En cristiano

Curioso desinterés

19.10.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Este verano pasado tuvimos una conversación de esas que recordaremos siempre, al menos otra persona y yo. No se si el que la suscitó sentirá en estos momentos lo mismo. Un chico, que debe estar en la década de los treinta. Es publicista.

Empezó haciéndonos comprender con bastante aire de suficiencia a los dos pobres “legos”, y mayores, que tenía enfrente, la diferencia entre un publicista y uno que se dedica al marketing. El marketing supone estudio, estrategias de mercado, ventas, posicionamiento en todo ello. En cambio su profesión estaba centrada en el conjunto de medios que emplea para divulgar o extender la noticia de las cosas de los hechos. La divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.

Pues este joven publicista, nos decía, ahora con cierto aire de insolencia, a propósito de la “idea de Dios”, no ya de la “existencia de Dios” que es un tema que no interesa para nada. Dios sólo le interesaba en la medida en que los hombres lo habían inventado, difundido su idea. Y después de algunas intervenciones y matizaciones de las otras dos pobres personas mayores, que para remate acabábamos de salir de la Eucaristía dominical, dijo que, bueno, también como publicista concedía que le interesaba la idea de Dios en cuanto ha producido bellas obras de arte en todos los campos, escultura, arquitectura, poesía, novela, teatro etc. Nosotros le matizábamos que extendiera más y más, que no acabara de extender “la producción” de lo que llevaba consigo, no la idea de Dios, sino la convicción de su existencia, en el sentido en la historia, cambios, personas, instituciones, sentido de ley natural, juicio, autoridad, naturaleza, afán verdad y de bien, horizonte para la ciencia y la técnica etc.

No hay peor desprecio del hombre que semejante declaración de humanismo, porque se exhibe el desprecio por la que ha sido la preocupación de los hombres cuyas obras decía que admiraba. ¿Por qué sienten esa necesidad de exhibición, lo mismo que algunos políticos, tertulianos, articulistas, directores de programas? Da la impresión de que un cierto de número de estos ateos se interesan extrañamente por que se sepa que no están para nada interesados en la idea de Dios. Curioso desinterés. Su crítica, su postura, su pasión, disimulada bajo el desinterés, se percibe a pesar de todo, por su empeño en silenciar, deformar o tergiversar las obras que conciernen a Dios.

Lo he experimentado muchas veces en la vida, y me pasa con la crítica que se expone en algunos programas y algunas intervenciones, o sencillamente con afirmaciones rotundas. Estos “críticos” se sitúan por encima de la increencia y de la fe, parece sentirse como mediadores entre una cosa y otra, cuando en realidad su postura solo está determinada por su increencia. Todos estos críticos, tienen a gala mostrar que con posturas como la suya la humanidad supera la perspectiva estrecha de creyentes y no creyentes. Vamos con su afirmaciones la humanidad está liberada por fin. A partir de ellos, si se actuara como consecuencia de su crítica, no habría ya ni que cuestionar la idea de Dios. Ya no habría ni que combatir la creencia en Dios, la ilusión se disiparía para siempre. Para nuestros descendientes todo lo más sería una curiosidad del pasado.

Como dice Henry de Lubac, realmente eso es lo que en el fondo han argumentado desde sus personales posturas, por ejemplo, Comte, Marx, Sartre y tantos próximos a nosotros. Cada uno se siente más crítico radical, y más libre en su negación que los anteriores. Lo curioso es que la idea de Dios les obsesiona a todos. Y el cuidado que ponen en asegurar que van a liberar de una vez por todas a la humanidad es un signo de esta obsesión, que renace una y otra vez. Todos quieren mostrar que están tranquilos en su ateismo y que no sienten ninguna necesidad de pensar en Dios para negarlo. Qué están totalmente a gusto “sin Dios” sin tener siquiera necesidad de decírselo a sí mismos. Pero todo esto queda en discursos y descalificaciones, porque su desinterés sigue siendo muy curioso.
En la raíz es lo mismo que ocurrió al comienzo del cristianismo, ya hace unos dos mil años. Conocemos el hecho. Un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley les dijo a los del Sanedrín: Desentendeos de estos hombres. Si esta idea o esta obra es de los hombres se destruirá. Pero si es de Dios no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.

Es un hecho que el ateismo juega un papel necesario y aporta un valor positivo al combatir nuestra FE. Esto nos tiene que lleva a una crítica sana, y precisamente como una exigencia de la fe. La crítica para ser sana, sólo puede ser una exigencia de la FE. La FE en cuento tal comporta la crítica personal y radical en nuestras actitudes vitales. Es la FE, nuestra FE en cuanto tal, la que tiene que repudiar las falsificaciones, y las hipocresías, los errores con las que muchos la deshonramos.

¡El bien que me ha hecho el curiosos desinterés del crítico publicista¡ Para mi es un tema vital y apasionante.


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