Por Carmen Pérez Rodríguez
Es un hecho evidente que los seres humanos nos encontramos viviendo a una altura determinada: en cierto nivel histórico. Nuestra vida está hecha de “nuestro tiempo”, de la vivencia del tiempo. El tigre, como dice Ortega y Gasset, es siempre un “primer tigre” que estrena el ser tigre, el hombre no estrena su humanidad, acumulamos en nosotros la historia, somos herederos de experiencias pasadas y de nuestro propio suceder. La vida de los hombres es en si misma historia.
La historicidad pertenece esencialmente a la vida de cada uno de nosotros. Para comprender algo humano, personal o colectivo es preciso contar una historia. Este hombre, esa nación hace tal cosa y es así porque antes hizo tal cosa y fue de tal modo. Nosotros vamos dando significado a nuestras elecciones, acciones, tareas, transformamos el tiempo de nuestra vida en historia. Nuestra vida es un acontecer que se va narrando, es historia.
Me viene ahora una película que me gustó: A propósito de Henry. Un abogado rico, de éxito y prestigio baja una noche a comprar tabaco en un supermercado. Un atracador le dispara. A consecuencia de las heridas el cerebro de Henry queda gravemente dañado y tiene que aprender a hablar, andar, leer….sin recordar nada de su vida anterior. Su rehabilitación se convierte en un nuevo comienzo en todos los sentidos. Gracias al modo de ser y el sentido de la vida de su fisioterapeuta, de su mujer y de su hija logra recuperar su memoria. Gracias a ese nuevo comienzo Henry valorar mucho más todas y las cosas y realmente aprende. Tiene conciencia de lo que hizo, de lo pobremente que vivía antes –el abogado rico, lleno de éxito y prestigio- y desde ahí asume su vida de manera nueva. Nosotros vamos dando significado a nuestras elecciones, acciones, tareas, transformamos el tiempo de nuestra vida en historia. Nuestra vida es un acontecer que se va narrando, es historia.
¿Se da esta realidad en la fe cristiana? ¿Es el cristianismo un hecho histórico? ¿Podemos alcanzar alguna certeza sobre la figura de Jesús de Nazaret? Es radicalmente necesario descubrirlo, vivirlo, verlo. Encontrarnos con nuestra propia historia. Vivir de manera consciente lo que todos los días decimos: fecha del año en que vivimos, de los años que cumplimos siempre “después de Cristo”
Consecuencia de muy buenas conversaciones con un amigo, me regaló un libro: Los orígenes históricos del cristianismo de José Miguel García (editorial encuentro). Fue en un momento muy oportuno porque me ayudó mucho en mi peregrinación a Tierra Santa, Tras las huellas de Cristo. Y la guinda del pastel fue ya tener como guía, en este caminar tras las huellas de Cristo, al autor del libro.
El libro intenta responder, como dice el mismo autor, a la pregunta que todos los años plantea a sus alumnos en la universidad ¿Qué es el cristianismo? Lo ha escrito teniendo en su mente y en su corazón, sobre todo, a esos universitarios con los que se encuentra cada año en las clases, pero todos estamos siempre aprendiendo. En él quiere dar una respuesta que valga tanto para el cristiano como para el ateo o agnóstico. Estudia fuentes paganas y judías y sobre todo las cristianas que son, evidentemente, las que ofrecen una información más extensa sobre el cristianismo y sus orígenes. Parte de lo que el cristianismo dice sí mismo y quiere ser fiel a lo que se expresa en los primitivos escritos cristianos. El objetivo del libro es responder a la pregunta sobre quién fue Jesús de Nazaret, saber quién fue el judío Jesús de Nazaret que está en el origen del cristianismo, conocer lo que El decía de sí mismo y conocer la primera difusión del cristianismo en Palestina y su posterior propagación inicial en Asia Menor y Europa.
Algo elemental: ser conscientes del acontecimiento histórico que es Cristo. Creemos que nos lo sabemos, pero “nadie aprende aquello que cree ya saber”. Y esto es una de las afirmaciones que tiene que estar siempre en nuestra conciencia y en nuestra vida diaria. La separación radical, incluso la oposición que establecen muchos entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe es sencillamente nefasta. Pierde todo el sentido. Si no ocurrió todo lo que ocurrió ¿en quién creemos?, ¿en qué cosas creemos? Es un hecho histórico lo que se dice de la encarnación, es un hecho histórico el nacimiento de Jesús, hijo de Dios. Son hechos históricos los acontecimientos que nos narran los Evangelios. Las afirmaciones sobre Jesús, contenidas en los evangelios, están vinculadas a lo que aconteció, no a la fe de los apóstoles. La fe de los apóstoles deriva de lo aconteció.
La fe que es cristiana no es una decisión subjetiva, no es un sentimiento religioso, ni una experiencia espiritual subjetiva, sino la adhesión a una persona que vivió hace dos mil años en Palestina, y que hoy se hace presente en el mundo entero a través de lo que hemos dicho tantas veces: de testigos y mensajeros. Si con la razón vemos la historicidad de la vida humana ¿cómo no va ser historia, histórica también la manera de encontrarnos con Dios? Dios entra en nuestra historia. Ahora que ya ha sucedido todo lo que sucedió ¿no es lo más razonable para los anhelos de nuestro corazón y de nuestra razón? ¿No está nuestro corazón inquieto si aun no lo hemos encontrado?
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo