En cristiano

Un inventario muy significativo

26.10.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Una sencillísima anécdota nos puede ayudar: están tomando unas tapitas dos amigas y llega una tercera, a la que ofrecen lo que están tomando. La juzgan, como juzgan a la conducta evangélica, dentro de unas determinadas reglas y normas incomprensibles, bien lejos de lo que realmente es el cristianismo. Pues bien, al ofrecerle y excusarse ella agradecida por no acompañarlas, la juzgan sin saber sus motivos y lo interpretan según su paradigma: cloro, no tomas porque está muy bueno. Y para ti lo bueno, lo de disfrutar, siempre es pecado.

Sin comentarios. Este es uno de los grandes errores con los que se juzga ¿Cómo se puede juzgar así? Lo bueno, lo agradable, el placer, es moral y religiosamente malo ¿Cómo podemos pensar en prohibiciones que no tienen razón de ser? ¿Pero cómo la verdadera moral y la verdadera religión, pueden ir en contra de la vida? ¡Cómo puede desorbitarse, prostituirse lo más humano y natural¡

Creo que les puede resultar iluminador un singular inventario que hace Fabrice Hadjadj, el judío de nombre árabe y de confesión católica, como se define a sí mismo. Un convertido que da su testimonio bajo rótulos como “El judío convertido”, “De Nietzsche a Jesús” “Cómo de nihilista me he hecho cristiano” etc.

Este inventario tan significativo que vamos a ver está en su libro La fe de los demonios o el ateismo superado. Y viene enmarcado con el siguiente título: de cómo nada es diabólico de por sí, sino que todo se puede reconquistar. El que Satán sea el príncipe de este mundo no significa que la cosas de este mundo sean malas. A él le gustaría hacérnoslo creer. Pero este es un grave error. Si confundimos el mal con el ser de las cosas, con lo que las cosas “son” realmente, acabaremos odiando el universo salido de las manos del Creador y nos refugiaremos en un pobre, deshumanizado, falso y nada divino mundo interior. El mal es lo prostituido, la privación, lo irreal, la mala utilización, lo que no actúa con bondad y verdad, lo que se aparta de Dios. En cambio el bien es la causa de todo lo recto y de todo lo bello que ya dijo Platón.

Ninguna realidad pertenece de por sí a la maldad, nada es malo en sí mismo. Ya lo vio el pensamiento griego, por ejemplo Platón: el mal es no ser, pérdida del ser, pérdida de lo que realmente es la naturaleza de algo. El ser, el bien, la verdad, la belleza, se identifican. Por eso la afirmación que hemos comentado: el bien es la causa de lo recto y de lo bello.. Si hiciéramos un inventario de las cosas que se le atribuyen al ser de la maldad, todas y cada uno podrían ser devueltas a un orden benéfico. Vamos a ver las que el presenta en su inventario:

- Seréis como dioses, es la expresión con la que Satán tienta Adán y Eva, y parece la expresión satánica por excelencia. Y también un salmo pone en boca del mismo Dios y Señor: yo había dicho: vosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo

- El número 666. La cifra de la Bestia en el Apocalipsis. Sí, y también en el libro de Esdras es el número de los hijos de Adonicam (que significa “mi Señor se ha levantado”). Ellos dejaron el exilio de Babilonia y se volvieron a la Tierra prometida.

- La serpiente es el símbolo del diablo. Incluso se nos presenta en el Génesis como “el diablo en persona”. En cambio en el desierto, Moisés fabrica una serpiente de bronce y los hebreos que la miran son librados de la mordedura de las serpientes abrasadoras. Jesús se identifica con la situación: Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levando el Hijos del hombre, para que todo el que crea tenga por El la vida eterna.

- Los cabritos también están dentro de este inventario. Toda una iconografía representa al diablo bajo la forma de un macho cabrío. Además, Jesús afirma en el Evangelio de S. Mateo, que en el Juicio el pastor separará las ovejas de lo cabritos. Y sin embargo el macho cabrío, el chivo expiatorio es una figura de Cristo: tomad un macho cabrío para el sacrificio por el pecado, se dice en el Levítico

- El sapo es el símbolo de la lujuria. Y es utilísimo en los jardines devora a los gusanos parásitos. El monje benedictino Dom Leclercq llega a apuntar, que junto con la rana fue uno de símbolos de la resurrección. Y el sapo se comía a los gusanos, pero el Mesías dice en un salmo: y yo, gusano, que no hombre.

- La cruz invertida es la joya de los satánicos, la perversión pura. Y el signo de martirio de Pedro, el primer Papa, que por humildad no quiso ser crucificado como su Maestro

- Y ya, rápidamente, los cuernos…Los del carnero enviado por Dios y que salva a Isaac de la inmolación. O la cola que arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo en el Apocalipsis. Mientras que Moisés ofrece al Eterno el rabo del cordero sacrificado. O el azufre fétido. Y en Isaías se lee: el aliento de Yahveh cual torrente de azufre.

Y acabamos con el teorema que nos presenta: ninguna cosa pertenece de por sí a la maldad, y que implica el corolario: cualquier cosa salvo Dios y sus santos puede ser corrompida. Así acaba el profesor de filosofía y literatura del Instituto Sainte-Jeanne de Arc y del Seminario de Toulon, padre de cuatro hijas. Creo que es de lo más real y gráfico el teorema y el corolario.


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