En cristiano

Certezas que no dependen de métodos científicos

03.11.10 | 14:07. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Es un diálogo auténtico en una clase sobre las certezas de cada uno y en el que se arrancó de ejemplos de diferentes certezas aceptadas por todos: Son ciertas y comprobables las leyes de Newton. Lógico. ¿Es cierto que dos y dos son cuatro? Sí pero no te olvides de decir que en un sistema de base 10. Son ciertos los hechos históricos. Si pero tienen distinta lectura. Las estadísticas tienen también una cierta certeza. Hay certeza en …No voy a seguir. Pero por este camino se llegó a la realidad y a la necesidad de certezas acerca de cuestiones esenciales de la existencia que no dependen de métodos científicos de la índole que sean. Certezas por ejemplo que dependen de la confianza que sabemos que podemos tener en la palabra de una persona que nos quiere.

Claro en este tema casi siempre sale a relucir la postura de Pascal. El dijo admirablemente que existe el espíritu de geometría para conocer todo las cosas del cuerpo. El espíritu de delicadeza para conocer las cosas del corazón y el espíritu de profecía para conocer las realidades últimas del destino humano. Creo que todos estamos de acuerdo que con los medios de la ciencia jamás se alcanzan las certezas del corazón, las certezas existenciales de las consecuencias de la vida y de la muerte, de la alegría y del sufrimiento, de la confianza y de la desconfianza, de la fe y de la carencia de ella, de la esperanza o de lo absurdo. No se si sintetizarlo en todo lo referente al destino humano.

Insisto, es evidente que con los medios de la ciencia jamás se alcanzarán las certezas del corazón, ni las realidades últimas del destino humano. La persona humana en toda su interioridad y riqueza, en sus preguntas en torno a su destino, a su realidad, es un abismo inaccesible a la investigación científica. La postura de algunas ideologías es la de que el hombre ya domina toda la naturaleza, en la que está incluida la suya propia que es sencillamente materia como todo, y no tiene por qué temer; en consecuencia, no hay Dios. Es una pobrísima y precaria deducción. Reprimir la conciencia de la responsabilidad, negar la libertad, es perder completamente la carta del destino del hombre. Nuestra vida personal nos presenta continuos interrogantes. A los que solo podemos contestar si asumimos nuestra vida con responsabilidad. Nuestra respuesta es activa, personal e intransferible en cada momento. Esta es una certeza auténtica e inalienable. No se puede obviar, rehuir, quitar de en medio. Ni se puede transmitir a otro.

El pensador Max Scheler ha dicho como hemos comentado alguna vez, que el secreto es lo propio de las personas y solamente en ese intercambio llamado amor, dando a esta palabra su más alto sentido, su voluntad de comunicarse con otro, podemos penetrar en el secreto, en la intimidad de otro ser. Todo esto nos habla de certezas absolutamente válidas. Lo que ocurre con la persona que necesita abrirse a lo que acontece en ella como es el abismo propio que se abre en su relación con Dios. Seria absurdo que pudiéramos descubrir todo esto tras una demostración matemática o una exploración cósmica.

No podemos descubrir a Dios sino en la medida en que Dios se comunica en la Revelación que tiene su fuente en el amor; y es este un modo de acceso a la verdad suprema, absolutamente válida dentro de todo el rigor de la inteligencia (Jena Daniélou) Los testimonios de muchos científicos, ante la inmensidad de lo que es la creación, están expresados de manera que nos llegan a todos. Sienten que Dios es grande en su poder, en su infinita sabiduría y quieren anunciarlo en la medida de lo que su inteligencia puede comprender.

La fe, dijo ya Pablo VI, aparece no ya en las fronteras de la ciencia, sino en el corazón mismo del hombre científico a través del descubrimiento que hace del universo que su ciencia le da a conocer. Ellos así lo han expresado. A partir de su mundo descubren una senda para remontarse a Dios. Un universo al que se descubre mediante la ciencia, tan amasado de inteligibilidad ¿cómo no va ser producto de una Inteligencia? Donde existe lo inteligible existe la inteligencia. Si viven en íntimo contacto con el orden más consumado ¿no se van a sentir estimulados a las aspiraciones más sublimes? Los que están comprometidos seriamente con el cultivo de la ciencia están convencidos de que en las leyes del universo está manifiesto un Espíritu infinitamente superior al hombre, y ante El cual nosotros con nuestros poderes debemos sentirnos humildes y agradecidos. .Cómo no va a ser grande e inefable el gozo de ver a quien en todo su quehacer sólo han podido vislumbrar?

Nuestras certezas fundamentales no dependen de métodos científicos. Por eso los hombres de ciencia y los que tienen poder, no pueden dejar de lado estas certezas del destino final del hombre. Son cada vez más responsables de lo que la ciencia puede ayudar a la humanidad o prostituirla.


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