En cristiano

El perfume que tiene el alma

03.11.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez

Me gustó este pensamiento de Gilbert Cesbrón: nadie sabe qué olor tiene para su perro. Sólo sabe que, diez años más tarde y de noche, disfrazado, herido, hecho un guiñapo, su perro le reconocerá entre todos los demás hombres…Tampoco sabe nadie el perfume que tiene su alma para Dios.
Con el realismo con el escribe Cesbrón me parece formidable lo que puede despertar en nosotros. ¿Hemos pensado alguna vez el perfume que tenemos para Dios?

A un hombre, diez años más tarde, disfrazado, herido hecho un guiñapo, su perro lo reconoce. ¿Cómo será el reconocimiento que Dios tiene de cada uno de nosotros, estemos como estemos, y seamos como seamos? Realmente, ¿quién sabe el perfume que tiene su alma para Dios? Son realidades que nos pueden hacer mucho bien, y es muy importante sentir dentro lo que de verdad nos hace bien, lo que nos produce como una anchura interior, una libertad, una confianza, un abrirnos a lo que nos trasciende, a lo que no podemos medir, contar, encasillar. Vivir con el ánimo que se atreve al futuro, con confianza de que todo acontece ante la mirada de Dios. Nadie sabe el perfume que tiene su alma para Dios. ¿Probamos a decírnoslo en nuestro interior?...He sentido que desde esta mirada, desde este reconocer que no sé el perfume que tiene mi alma para Dios, me abro al enorme misterio que es la felicidad y el sufrimiento, la vida y la muerte.

¿Es la muerte nuestro único destino? La gran pregunta. Nunca podremos negar nuestra condición mortal. Es un hecho, como la enfermedad, el sufrimiento. El sucederse de los años, los días, los minutos está en conflicto con nuestra ansía de permanencia y con el temor de ser separados de los que amamos. Nos podemos identificar con el autor del salmo 90 que dice se gana sabiduría al ser consciente de la propia mortalidad: Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sabiduría en nuestro corazón. El duelo, dice Lewis, forma parte integral y universal de la experiencia del amor. Es una continuación del matrimonio de la misma manera que el matrimonio es una continuación del noviazgo o que el otoño es una continuidad del verano.

Un amigo, del que hablo frecuentemente, me ha mandado un discurso de Benedicto XVI sobre el Réquiem de Mozart: La muerte, una “llave” para atravesar la puerta hacia la felicidad.

Cada vez que Benedicto XVI escucha la música de Mozart, como lo cuenta el mismo en este discurso, no puede dejar de volver con la memoria a su Iglesia parroquial, cuando era un muchacho. Y recuerda cómo en los días de fiesta resonaba una de las misas de Mozart. Son sus mismas palabras: En el corazón sentía que me alcanzaba un rayo de la belleza del cielo, y esta sensación sigo experimentándola escuchando esta gran meditación dramática y serena, sobre la muerte. En Mozart todo está en perfecta armonía, cada nota, nada frase musical Es un don de la gracia de Dios pero es también el fruto de la fe viva de Mozart, la respuesta luminosa del Amor divino que da esperanza incluso cuando la vida humana es lacerada por el sufrimiento y la muerte. ¿No nos hace sentir todo esto algo del perfume que tiene nuestra alma para Dios?

Recordaba en el discurso que Mozart en su última carta escrita al padre moribundo, fechada el 4 de abril de 1787, escribía hablando precisamente de la etapa final de la vida sobre la tierra: "...¡desde hace algún año he alcanzado tanta familiaridad con esta amiga sincera y sumamente querida del hombre, [la muerte], que su imagen ya no sólo no tiene nada de aterrador, sino que me parece incluso muy tranquilizante y consoladora! Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en ella la clave de nuestra felicidad. No me acuesto nunca sin pensar que al día siguiente quizá ya no estaré. Y sin embargo nadie que me conozca podrá decir que en compañía yo sea triste o de mal humor. Y por esta suerte doy las gracias cada día a mi Creador y lo deseo de todo corazón a cada uno de mis semejantes".

Y el Papa comenta: este escrito manifiesta una fe profunda y sencilla, que aparece también en la gran oración del Réquiem, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente las vicisitudes de la vida terrena como dones de Dios y a elevarnos por encima de ellas, contemplando serenamente la muerte como una "llave" para atravesar la puerta hacia la felicidad. El Réquiem de Mozart es una elevada expresión de fe, que reconoce el carácter trágico de la existencia humana y que no oculta sus aspectos dramáticos, y por este motivo es una expresión de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del hombre está iluminada por el amor de Dios.

No me digan que con hechos concretos no nos abren el Papa y Mozart al misterio y a la realidad de la vida y de la muerte. Pues tanto Benedicto XVI como el autor del Requiem nos hacen gozar, sentir, sonreír ante la expresión de Gilbert Cesbrón: nadie sabe qué olor tiene para su perro. Sólo sabe que, diez años más tarde y de noche, disfrazado, herido, hecho un guiñapo, su perro le reconocerá entre todos los demás hombres…Tampoco sabe nadie el perfume que tiene su alma para Dios. Claro, todos estamos pensando en el perfume que nuestra alma tendrá para Dios el día que nos encontremos con El. Al Dios que hemos llamado Padre nuestro, tantas y tantas veces en la vida a pesar de los hijos que seamos.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 29 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Junio 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930   

    Sindicación