Por Carmen Pérez Rodríguez
Testigos. Los testigos, personas que actúan como actúan porque han presenciado y adquirido conocimiento verdadero de algo. Testigo, testimonio, siempre hace referencia, significa alguien o algo de lo que se infiere la verdad. Y eso es lo que necesitamos y lo que nosotros hemos de ser, testigos de lo que realmente es vivir en lo eterno y actuar en la realidad, en el corazón de la realidad más real. Como lo fueron, en el caso concreto en el que nos centramos hoy, Pedro y Pablo. O sea lo que realmente es la fe en Cristo y las consecuencias de un encuentro con Cristo de la forma que haya sido, que cambia la vida. Todo lo contrario de algo abstracto, colocarse en “las nubes”, “estar en la luna”.
Sin la preocupación de sus consecuencias sociales y temporales la fe no es real. Y sin la profundidad de la fe todo progreso social acaba siendo indigno del hombre y, al final, puede volverse contra él. No vamos a poner ejemplos. A Dios, por quien fue hecho el hombre, solo puede alcanzársele a través de la convergencia de ambos. La fe verdadera cansa a los revolucionarios que sueñan, a veces, con convertirla en su aliada. Pero tampoco inspira más confianza a los conservadores o detentadores de la autoridad, que sentirán siempre que se les escapa por su mismo fondo. La fe auténtica es por una parte la más conservadora y por la otra la más revolucionaria. Es lo uno y lo otro de forma eminente. Es lo uno y lo otro a la vez, y este doble carácter es la expresión de su única esencia, dice Henry de Lubac.
A nosotros nos llega con la misma fuerza de la eternidad el testimonio y la vida de dos hombres completamente distintos: Pedro y Pablo. Dos hombres que no se negaron a tomar partido por nada. Precisamente hicieron lo que es necesario y vital: meterse en el corazón de la realidad más real, de lo concreto de la vida diaria, como Dios está en el corazón de todo, y modelar así su vida. Se comprometieron a fondo y permanecieron fieles a lo eterno en la perspectiva del tiempo. Los testigos nos introducen en la presencia de Dios, en el encuentro con El. No se divulga la fe como se divulga una ciencia. No se hace con métodos ingeniosos, ni con dotes literarias. El testimonio, la vida no se pueden reemplazar por el proselitismo y la propaganda. La auténtica atracción es una fuerza centrípeta: todo lo atraeré hacia Mí que dice Jesucristo. La vida de los testigos es una continua llamada. Por eso es como si fueran contemporáneos nuestros.
Dios quiera que vayamos nosotros con esa actitud de Pablo ante lo que nos ocurre en la vida ¿Quién eres Tu, Señor? Y en la misma línea está siempre la pregunta que le hizo Jesucristo sobre su identidad a los discípulos. Ellos, muchas veces le habían hecho preguntas a Jesús; ahora es El quién los interpela. Su pregunta es precisa y espera una respuesta. La respuesta de Pedro es clara: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Dichoso tu Pedro porque esta verdad, que es central en la fe de la Iglesia no podía ser fruto de tu conocimiento de hombre, sino obra de Dios. Y eso es lo que sentimos en la vida de estos dos hombres Pedro y Pablo, la obra de Dios ante el sí de la libertad humana.
Y vosotros ¿Quién decís que soy yo? Y cada uno le contestó con su propia vida. Es una pregunta que va directa a cada uno de nosotros. El compromiso supone una fe profunda y viva, una fe que no es algo externo, una pura obediencia moralista, sino que desde dentro inspira entusiasmo. Una fe que es fuente e impulso para la acción. La iglesia de Cristo está edificada sobre la fe y la fidelidad de Pedro y de Pablo. El Señor les ayudó y les dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje de modo que lo escucháramos todos los hombres de todas las épocas. Eso es lo que le dice en una carta Pablo a su amigo Timoteo.
He conocido a un chico italiano que trabaja en Inglaterra y ha aprendido español como el lenguaje del amor, por amor a una chica. Y cuando lo habla, transmite esa manera de estar en la vida que solo es posible por la caridad, por la fuerza del amor de Dios que llena a la persona, y lo irradia en la vida. No nos vamos a perder en otras cosas. La historia es para sentir la gran realidad de cómo Dios hace las cosas a través de sus testigos. A través de testigos, llámense Pablo, Pedro, Vitorio, nos da la fe, nos da esperanza, nos da el amor. Una vez más siento la necesidad de enterarme de “qué va la vida”, de reconocer que Jesucristo vive y es contemporáneo nuestro. Se manifiesta de la manera más humana y cercana, a través de amigos. Es un hecho, la profundidad de una acción es directamente proporcional al compromiso de su autor Este chico es católico, y como decíamos el otro día ”meramente cristiano”, no hay dualismo en su vida. ¿Por qué? Porque es un auténtico testigo de lo que es el amor de Dios, de la Presencia de Jesucristo, de su contemporaneidad. No pueden suponerse como nos conmovió. Nos salió la expresión de Jesucristo a Pedro: Realmente dichoso tú porque has creído, lo que tú vives y lo que tú haces, tu manera de ser y de estar, no puede ser fruto de un hombre, sino obra de la caridad de Dios en ti y tú lo das.
Antes de ser una fe, una esperanza, una caridad para el futuro, la vida eterna es una exigencia para el presente. Está en el corazón de la realidad más real.
Martes, 29 de mayo
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo