En cristiano

El enfoque y el punto de mira

18.11.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Hoy sólo es gozar, contemplar, sentir.

Tuve un profesor de Estética con el que disfruté mucho y lo sigo recordando llena de gratitud y admiración. Enseñaba a mirar, a disfrutar, a sentir hasta la belleza del ladrillo, del hierro, de los materiales más diversos. O a ver desde distintos enfoques y puntos de mira la misma obra de arte. Iba a poner ejemplos pero me iría muy lejos, me enrollaría y perdería el enfoque de hoy, el punto de mira. El enfoque: hacer que la imagen de un objeto se recoja con claridad sobre un plano, o un objeto determinado; dirigir la atención, el interés hacia un punto muy concreto. Ya se que a pesar del enfoque los puntos de mira pueden ser completamente distintos. Me viene la película “En el punto de mira”, ocho desconocidos, con ocho puntos de vista diferentes sobre los mismos hechos
No se si Vds. han hecho esta experiencia: enfocar algo y verlo desde un punto de mira. Por ejemplo entramos en una Iglesia gótica y la vemos desde las vidrieras, sentimos su belleza desde esa interioridad luminosa que producen las vidrieras. Un día lo comentábamos. La vidriera toda una alegoría para vivir nuestra vida interior. Desde el exterior es opaca y apagada, contemplada desde el interior recoge el sol y se adorna de cien matices.

Mi enfoque y mi punto de mira hoy es la fiesta que los católicos celebramos al acabar el año litúrgico: la fiesta de Cristo Rey del Universo. Y ya lo hemos hecho más veces: nos centramos en el magnífico retablo de la catedral de Toledo. Es un retablo gótico florido, de las últimas manifestaciones de este arte que desaparecía para dar paso al Renacimiento. Todo el magnífico retablo visto desde una de sus escenas, la que está debajo de la Venida del Espíritu Santo, para nosotros como Cristo, rey del universo. Todos su importante estatuaria, sus calles con los misterios de la vida de Cristo, la figura sedente de la Virgen con el Niño, el Sagrario, la Custodio gótica tallada en madera, y su magnífica y delicada filigrana de pilarcillos, agujas, doseletes y chambranas, desde nuestro punto de mira: Cristo rey de universo.

Y, sin perder de vista lo que hemos dicho del retablo, escuchamos a Pierre Teilhard de Chardin en su Himno del universo: yo quisiera ser, Señor, con mi modesta aportación, el apóstol y (si así puedo decirlo) el evangelista de tu Cristo en el Universo. Para adueñarte de mi, Dios mío, Tu, que estás más lejos que todo y eres más profundo que todo, te apoderas y combinas la inmensidad del mundo y la intimidad de mi mismo. Cristo Rey del universo, de todo el universo y de nuestro universo interior.
Para los que hemos leído a Teilhard de Chardin lo sentimos apóstol y evangelista de Cristo en el universo. Con él se conmueve uno por la universalidad de la atracción divina y por el valor que ha querido del obrar humano. La fiesta de Cristo Rey de universo nos invita a sentir que toda perfección viene de El, que no destruye los seres a quienes ha adoptado sino que, si nos adentramos en la corriente de su amor, nos transforma, conservando todo lo que siglos enteros de creación han elaborado. No hay ni un átomo, por insignificante y vicioso que sea, que no deba cooperar, al menos mediante su repulsa o su reflejo, al perfeccionamiento de Jesucristo. Solo el pecado queda excluido. A Cristo rey del universo se le ama como una Persona y se impone como un Mundo.

En las manos de Cristo Rey del Universo hay un amor tan grande que reconforta en todo momento, en todo dolor, incluso hasta al abandonar esta vida. Sus manos han vivificado el pan, el Pan de la Eucaristía, han bendecido y acariciado a los niños pequeños, han estado cerca de los que sufrían, incluso de los que le traicionaban. Esas manos que son como las nuestras, esas manos de niño, de adolescente, de hombre. Sus manos no harán otra cosa que abrazarnos hasta la médula. En esas manos por las que circula un amor tan grande, que nos recrean a pesar de nuestras caídas.

Hoy, al vivir la fiesta de Cristo Rey del Universo, sentimos la belleza. Sí del Retablo de la Capilla mayor de la Catedral de Toledo. Y de toda la belleza que, en sus creaciones, han querido expresar los artistas a lo largo de lo siglos. Con ellas nos transmiten algo de la inmensidad de todo lo que el Señor vivió en su vida terrena, Resurrección, Ascensión, Venida de su Espíritu. Y por todo ello, de su Presencia como Rey del Universo que trabaja por medio de todo lo que existe. Es verdad que toda esta enorme, e inaudita potencia vivificante, que toda la grandeza de Cristo Rey del Universo, tropieza con nuestra libertad, con nuestros desvíos, y falta de fe. Pero, como dice Teilhard, si yo me convierto, gracias a mi consentimiento, en parcela viviente del cuerpo de Cristo, todo cuanto influye en mí sirve, finalmente, para desarrollar a Cristo. Cristo me invade a mí y a mi cosmos. Oh Señor, así lo deseo. Que mi aceptación sea cada vez más completa, más amplia, más intensa. Que mi ser se presente cada vez más abierto, mas transparente a tu influencia. Y que de esa manera sienta tu acción cada vez más cercana, Tú presencia más densa, por todas partes a mí alrededor.

La fiesta de Cristo Rey del Universo es una fiesta que transfigura la realidad y transforma nuestra conciencia humana en un estupor y asombro ante el misterio divino.


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