Por Luis Javier Moxó Soto
Esta noche, aún con el eco de las presencias de los amigos, los cantos, oraciones y encuentros con personas que hacía tiempo no nos habíamos encontrado, y otros más conocidos y frecuentados, más habituales, pero con todas sus familias, niños y jóvenes, uno piensa que si es Jesucristo el que nos ha puesto juntos, porque se trata de una comunidad cristiana, algo parecido debe pasar en el Cielo con los amigos de Dios. Se trata de una compañía que ves que conduce Otro, y lo ves a través de gestos de personas concretas, y de presencias definidas, de encuentros personales, oportunos y eficaces que son luz para el camino, desde el instante presente. Perderse eso sería imperdonable.
Por eso, cuando uno se mueve para ponerse en camino al encuentro con Cristo, venciendo todas sus resistencias, todas aquellas excusas más o menos duras o ligeras, más o menos importantes, sucede que Él sabe recompensar perfectamente todo sacrificio hecho en su nombre. Porque el mayor sacrificio, (como escuché por Radio María, de boca de Monseñor José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián el pasado viernes día 10, por la mañana mientras iba a mi trabajo, justo en el cuarto aniversario de su ordenación episcopal), uno lo hace no por acumulación de "méritos" o renuncias o cargas, aceptando resignadamente lo que venga, sino cuando se asume cada una de esas renuncias, cargas,... por amor a Jesucristo y en su nombre, porque realmente Él es el modelo de todo sacrificio, porque Él hizo el mayor sacrificio de la historia de la humanidad.
No hay instante ofrecido a su Nombre, que Él no aproveche cuando sea más preciso. No hay dolor que se pierda en vano, no hay nada que Él no tenga en cuenta, aunque no nos lo parezca en ese momento o durante un tiempo. Basta con tener paciencia y pedir, no dejar de pedir, y permanecer abierto, disponible, para que suceda, esperando activamente su cumplimiento si es lo más conveniente o necesario para nosotros.
¿Por qué digo que el vencer esas resistencias de comodidad, de inercia, .... producen sus efectos si se hace por amor a la persona de Cristo? ¿por qué experimenta recibir el ciento por uno cuando uno ofrece su vida y su tiempo por Él? Porque Él existe, vive, y su rostro está presente en cada uno de los que, con mil y una fragilidades y limitaciones le seguimos, le siguen, y no se deja ganar en generosidad por nadie.
Se descubre en cada diálogo, en cada uno de los momentos en los que hemos estado juntos que su presencia actúa a través de cada uno, especialmente de los que encuentra despiertos y disponibles. Suscita su propia acción y se vale de cada uno como instrumentos y mediadores de su Gracia, de Su Encuentro. Esto puede resultar paradógico, chocante e inverosímil a más de uno, pero es cierto. Somos piedras vivas, nuestro testimonio de vida vivida en Cristo mueve corazones y razones en la libertad de tomar la opción por Él, por seguirle, por convertirse a Él, por amarle más intensamente, por comprometerse más de verdad. Y cada uno está llamado a ser un bien para los demás, lo mismo que los demás también para nosotros.
Somos uno, formamos parte de Su Pueblo. Somos un pueblo vivo (la Iglesia) dentro de otro (la humanidad), como el corazón da vida al cuerpo o el fermento hace crecer la masa. Con esa responsabilidad y conciencia empezamos cada día, o debiéramos hacerlo, con Su Presencia en medio, sabiendo que debemos estar disponibles, despiertos, abiertos para reconocerle en una realidad que se nos presenta como signo Suyo, y que nos llama a comprometernos con toda nuestra libertad y razón, desde nuestro ingenuo atrevimiento, desde nuestra propia personalidad, pero cambiada, nueva, renacida desde nuestro Encuentro con Él, que pedimos se repita en cada instante, que no nos deje, y que nos ayude a profundizar en Su voluntad, en nuestro destino, en la realización de nuestra vocación, en medio de un pueblo, que es el Suyo, que es Su Rostro para el mundo.
Martes, 29 de mayo
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo