En cristiano

No quiere porcentajes

13.10.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Dos amigos paseaban por el barrio en el que uno de ellos pasaba la consulta en el ambulatorio. Iban comentando las dificultades de la vida, y los problemas de la droga y otros hábitos destructivos del hombre. El médico le decía al amigo, que era cristiano, que el no podía creer en el Dios del que le hablaba: Es siempre lo mismo. Nuestra vida transcurre en muchos estratos, lo superficial, lo profundo, lo totalmente esencial. Y ya es mucho que haya hombres que pensemos así. Cada cual tiene sus exigencias, sus valores y satisfacciones. En todo hay que ir calculando, viendo lo que es proporcionado, vamos casi, casi, viendo los porcentajes, lo que tu como comerciante haces. Y la fe, de la que tú me hablas y quieres vivir, envuelve todo, todo absolutamente, todo entra en ese terreno, incluso cosas, que yo veo a muchos cristianos que viven pensando que no tienen que ver con la fe.

Pues sí, le contesta el creyente, la fe es una plenitud, esa es la gran realidad. No se puede creer a medias. Por eso no somos realmente cristianos, sin adjetivo de buenos o malos. Y es cierto que la fe es una victoria en todos los campos, sin porcentajes. Es el más libre de todos los actos que tú y yo podemos hacer.

Pero si Dios es como tú dices un Padre lleno de amor, ¿cómo permite que existan hombres así, y que ocurran las cosas que ocurren? Pasó cerca de ellos un hombre, al que veían frecuentemente, drogado y en malas condiciones de salud y de aspecto físico. Y de pronto el comerciante, el creyente, le dice a su amigo médico: tú no eres tan médico como te crees, no se como funcionas con “tus porcentajes” en tu profesión. Tú nunca has ayudado a ese hombre y permites que continúe así.

El médico indignado le dijo: Pero, ¡qué bobadas dices¡ pareces un chiquillo ¿Cómo puedo ayudarle, si tu sabes perfectamente que nunca se ha acercado a mí y no quiere que se le ayude?

El amigo le miró y le dijo. ¿Y tu cómo culpas a Dios de lo que ocurre si los hombres son libres para decidir y responder a la situación en que están? Has visto una parte de la fe cuando dices que lo envuelve todo, absolutamente todo, todo entra en ese terreno. Pero aplícate tu propia afirmación, el otro tiene que querer curarse, tiene que acercarse a ti. No has visto en la relación con Dios la respuesta de cada uno, la parte de la libertad, el querer reconocer. Parecemos vivir con una razón ciega. Realmente, Dios no quiere que le demos porcentajes, sino nuestro corazón, nuestro ser. El quiere nuestra fe y, a partir de la fe la vida se transforma. La decisión es personal, como te pasa a ti en todo, y evidentemente también en tu relación con Dios, sólo tienes que encontrarte con El e invitarle a entrar en tu vida, pero totalmente, sin porcentajes.

¿No nos pasa que siempre andamos calculando y viendo el tanto por ciento de lo que hacemos, de lo que los otros hacen, de lo que Dios tendría que hacer, de lo que nos pasa? Como decía, el comerciante, y precisamente un comerciante, Dios no quiere que le demos porcentajes. Nuestra fe no puede ser un comercio, ni un porcentaje. La fe abarca todo, absolutamente todo.

Todas las cosas tremendas que suceden en la historia parecen ser una única acusación contra Dios. Pero en el momento en que Dios se hace hombre, indefenso ante los hombres, ante los que le odian y los que le echan de su vida, ante los que condenan y le crucifican, con el único poder de su amor, de la verdad, con la entrega total de su vida, con su caminar por nuestra historia como uno de nosotros, todas las imágenes y falsas interpretaciones de Dios se derrumban. Y quedan refutadas como ídolos. Ya desde hace muchos años he sentido que negamos a un Dios que realmente no es Dios. El Dios que se puede negar es un ídolo, un falso Dios.

Donde haya hombres que se planteen la vida como el médico y el comerciante comienza una nueva humanidad. Eso si que son verdaderos brotes verdes de humanidad. ¿Por qué tantas familias, tantos matrimonios, tantas relaciones, tantas grupos cristianos se vuelven mudos, vacíos, sin vida? Porque Dios no quiere que nuestra fe sea un porcentaje, porque la fe lo envuelve todo, porque sólo a través de la fe se puede vivir enteramente la vida, sin exclusiones. Porque cada uno no se puede satisfacer en consumir simplemente su propia vida. En el matrimonio, en la familia, como célula de la sociedad se ve clarísimo. El auténtico matrimonio es estar unidos en la existencia, es ayuda y fidelidad pase lo que pase. Cómo dice S. Pablo significa que uno lleve las cargas del otro. Los cristianos tenemos que vivir una responsabilidad nacida del espíritu.

La crítica al cristianismo para ser realmente sana, solo puede ser una exigencia de la misma fe. Cuantas veces la crítica procede de un presunto estar por encima de la increencia y de la fe, como de un deseo de mediar entre la una y la otra, una concesión para ambas partes. Tanto por ciento de una, tanto por ciento de otra. Como dice Henry de Lubac: es la misma fe, en cuanto tal, la que nos tiene que llevar a una crítica permanente de todo lo idolátrico o descafeinado de nuestra fe. Es la fe en cuanto tal, sin falsos porcentajes, la que repudia las falsificaciones y las hipocresías. Es ella misma la que se levanta, se purifica y se vigoriza en la conciencia de los creyentes.


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