a nuestra existencia. Y aquí está el “quid”, ¿Qué puzle, que rompecabezas montamos cada uno? Y este es el gran escollo o el gran horizonte.
Le digo a mi amigo que le deseo una “bomba en su interior” para que le deshaga el puzle que se ha hecho con todos los componentes de la vida, y que lo rehaga a la luz de las razones que realmente tienen consistencia y corresponden con lo que es su naturaleza. Es imposible montar el puzle sin pensamientos positivos, sin un horizonte, sin una “figura” que da forma y sentido a todo, y desde la que se colocan todas las piezas del rompecabezas que puede parecer la vida.
Dice Luis Rojas Marcos que un buen método para medir el pensamiento positivo de las personas es evaluar su perspectiva desde los tres contextos del tiempo. Y no hablamos de nada extraño, ni teórico, el tiempo es mi presente, mi pasado, mi futuro. El tiempo es con palabras de S. Agustin presente, o sea “atención”, pasado, o sea “memoria”, y futuro o sea “esperanza”. Pues estos tres contextos del tiempo nos sirven para evaluar si nuestro pensamiento es o no positivo. Sencillamente ¿qué valoración hacemos de nuestras experiencias del pasado? ¿Qué explicaciones damos a los sucesos que nos afectan en el presente? ¿Qué nivel de esperanza albergamos de cara al futuro?
Las imágenes que elegimos en estas tres preguntas nos explican “nuestra” forma de sentir y vivir el ayer, el aquí y el ahora, y presentir el mañana. Porque esto supone que cada uno de nosotros nos enfrentemos realmente con nosotros mismos a través de la valoración que hacemos de nuestro pasado. Las experiencias pasadas pueden habernos preparado para los retos presentes, pueden servirnos de estimulo y superación. ¿Todo ha sido negativo? ¿O veo lo que he podido aprender, superar, vivir, lo que me ha servido lo que he vivido? ¿Qué respuesta he dado yo a lo que me ha acontecido?
Desde una vida que va claramente por un camino lleno de sentido, es fácil. Y ¿cuando las experiencias, los hechos han sido tremendamente duros? He recibido el gran regalo en mi vida de conocer personas que han hecho, incluso de un pasado de infierno, una auténtica redención, un auténtico “volver a nacer”. Por ejemplo pienso en Tim Guenard, ¡menudas piezas las de puzle de su vida¡ Un bebé abandonado por su madre, un niño maltratado por su padre, un adolescente violado en las calles de París. Su objetivo matar a su padre a puñetazos. Su odio y su coraza contra el dolor le convierten en campeón de boxeo y líder de una banda. Se asfixia en su rencor. Pero descubre el amor de Dios Padre. Y ¡menudo lo que ha montado con esas piezas¡ Lo pueden ver en su autobiografía: Más fuerte que el odio. Como escapar de un destino fatal y convertirse en un hombre feliz a pesar de la desgracia. Tim Guenard Ed. Gedisa. “El hombre es libre de alterar por completo su destino para lo mejor o para lo peor. Yo, hijo de alcohólico, niño abandonado, he hecho errar el golpe a la fatalidad. He hecho mentir a la genética. Ese es mi orgullo”.
La verdad es que en el ejemplo que he puesto, se ve el pasado, el presente y el futuro. Para el presente creo que nos va muy bien ese dicho popular: cuando señales con el dedo recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti. Háganlo con su mano. No se puede ir por la vida señalando siempre fuera, apuntando con el dedo a todo y a todos. . Mirar el presente de manera déspota, intransigente, negativa. Esto desde luego no tiene nada ni de pensamiento positivo, ni de horizonte de esperanza. Es muy, pero que muy importante lo que dice Jesucristo el que esté sin pecado que tire la primera piedra. Ciertamente con relación al futuro la esperanza es la esencia del pensamiento positivo. Con frecuencia la raíz más profunda del sufrimiento y de la falta de sentido, es precisamente la ausencia de Dios. Pero no lo vemos al colocar las piezas de nuestro puzle.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo