Por Carmen Pérez Rodríguez
Eso es el ánimo: el modo como uno se enfrenta con la vida en conjunto. El principio de la actividad humana, el valor, el esfuerzo, la voluntad, la intención de hacer algo.
Hay cantidad de anécdotas que nos ponen de manifiesto el ánimo, la importancia de “el cómo” se enfrenta uno con la vida, con los problemas y obstáculos. Es conocido que a los 46 años Beethoven quedó completamente sordo. Y así compuso buena parte de su obra. Las dificultades, incluso las desgracias, pueden convertirse en las herramientas con las que Dios nos talla para cosas mejores. No hace falta irse a un genio como Beethoven para comprobarlo.
Pero me voy a fijar en dos anécdotas muy significativas de Tomás Edison, uno de los inventores más fecundos, Suyas son unas 1200 patentes. El hombre que dijo: mi mayor respeto y mi máxima admiración a todos lo ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos Dios. Fue el séptimo de los hijos. A los ochos años y medio fue a la escuela, y después de estar asistiendo tres meses, regresó a su casa llorando porque el maestro lo había calificado de alumno estéril e improductivo. Lo que cuenta es lo que recuerda el mismo Edison: Descubrí que una madre suele ser algo maravilloso, ya que mamá me cogió de la mano y me llevó de regreso a la escuela. Hecha una furia, le dijo al profesor que no sabía lo que estaba diciendo. Mamá fue la defensora más entusiasta que hubiera podido tener cualquier niño, y fue exactamente en ese instante cuando tomé la decisión de que sería digno de ella y le demostraría que no estaba equivocada.
Decíamos que eso es el ánimo el modo como uno se enfrenta con al vida. Nuestra existencia es un tejido de bien y de mal, de cosas gozosas y dolorosas, de cosas que ayudan y sustentan y de otras que estorban, agravan el peso de la vida. El ánimo significa que se vea con realismo la situación, se acepte el conjunto en la confianza de que Dios está en todo y nada puede sucedernos en la que no contemos con su ayuda. El ánimo básico es vivir en la convicción de que Dios me ha dado a mi mismo. De su mano he de reconocer mi existencia, vivirla y mantenerme firme y constante. El ánimo se experimenta, se vive en al dificultad.
El ánimo es no vivir temiendo y pronosticando tragedias por males que se imaginan. Gemir en las desgracias. No hemos nacido para eso. La paz, la felicidad no se encuentra en bienes y placeres, se va presentando en nuestra manera de actuar. Es una consecuencia. No es cuestión de fórmulas sencillas y baratas para lograr lo que anhelamos, para ser nosotros mismos. En la vida todo va armonizado como se dice: del panal, un poquito de miel. Del mar, un poquito de sal. De la vida el toque de la alegría. De la imaginación lo lo que estimula al bien. Del dolor, raíces fuertes, y de la fe solidez de roca. Cada una es para comentar. Pero quedémonos con las dos últimas propuestas: del dolor, raíces fuertes, y de la fe, solidez de roca.
Se vive con ánimo cuando se avanza en el horizonte de la fe y de la esperanza, impulsados por el amor. Cuando se vive en la convicción de que El me ha dado a mi mismo. De su mano he de aceptar la existencia, vivirla y persistir. Este es el ánimo básico y muy necesario, precisamente hoy, cuando se habla tanto de la nada, de la destrucción, del miedo, de cosas oscuras de toda índole, cuando se vive sin rumbo, sin saber de donde se viene y adonde se va. Es verdad que muchas veces debe ser palabrería, ideología pobre e interesada, charlatanería. Porque ¿es posible que los que así dicen y escriben lo crean en lo profundo de su corazón? Es verdad que estamos amenazados por fuera y por dentro, por el ruido exterior y el interior. Por eso es doblemente necesario que recibamos confiados nuestra existencia de las manos de Dios y la vivamos animosos.
La confianza para ir viviendo hacia nuestro destino solo puede venir de un Dios, que es un Tu con El que me encuentro, en El que estoy, de Quien nada ni nadie puede apartarme. El futuro aun con todo su desconocimiento no es algo extraño ni hostil, sino en el que siempre Le podemos encontrar. Nuestra vida, en toda su imprevisibilidad, en todo su desconocimiento, no es ningún caos, sino que siempre nos sale al paso y estamos conducidos por la mano de Dios. El ánimo es no soltarse nunca de su mano. Creerlo y vivirlo puede ser difícil en algunos momentos, pero el ánimo de vivir va unida a la confianza en la guía de Dios. Nuestra vida no corre en la historia como en un cauce al azar, o neutral. Sino que se atreve con el momento presente, comprendiendo que es moneda de vida eterna, sabe reconocer el pasado, aceptarlo, y se atreve con el futuro como el hijo que confía en la mejor herencia del Padre.
Ánimo significa hacer frente a lo que viene, y no dejarnos asustar porque ya nos lo dice Jesucristo: no temáis, soy yo, siempre estoy con vosotros. Perder el ánimo es echar a perder posibilidades. Vivimos confiados porque hay algo en mí interior que es el propio poder de Dios, el amor de Dios. Sin Dios se habla de sin sentido, de miedo, de hundimiento, de absurdo. De ahí vienen todos los abusos de poder político porque no está viva la conciencia de ser sostenidos interiormente por Alguien ante Quien somos, estamos, nos sentimos mirados, juzgados en nuestro destino presente y eterno.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo