En cristiano

Hacer las paces con el pasado

11.11.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Perez Rodríguez

En un zoológico había un hipopótamo. A los niños les encantaba echarle para comer y ver como abría su enorme bocaza se tragaba todo, lo engullía. Comes como un hipopótamo, decimos. Un día el hipopótamo se enfermó y fue empeorando hasta que murió. Al hacerle la autopsia encontraron en su estomago toda clase de cosas de lo más inverosímiles: botones, ruedas de monopatín, tornillos, botones. El pobre hipopótamo se había tragado cantidad de cosas que le habían echado muchos inconscientes, o desde luego no buenas personas.

No se puede uno “tragar” y dejar dentro lo que es nocivo para la salud, corporal y psíquica. No se puede zanjar la cuestión y dejar que todo se quede dentro. Eso mata y malogra la paz interior, la propia autoestima. Evidentemente, no es esto de ninguna manera hacer “las paces con el pasado”. No es este tragar y quedarse con todo dentro, sin resolver, lo que realmente es “hacer las paces con el pasado”, con nuestra propia historia. No se puede hacer así como así “borrón y cuenta nueva”, “hacemos las cuentas y en paz”. Las personas no somos cosas que se quitan y ponen, suman, restan, multiplican o dividen. Tampoco es el: no, no, si yo perdono pero no olvido. Se acabó, estamos en paz. No se consigue, ni se siente ni se vive así la paz, la veracidad de uno mismo.

No se puede hacer las paces con el pasado sin una seria introspección. Porque en la paz con nuestro propio pasado, en su aceptación sincera, humilde y confiada, está la raíz de nuestra autoestima. Necesitamos vitalmente el reconocimiento veraz, sereno y confiado de nuestra historia personal, con sus luces y sombras, con sus aciertos y errores, con sus carencias y logros, con sus adversidades y gozos. Lo que se llama la aceptación de sí. Este juicio de aceptación produce nuestra seguridad interior, nuestra “autoestima”, y significa que realmente estoy en disposición de decidir sobre mí.
En la mejor oración que todo el mundo puede rezar, en la que se vive la relación con Dios como Padre, así se comienza, pedimos que nos perdone así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.. No es sano para uno mismo eso que se dice con frecuencia: tengo memoria. Pero lo único que tienen es rencor. ¿No será que no sabemos perdonar porque no nos aceptamos a nosotros mismos, porque no hemos hecho la paz con nosotros mismos, porque no hacemos las paces con nuestro pasado? Nos hacemos incapaces de sentir lo bueno, de experimentar, en esa memoria, gratitud. Algo sin lo que no se puede vivir. En la raíz de todo esta la que dijo Jesucristo: mira primero la viga que hay en tu ojo, mira primero tu interior, de donde sale todo.

Hoy se alza la autoestima como un factor decisivo a todas horas, para superar dificultades y luchar contra la adversidad. Y desde luego también a la hora de las relaciones humanas, tanto para saber recibir y reconocer, como para dar, para pedir perdón y saber hacer las paces con el pasado. Pero ¿una autoestima saludable no es el andar en verdad, esa humildad, que dice Sta. Teresa? La violencia más horrible para el ser humano es que se destroce su conciencia de verdad. No se puede huir de si mismo, de la propia veracidad sin que esto pase la más tremenda y desorbitada factura. En la lealtad a lo que es la verdad se apoya toda nuestra vida. La verdad no sólo se dice, también se actúa.

Aunque no seamos conscientes de ello, nuestras experiencias anteriores están en nosotros. Y las personas que andan en verdad están en paz con su pasado y consigo mismas ¿Qué significa hacer las paces con el pasado? Hacer de las experiencias pasadas un horizonte que prepara para vivir de manera veraz y justa. Somos consecuencia de lo que hemos ido haciendo nuestro, de cómo hemos ido viviendo lo favorable y lo desfavorable. Todo puede convertirse en un bien del que podemos aprender. Cuantas veces una adversidad es un megáfono que nos hace oír lo que no habíamos sabido reconocer antes.

El Evangelio nos pone cantidad de experiencias. En realidad todos los que se encuentran con Jesucristo hacen las paces con el pasado y renacen a la vida, sea Mateo, Zaqueo, la Samaritana, Pablo, el incrédulo Tomás. La historia de los convertidos es esa: hacer las paces con su pasado y volver a nacer. Todas las experiencias nos preparan para superar los retos y reveses presentes. Esto es la conversión. Una experiencia muy concreta es la negación de Pedro y la manifestación de amor.

Te gusta un corazón sincero y en mi interior me inculcas la sabiduría. Es un auténtico ejercicio de hacer pie en uno mismo, de la verdadera autoestima, del verdadero horizonte de la vida, saborear el salmo 50. Crea en mi corazón nuevo. Hacer las paces con el pasado es reconocerse y abrir el corazón. Hacer las paces, así, con el pasado es una nueva creación.

Los católicos a este hacer las paces con el pasado lo llamamos en realidad sacramento de la penitencia. Por eso se comprende tan bien la alegría del final del famoso salmo 50, el Miserere que tanto ha inspirado a artistas, sean literatos y músicos. Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Devuélveme la alegría de la salvación, afiánzame con espíritu generoso. Cantará mi lengua tu justicia. Señor me abrirás los labios y me lengua proclamará tu alabanza.


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