En cristiano

La Providencia reprograma

11.10.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Han sido unos amigos, su vivir, su manera de actuar, de estar ante su situación personal los que han provocado en mí la inmensa realidad de lo que es la Providencia, la divina providencia, sin gazmoñerías, sin afectación de falsa religiosidad, sin raquíticos dualismos, sin palabrería hueca y vacía. He sentido lo que realmente es la fe y la confianza en lo que acontece, la libertad humana, las respuestas que damos, y siempre el amor de un Padre que “reprograma” para que el hijo encuentre su camino, su auténtico destino. La Providencia de Dios pone de manifiesto la grandísima importancia que Dios da al destino humano.

¿Nos hemos planteado qué significa la palabra providencia? Esa disposición de ayuda, de prevención, que mira o conduce al logro de un fin. Esa actitud que se toma en un suceso para remediar el daño que puede resultar de algo que acaece. Una persona providente, diligente para proveer en lo que ocurre.

La Providencia y ahora con mayúscula. Y realmente, por antonomasia, pensamos en la Providencia de Dios. La Providencia de Dios reprograma las situaciones. Siempre está ahí Dios presente en su Providencia. La Historia de la Humanidad es la historia de la libertad de los hombres, de sus decisiones, en la que Dios siempre es providente. Dios es Providencia porque el hombre es libre. Y porque el hombre es libre Dios es Providencia, Necesitamos de su Providencia porque Dios es el Padre que siempre espera y abraza al hijo pródigo. En las más negras y oscuras situaciones sea por la causa que sea, Dios es Padre providente.

La Providencia de Dios ilumina todas nuestras situaciones, las alegres y las tristes, cuando todo marcha bien y cuando todo se hunde, cuando no somos conscientes y cuando actuamos responsablemente. Dios es, como decíamos, la Providencia por antonomasia. Lo de siempre, ojos capaces de ver y corazón capaz de reconocer.

¿Cuándo se plantea una persona lo que realmente es la Providencia de Dios? Cuando ante una situación personal extrema, o ante el sufrimiento de una persona querida se pregunta ¿pero puede Dios querer esto, permitir esto, consentir esto? ¿Cómo puede conjugarse todo esto y la existencia de un Dios amor? ¿Dios es bueno, providente, donde no comprendemos su bondad, su providencia?

Desde luego en las situaciones más duras y difíciles es cuando nos urge abrirnos, reconocer la Providencia de Dios, el amor de Dios, sentir en el interior, que a pesar de todas las circunstancias, nos ama infinitamente. Y que nada de lo que nos pasa puede ser indiferente para El, que nos cuida como a la niña de sus ojos y tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza, por decirlo con nuestras imágenes y palabras. Esto es creer en la providencia de Dios. En el amor providente de Dios que nos creó libres para decidir y amar. No hay amor sin libertad, no hay adoración verdadera sin libertad. La libertad del hombre y la Providencia de Dios van de la mano. Se requieren la una y la otra. Nos cuida en nuestra libertad y reprograma lo que haya que reprogramar: feliz culpa que merece tal redención.

Nos urge, en algunas épocas o circunstancias muy fuertemente, saber qué es la Providencia de Dios, saber qué es realmente su “proveer” a la situación, su estar Presente en la vida humana que se realiza siempre sin tocar nuestra libertad. Saber que lo que puede parecer el hundimiento de todo, el mayor dolor, algo para perder definitivamente la fuerza, la mayor injusticia de la que hemos sido víctimas, o el mayor error que hayamos cometido, El lo reprograma como una prueba fecunda, como una realidad que incluso nos salva y santifica. Siempre la exclamación tan real en la vida y que todo ser humano tenemos que experimentar en lo más profundo de nuestras entrañas: Oh¡ feliz culpa que mereció tal Redentor. Sea en la negación de Pedro, o en el ajusticiamiento del que se decía Hijo de Dios -“crimen” por el que se le crucificó- . Sea en lo que hemos hecho mal, o sea en lo que hemos sido víctimas. Dios no quiere el mal, pero su poder sabe transformarlo, si lo reconocemos, en nuestra auténtica verdad y libertad. Está en toda la Historia de salvación: lo que el diablo perpetra por malignidad Dios los permite por amor. El poder de Dios, de su Providencia está en que, pase lo que pase, todo puede convertirse en instrumento suyo. Todo, a pesar de todo, puede reconvertirse en instrumento de redención, de liberación. Siempre donde abunda el pecado, el error, el absurdo, sobreabunda la gracia. El amor de Dios es más grande y fuerte absolutamente que todo lo que pueda suceder.

El sufrimiento puede parecer que tiene fuerza para hundirnos, el ateismo que nos rodea nublar con una densa niebla el horizonte, seducirnos las ideologías y promesas, sentir la llamada de muchos dioses que quieren reclutarnos, o las voces agoreras de los que gritan la nada, el absurdo. Pero todo eso puede también afirmar el suelo sobre el que caminamos en la Providencia y amor de Dios, y hacernos renacer. Puede orientar y afinar nuestra vida, como se afina, con el golpe de buril del artista, el rostro en el mármol. En cada circunstancia la Providencia de Dios reprograma nuestra vida. El es Padre providente que está en el camino de la libertad de sus hijos.


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