Por Carmen Pérez Rodríguez
¿Yo he vivido la hora de mi verdad? ¿He vivido en algún momento algo que pueda reconocer como “hora de mi verdad”?. Esa hora tan importante en la vida de cada persona y que ha supuesto para muchos un radical cambio, y el ponerse en marcha por el verdadero camino.. Ese descubrirme y saberme, ese reconocer que todos los pasos tienen un sentido. Quizá desconozco la experiencia de sentir en el interior algo que me dice que he hecho pie, que se donde está la verdad, la honradez, la lealtad, que siento mi interioridad, mi independencia. Ese ser consciente de que existe una brecha o un espacio entre los estímulos, las circunstancias, las situaciones y la respuesta que libremente damos, y de que en el empleo de ese espacio está la clave de mi crecimiento, de mi libertad y de la verdad de nosotros mismos. Somos lo que vamos decidiendo con nuestras respuestas.
Hay momentos en la vida en los que es fácil reconocer y ver esta hora de la verdad. Y esto, tanto en momentos duros, dolorosos, como en momentos gratos de encuentro con una persona que nos abre el camino. O cuando uno descubre, como Teresa de Jesús, la gran hermosura del alma y su gran capacidad, comprende cual es la gran realidad de su vida. Cuando uno se encuentra con alguien que le despierta lo que estaba dormido en su interior y, con gran asombro, le abre a lo mejor de si mismo. Y ve que la sensación más grande es la paz interior, la vivencia y necesidad de la verdad en la vida, en las relaciones con Dios y con los demás, en el trabajo, en la honradez en los planteamientos y en las soluciones. Pero esto es algo que decidimos, en esto consiste nuestra vida personal.
Algunos podemos vivir como tanta gente que vive así, sin conocerse, Con ojos que no sirven más que para ver espectáculos, anuncios, televisión, revistas, centros comerciales, tiendas, escándalos, formas de evadirse y justificarse, …Ojos-máquinas, ojos-ciegos, ojos que solo ven de puertas afuera. Una vida como la de animales de gruesos ojos ciegos, cabeza vacía, corazón de piedra, ambición y placer exigente. ¡Cómo si esto bastara no ya para llenar la vida sino ni siquiera para vivir realmente. Y la vida es para conocer de verdad, comprender, consolar.
Decía Teresa de Calcuta que vamos a pasar por la vida una sola vez y por eso cualquier cosa buena que podemos hacer debemos hacerla, porque no volveremos a pasar por aquí. Son muy prácticos los consejos de esa gran mujer que es Teresa de Calcuta, como son por ejemplo que el regalo más bello es el amor, la cosa más fácil es equivocarse, el día más bello hoy, y a la luz de estos se ve que la raíz de todos los males es el egoísmo, el mayor error abandonarse, nuestra peor derrota el desaliento, el sentimiento más ruin el rencor, y todo sintetizado en que la persona más peligrosa para ella misma y para los demás es la mentirosa. La mentira todo lo impide y destroza.
Esta hora de la verdad puede ser la de Zaqueo, un jefe de recaudadores, rico y odiado. Parece ser, que como casi todos aquellos recaudadores de impuestos, pedía más dinero del que los romanos exigían, y se había hecho rico fácilmente. Era bajo, y cuando Jesús entró en la ciudad de Jericó, todo el mundo se agolpaba para verlo, eso le impedía ver. Ante esta situación se subió a una higuera para poder verlo. Jesús le vio y se invitó a comer en su casa. Su hora de la verdad: dará a los pobres la mitad de lo que tiene y si a alguien defraudó le dará cuatro veces más. La hora de la verdad de un ladrón en el momento de ser ajusticiado. Acuérdate de mí cuando estés en tu reino.
O el testimonio de este chico de hoy. Cuando la conocí tenía 16 años. Fuimos presentados en una fiesta, por un chico que decía ser mi amigo. Me deje seducir de inmediato. Y ya no conseguía vivir sin ella; un deseo prohibido. Mis padres no lo aceptaban. Fui expulsado del colegio. La encontraba a escondidas. Me volvía loco. Quería más y más y no la tenía. Destrozaba todo lo que estaba en mi camino. Rompí todo dentro de casa y casi mato a mi hermana. Estaba loco, sentía que la necesitaba. Pero mis padres lucharon por mí. Su cariño y amor me hizo ver, hacer pie en mi realidad. Y llego mi hora de la verdad. Conseguí separarme de ella y no volver más ni con ella, ni por ella. Se llamaba Cocaína.
Y seguro que casi todos nosotros conocemos otras muchas situaciones, incluso trágicas, o encuentros que han supuesto la hora de la verdad para esas personas. El Hijo del hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido. No hay situación que Cristo no haya venido a redimir. Experimentar esto es la gran hora de mi verdad, la raíz firme de mi autoestima. Lo que genera la fe y la esperanza que son las fuerzas más potentes del mundo como lo experimentan y comunican tantas personas. Descubrir, experimentar esta gran realidad es descubrir como la samaritana la fuente de agua viva. No somos nada sin nuestra hora de la verdad. Decía Gandhi que no hay caminos para la paz; la paz es el camino. Pues igual, no hay caminos para la verdad, la verdad es el camino y la vida.
Martes, 29 de mayo
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo