En cristiano

Pasar de largo

28.06.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Nos dice nuestra propia experiencia que los seres humanos no nos agotamos, como los animales, en los que somos y en lo que hay a nuestro alrededor. Podemos tomar distancia respecto a nosotros mismos y reflexionar, juzgarnos a nosotros mismos, ir con nuestros anhelos y deseos más allá de lo que somos llegando a lo que queremos ser. Por eso se produce una tensión entre lo que somos y lo que deseamos, que puede convertirse en un principio de crecimiento, porque nos esforzamos en acercarnos a la verdad que nos hace libres.

Pero también de esa tensión puede surgir una huida ante la propia realidad, una existencia nebulosa, que vive pasando de largo ante las posibilidades y los hechos concretos, ante los encuentros que pueden cambiar nuestra vida. Hay muchas maneras de pasar de largo. Podemos pasar de largo por no interrumpir la marcha que llevamos, un poco superficial y sin mucho sentido. Podemos pasar de largo por dejarnos llevar de lo que ocurre y de lo que nos grita exteriormente. Podemos pasar de largo, y perder lo realmente importante para nosotros, porque nos supone un esfuerzo, una decisión valiente, convencida, firme. Podemos pasar de largo ante lo que realmente es lo importante en nuestra vida por desconfianza, miedo y temor. Sencillamente, pasar de largo, ante lo que nos apremia y necesitamos reconocer Es más, podemos vivir pasando de largo continuamente ante las posibilidades o las dificultades que se nos ofrecen, y que serían una buena sacudida.

Un monje andariego y mendicante se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa y la guardó en su taleguilla, Un día se encontró con un viajero y, al abrir su taleguilla para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, no pasó de largo ante lo que le había ocurrido. Y a los pocos días volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: ahora te ruego que me des algo de mucho valor que esta joya. Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí. Eso es realmente lo importante, la manera de vivir y de ser del monje que tenía conciencia exacta de lo que era valioso.

Se produce en nosotros, como decíamos, una tensión entre lo que realmente puede hacernos bien, darnos paz, y lo que nos parece más inmediato, entre lo que realmente somos y lo que nos llega como reclamo. Nos obnubilamos, nos ofuscamos y confundimos. Enturbiamos nuestra visión. En nuestra anécdota ninguno de los dos “pasó de largo” en la vida. Ni el monje, ni el viajero. Lo que nutre y alimenta la vida es lo que al monje le permitió dar la joya, y lo que al viajero le impulso a volver para pedir al monje lo que le había permitido regalarla con esa generosidad y libertad. Pueden ser muchos los sucesos y acontecimientos que pasamos de largo. O las dificultades, situaciones duras, sufrimientos de los que podemos aprender a vivir. A última hora y de manera concreta es el sencillo momento presente lo que no podemos dejar pasar de largo. Pero, muy frecuentemente, vivimos de tal manera que pasamos de largo ante las posibilidades que se nos presentan para crecer y descubrir la perla preciosa de la que habla Jesucristo en el Evangelio ¿He pensado de verdad, y con todas las consecuencias, cuál es la perla preciosa que merece todo en mi vida?

No pasar de largo quiere decir saber vivir cada momento y a la luz de lo que le da sentido. Me han mandado un cuento: el banco mágico. La idea es que un banco deposita cada día 86.4OO euros en nuestra cuenta particular, con una serie de condiciones. La que lo resume todo es que al final del día no puede quedar ni un solo euro en la cuenta, ni se pueden abrir nuevas cuentas con ese dinero, el dinero no puede acumularse. Sencillamente hay que gastarlo. Cada día el banco deposita la misma cantidad de euros 86. 400 euros y así sucesivamente. El banco puede cancelar en cualquier momento y sin previo aviso el premio. La pregunta es ¿tú que harías? ¿Intentarías aprovechar cada euro? ¿Cómo? Pues el juego es una realidad: el banco mágico es el banco del tiempo. Desde el momento en que nacemos recibimos cada mañana de nuestra vida 86. 4OO segundos de vida para “vivirla” cada día. Y en la noche cuando nos acostamos a dormir, el tiempo que no hemos utilizado ese día, no se acumula para el día siguiente, se pierde por completo. Y cada mañana nuestra cuenta vuelve a llenarse. En cualquier momento puede cancelarse nuestra cuenta. La pregunta es ¿qué hago con los 86.400 segundos que recibo a diario? ¿No son más valiosos que la misma cantidad en euros? ¿Cómo gasto cada “euro-segundo”?

No pasar de largo es saber aceptar las fuerzas que tengo y las debilidades, las posibilidades y los límites. Esta aceptación es lo que fundamenta la sinceridad de la existencia. Aceptarse a sí mismo significa en la persona “no pasar de largo”, sólo así se ejercita la libertad. Porque no solo hay que hacer acciones libres, sino que liberadoras. Saber “gastar” bien mis 86.400 segundos y no vivir una existencia en fantasía, sino desde la realidad concreta de mi vida, con todas sus circunstancias, y ante la mirada de un Padre que mira la superación y el esfuerzo de su hijo.


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