En cristiano

Amnesia de lo eterno

01.07.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez

Amnesia, pérdida o debilidad notable de la memoria. La amnesia de lo eterno pertenece a esa clase de amnesia disociativa, que lleva a una pérdida de identidad y a la formación de una falsa identidad, pobre y sin punto de apoyo. Y esto es algo que nos afecta profundamente, porque nos estamos olvidando, y algunas ideologías trabajan para ello, de lo que realmente favorece la vida y la hace posible, de la verdadera identidad del ser humano, de lo que es nuestra naturaleza. Vamos hacia un mundo en el que se “pretende” la ausencia de lo eterno. En el que se maneja el misterio, lo eterno, como los utensilios utilizados por la técnica; como piezas, tornillos de un objeto que pueden tirarse y cambiarse por otros.

Ha sido Peguy el que ha hecho este diagnóstico tan profundo del mal de nuestra época: amnesia de lo eterno. Sólo encontráremos remedio para ella abriéndonos al misterio de la Encarnación de Dios en Jesucristo, de su vida. Encontrándonos con la humanidad y divinidad de Jesucristo. La amnesia de lo eterno produce una caricatura de todo. Y el mundo, con todo lo que implica, no sólo se convierte en algo mediocre, sino feo y sin vida. Y esto no puede triunfar, solo hundirse. ¡Cuántas oasis refrescantes nos perdemos por la amnesia de lo eterno, cuántas auténticas y dulces grandezas, cuántas maravillas solo se ven con la perspectiva de lo eterno, del misterio¡ Desde el nacimiento de un niño hasta las puestas de sol, desde la entrega generosa hasta los estrellas que nos entusiasman en el firmamento. La moneda diaria se rebaja, pierde su valor, se deprecia, se devalúa, porque la moneda diaria, los simples céntimos, tienen un valor fundamental, son moneda de vida eterna. Todo en la vida es moneda de vida eterna.

Muchas veces no discernimos la presencia de Dios, del misterio, de lo eterno en el momento que estamos viviendo, sino después, cuando miramos hacia atrás, hacia lo que ya ha pasado. Y entonces, si no estamos obnubilados y con amnesia disociativa, olvidados de nuestra identidad, vemos el revés de lo que nos hacía sufrir, de lo que no entendíamos. Y comprendemos que “somos lo que somos” consecuencia de cómo vivimos momento a momento y del sentido con el que lo vivimos. Es aquella oración que un día nos proponíamos algunos: Dios mío, bendito seas por todo lo que nos das, incluso lo que no vemos, y muéstranos pronto el revés de todo el dolor que nos dejas sufrir.

¿Por qué no pensar en lo sustancia misma de lo eterno que responde a nuestros más ardientes deseos, a nuestra propia identidad, a las preguntas que nos hacemos sobre el trabajo, el dolor, las relaciones, el sentido de lo que ocurre? Cada persona tenemos nuestros deberes precisos, nuestras responsabilidades, y por tanto nuestros planteamientos y respuestas. Los problemas que hemos de resolver en nuestra vida diaria no son los de los “otros”, sean quienes sean. Cada uno ha de dar su propia respuesta a la situación, en la que ciertamente también están los “otros”. ¿Y que sentido damos a todo lo que ocurre? ¿A la luz de que vemos nuestro diario vivir? Es la falta de fe, la amnesia de lo eterno, la que ha disminuido la riqueza de la vida, la esperanza, la alegría, la grandeza de lo pequeño y de lo cotidiano. Ha devaluado la vida.

El que se empeña en esa falsa identidad a la que le lleva la amnesia de lo eterno acabará amargado, rabioso, resentido. Será un pobre loco a la caza de falsas ilusiones, de flores sin raíces y sin olor. Se creerá capaz de manejar todo y será esclavizado por todo. Tropezará con cualquier obstáculo, no tiene un horizonte abierto. Pobres locos racionalistas, críticos, pensadores de vía estrecha, que quieren ocultar la luz del sol a pleno de día, e iluminarse con unas pobres linternas inventadas por ellos.

Se cuenta esta anécdota de personas inteligentes y profundas, de personas que reflexionan y se preguntan. Entre ellas se le aplica a Chesterton. La persona en cuestión, fuera Chesterton o no, era muy despistada y en una ocasión, viajando en tren, el revisor le pidió el billete. Empezó a buscarlo entre las páginas del libro que llevaban en los bolsillos, y no lo encontraba. Se iba poniendo cada vez más nervioso. Y el revisor le dijo: tranquilo, no se inquiete, que no el haré pagar otro billete. No es pagar lo que me inquieta, repuso, lo que me preocupa es que he olvidado a dónde voy.

Volvemos al diagnóstico profundo que hace de nuestra época Peguy: amnesia de lo eterno. Y a su remedio: abrirnos al misterio de un Dios que se hace hombre en Jesucristo y nos enseña de dónde venimos, a dónde vamos y por dónde se va. Y no nos dejemos manejar, ni empobrecer, ni desorientar por los últimos gritos y ni por las fugaces ideologías. Hay dos principios muy adecuados para nuestra situación: todo lo que vale la pena se enfrenta siempre con el obstáculo, el que quiera seguir a Jesucristo que tome su cruz, es su moneda de vida eterna, nunca devaluada. Y la verdadera identidad, requiere de lo eterno, del espíritu del bien y de la verdad en la vida humilde, diaria, sencilla de cada uno.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 29 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Junio 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930   

    Sindicación