En cristiano

No os dejaré huérfanos

04.11.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

¿Qué les podemos responder a los que nos dicen que la economía, las máquinas de calcular, rigen con más exactitud al mundo que el amor, la bondad, la fidelidad, o la ambición, el interés, la envidia? Si confiamos en las promesas de Cristo es fácil sentir lo que podemos responder: después de todo fue El quien dijo: no os dejaré huérfanos. Y es fiel, cumple sus promesas.

¿Hay algo más grande que nos pueda decir Dios a cada uno de nosotros que: no os dejaré huérfanos? Simplemente vivir así como un niño con su padre, caminar así por la vida. Jesucristo expresa de manera divina la fidelidad de Dios que hizo algo incomprensible para el que no se abra al misterio del Dios amor y Dios bondad: tomar sobre sí mismo la responsabilidad por la culpa del hombre, entrar en la historia mediante la encarnación y recibir de ella un destino.

Estoy convencida de que al hombre solo se le conoce si se le ve desde Dios desde el comienzo de la historia. Dios creó las cosas mandándolas existir, y creó al hombre llamándole por su nombre a la existencia. Es confortador de lo más ese comienzo de la Biblia: creó Dios al ser humano a imagen suya…Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. Siempre lo digo: veo ahí toda la historia de las ciencias y de las artes, toda la historia de la “capacidad” humana. Esa frase de un pensador, Max Scheler: el singular puesto del hombre en el cosmos que transforma el medio en mundo.

En el año 2010 un hecho ha centrado durante 69 días nuestra atención. La humanidad y la técnica, la fraternidad y la ciencia fundidos. Esto ha sido el inédito y emocionante rescate de los 33 hombres atrapados en una mina chilena. Toda la capacidad humana al servicio de lo mejor. Claro que este tipo de hechos nos gusta a todos. Todos hemos vivido, con lo más profundo de nuestra humanidad, el rescate de los 33 mineros atrapados en la mina de S. José a una profundidad de más de 600 metros. Y hemos sufrido, gozado, nos hemos admirado. Y hemos aprendido, para muestra un botón. Ahí esta la afirmación de Mario Sepúlveda que relató su experiencia en una breve frase: estuve con Dios y estuve con el diablo; me pelearon. Y ganó Dios, porque me agarré de la mejor mano. Se agarró a la mano de su Padre.

Y no cojamos el rábano por las hojas, pensando que, cuando las cosas no salen bien según nuestras medidas, Dios nos deja huérfanos. De lo que se trata es de cómo vivimos nuestra relación con Dios de hecho y en cada momento. Toda la historia de la humanidad se puede vivir como la historia de la Promesa, eso es la fe. Por ejemplo la historia de Abraham y Sara es uno de los relatos más fascinantes de la Biblia. La fe de Abraham en Dios es el ejemplo que Pabló emplea. Abraham y Sara muestran cómo Dios es fiel y nos dan ejemplo de cómo podemos confiar en Dios y ser recompensada nuestra fe.

No os dejaré huérfanos. Dios cumple sus promesas en cada uno de nosotros porque es fiel. Sería terrible estar en manos de un Dios que no mantuviera su fidelidad a su obra a pesar de todo. Una y otra vez surge la rebelión del hombre, como ocurre con el hijo que se enajena o que se ha metido en el mundo de la droga, de la prostitución, del vicio. La fidelidad de Dios se palpa precisamente en la historia de la libertad del hombre, del abuso de esa libertad, de su sublevación. Vuelve a surgir siempre, una vez y otra, cada uno lo sabe en su historia o en la de los seres queridos, la rebelión. Pero siempre podemos sentir que Dios es fiel y en concreto las palabras de Jesucristo: no os dejaré huérfanos.

De Dios viene la fidelidad al mundo. Podemos ser fieles sólo porque El es fiel y porque nos ha creado como imágenes y semejanzas suyas para la fidelidad. Es un hecho que toda nuestra vida descansa en la fidelidad. Hemos podido comprobar y ver que la fidelidad supera dificultades, sacrificios, transformaciones, daños y peligros. Pero para todo ello hemos de sentirnos hijos, no huérfanos, agarrados como el minero de su mano. Estuvimos con Dios y estuvimos con el diablo; nos pelearon. Y ganó Dios porque nos agarramos de la mejor mano.

Nosotros elegimos como vivir. El nos lo ha dicho: nos os dejaré huérfanos. Aunque nos olvidemos de El, El no se olvida de nosotros. Aunque no nos sintamos hijos, El siempre se siente y es nuestro Padre. Vivamos convencidos de que Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro auxilio en las tribulaciones. ¿Hay algo que sea imposible para Dios? ¿Hay alguna situación en la que El no pueda ser mi Padre? ¿Hay alguna situación en la que no pueda agarrarme de Su mano? ¿Qué es lo que me hunde, angustia, me roba la paz, en lo que Dios no pueda ayudarme, y en lo que no pueda sentirme hijo? ¿Qué problema, dolor, dificultad experimento que pueda ser más grande que Dios mismo? El único y verdadero problema, el gran obstáculo, es mi falta de fe, mi desconfianza. Después de todo, fue El quien dijo: no os dejaré huérfanos. Y sus palabras y hechos son bien claros.


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