En cristiano

Todos los nombres los tiene Ella

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Por Carmen Pérez Rodríguez

Realmente ante lo que ha sucedido, ante lo que ha suscitado el amor a la Virgen, a la Madre de Dios, a la Madre de Jesucristo, a la Madre de toda la humanidad, sólo hay que ser razonable y sentir con el corazón. Todos los nombres de todo lo bueno que puede existir en la vida los tiene la Virgen. Y también, todas las cosas grandes de la vida han sido vividas desde una mujer, y por eso toda la vida puede verse desde Ella. Cualquier fiesta de la Virgen, cualquier advocación, cualquier santuario pone la vista en un punto concreto para ver todo el panorama de la vida desde una mujer.

La intuición de otra mujer le dijo el primer piropo proclamando: bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron. Es verdad que muchos de nosotros por dentro estamos pensando en el piropo del Gabriel en la Anunciación o en el de Isabel en la Visitación. Pero el primer piropo, así gritado como en las procesiones, y fiestas populares, lo oyó su Hijo junto con todos los que estaban: bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron. Una mujer quiso lisonjear a Jesús de Nazaret, quiso decirle lo que estallaba dentro de su corazón y no encontró nada mejor que este: Ole ahí tu Madre.

Ni las mejores campañas que pueden haberse suscitado en la historia a favor de la mujer, son comparables con la gran realidad del sentido y del significado de que una mujer, una criatura, haya sido escogida para dar el Si más importante en la creación, para vivir lo que Ella vivió, para dar los pasos que Ella dio en el camino de esta vida. La han proclamado y la proclamarán bienaventurada todas las generaciones. Y en ese bienaventuranza estallan todos los nombres y todos los mejores sentimientos de que es capaz el ser humano, del que son capaces los hijos: María, Carmen, Asunción, Fe, Esperanza, Caridad, Concepción, Inmaculada, Mercedes, Luz, Socorro, Auxiliadora, Lourdes, Fátima, Guadalupe, Chestokowa… y siguen y siguen surgiendo. La Virgen es la gran Patrona en la historia.

Todas las ciencias del conocimiento del hombre, todas las corrientes antropológicas, y todas las múltiples psicologías, sin son razonables, enmudecen ante lo que aconteció hace más de 2000 años. No hicieron falta movimientos feministas, ni revoluciones en aquel momento único de la historia. Todas las ciencias son ineptas para discernir la diferencia entre la gran propuesta de Dios en esta mujer, y las propuestas humanas, para discernir lo auténtico de la bisutería, entre la realidad cristiana y los mitos y leyendas. Es, como decía un gran pensador, confundir la borrachera del vino o de la droga con la Luz, la Fuerza, y la Vida del Espíritu Santo.

Siendo inmenso, sagrado, intocable lo que vivió la madre de un santo, de un gran hombre, de un genio, de un hijo que triunfa, de un hijo que sufre, de un hijo que muere, ¡cómo sería lo que vivió María¡ Piensen todo lo que se ha escrito sobre Ella, sobre lo que María guardaba dentro de su corazón. ¿Quién ha podido vivir lo que María vivió? ¿Cómo nos va a extrañar lo que ha ido surgiendo en el corazón del ser humano a lo largo de la historia en todos los campos: fiestas, lugares geográficos, poesía, prosa, arquitectura, escultura, pintura?

Nos vamos a sentir con Romano Guardini: María estuvo siempre junto a El. Vivió todo lo que concernía a su Hijo, la vida de su hijo era la suya propia. Pero no fue porque su mente llegara a comprenderlo todo. El Evangelio de la Anunciación lo dice: lo santo mentado en la misiva del ángel, ha tomado morada en ella. Este neutro “lo santo” está pletórico de misterio y expresa la lejanía de Dios. Ella se lo ha dado todo, su corazón, su honor, su sangre, toda su capacidad de amar. La madre no llegó a comprender nunca la profundidad de su vida. ¡Cómo iba a comprender el misterio del Dios viviente¡ Pero hizo algo mejor y más importante en este mundo, desde el punto de vista cristiano: en lugar de comprender creyó, tuvo fe en una época en que apenas existía quien poseyese esta virtud en el verdadero sentido de la palabra.

Y por eso vivimos a la Virgen desde tantas y tantas advocaciones, según el sentimiento de los diferentes pueblos y culturas. La Virgen del Carmen es una de las invocaciones. Según la tradición carmelitana, el día de Pentecostés, unos hombres llenos de buenos deseos habían seguido la vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe cristiana. Y ellos fueron los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube, que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios. Se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII, con los cruzados. Inocencio IV en torno al año 1250 aprobó su regla siendo general de los carmelitas Simón Stock. Nació en el condado de Kent hacia el año 1165 y murió en el monasterio carmelita de Burdeos el 16 de mayo de 1265.

El fervor y devoción por la Virgen de Carmen se extendió a muchos países de Europa y Américo, destacando España, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Perú, Colombia, Chile y Argentina. Es conocido que los pescadores han nombrado a la Virgen del Carmelo su fiel protectora y, además, la Marina Española le concedió el título de Patrona. Por esta razón, la Virgen del Carmen es conocida como La estrella de los mares.

Todos los nombres los tiene Ella.


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