Por Carmen Pérez Rodríguez
Lo auténtico es lo que está acreditado de cierto y positivo por los caracteres, requisitos o circunstancias que en ello concurren. Por ejemplo: un Vega Sicilia. Si hay una bodega casi mítica en España es Vega Sicilia, ahí esta su certificado de origen.
Pero, no es propaganda lo que quiero hacer, lo que nos importa es lo auténtico en el hombre, como se expresa en la coloquial afirmación que se dice con respeto y admiración: “fíate de él es un tío muy auténtico”. Muy auténtico significa aquí que es honrado, fiel a su condición y convicciones; que su identidad y verdad son manifiestas. Estamos con nuestro “sí mismo personal”, con la interioridad, con la fuerza de la persona, con su ser. El hombre en conformidad con su identidad íntima y esencial. Lo que proporciona realmente autoestima.
Puede ocurrir que la manera con que nos tratan los demás sea un reflejo de cómo nos vemos, nos sentimos y nos tratamos a nosotros mismos. La conocidísima sentencia psicológica: proyectamos fuera lo que llevamos dentro. Todo depende del “cristalino” con que se mira. El cristalino, la lente biconvexa, situado detrás de la pupila del ojo. O lo de Ortega, no se ve con los ojos sino a través de ellos. Cuando una persona siente su interioridad, se acepta, hace pie en sí misma, los demás lo perciben de inmediato.
¿Cómo y cuando se vive realmente lo auténtico? ¿Cuándo no se echa a perder lo auténtico en el ser humano? Cuando se vive desde la honradez, desde la veracidad de uno consigo mismo, en las relaciones, y en el trabajo. Cuando uno es capaz de la amistad, que expresa la gratuidad y generosidad en las relaciones humanas. Porque con la amistad no se quiere alcanzar nada del amigo, tampoco se le quiere empujar a nada. Ante él se abandonan las defensas y uno se abre a todo lo rico que puede influirnos de él. Cuando se es auténtico se reconoce la realidad, las circunstancias, se está con un corazón limpio, con verdad, con limpieza de la voluntad en obrar, con limpieza de intenciones. Una persona auténtica no va con segundas intenciones, ni con cicateras interpretaciones, entiende lo que da valor al ser humano, a las relaciones, al trabajo, que en realidad es el servicio que se hace a los demás.
La autenticidad plena del hombre sólo puede verse desde su condición de ser creado por Dios, y redimido por Jesucristo. Sólo puede verse desde la vocación y misión a la que ha sido llamado y por la que su vida tiene sentido. Ante el desconcierto entre los deberes y derechos, la libertad y responsabilidad de cada uno en sus acciones, ante las mal llamadas leyes uno se formula la eterna pregunta: ¿Qué es el ser hombre? ¿Qué es lo que hace al hombre realmente auténtico? ¿Y a mí, en concreto, que es lo que me hace realmente auténtico, con mi certificado de origen?
Y siempre me viene a la mente el salmo 8. Qué vivencias, que sentimientos tan auténticos los que nos expresa el salmista: Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. Qué es el hombre para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder. Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies. Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, todo lo sometiste bajo sus pies.
La doble experiencia que siente el autor ante la eterna pregunta: ¿Qué es el hombre?
El hombre capaz de sentir la inmensidad del cielo, y que se siente como un granito de arena en la infinidad de los espacios ilimitados de la grandeza, de la sabiduría que se revela en el universo que lo envuelve.
Y el horizonte de su poder, de su capacidad de admirar, crear, interpretar, investigar, conocer, transformar. Es un hecho que una de las paradojas más hondas de la vida es que el hombre cuanto más plenamente llega a ser él mismo menos piensa en sí mismo
El hombre es auténtico cuando se abre a Dios, cuando es permeable a Dios, cuando es la puerta por donde irrumpe en el mundo el poder de Dios y puede establecer verdad, orden y paz. Es significativo que grandes conocedores del ser humano se hayan entusiasmado con la persona de Francisco de Asís para expresar la riqueza del si mismo personal, la plenitud la persona, la sensibilidad para la bello, lo grande, lo noble, las relaciones con los demás. S. Francisco, el auténtico, abierto a Dios de tal manera que, a través de él, dejaba pasar la bondad. Toda auténtica bondad es un río sano y fuerte que viene de Dios, pasa por el hombre sincero, limpio de corazón e inunda a los demás y vuelve a Dios.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo