Por Carmen Pérez Rodríguez
Una persona se ha dicho a sí misma, desde su interior conmovido por su encuentro con otra persona fenomenal: tú también puedes ser así. Y siente que le ha cambiado su carrera, su profesión, la vida.
Si crucificas a un cura tienes éxito. Si hablas bien te crucifican a ti. Tengo un problema he conocido a un sacerdote buenísimo. Me cayó muy bien ese cura. Se ha convertido en un íntimo amigo. Te has metido en un lío. Belleza en mitad de lo ordinario. La vida de Pablo merece ser conocida. He llegado a la cima. Quería morir en la montaña. Se murió con 42 años. Tenía alma de niño. Si te puedo ayudar en algo, dímelo. Al Everest no se sube de un salto. Pasito a pasito. Humilde, alegre y sencillo. Tú también puedes ser así. Encuentro impresionante con Dios. La cima más alta: la santidad. ¡Qué de expresiones para abrir la ventana un día como hoy¡ ¿Por qué? Porque me ha inundado un torrente, la película La última cima. Tanto por la vida de un buen cura, como por lo que ha hecho un buen director y un hombre al que le estalla la humanidad. Y también estalla en la conversación que mantuvieron en la sierra de Madrid, para el programa Últimas preguntas, el director de la película y la locutora del programa, Mª Ángeles Fernández.
Sencillamente se siente dentro lo que dice el director: tú también puede ser así, como Pablo Domínguez, un hombre que destacaba por su humildad, alegría y sencillez. Un hombre que tenía alma de niño, como dice el Evangelio. Una vida real, de gran belleza en mitad de lo ordinario, porque lo extraordinario es todo el conjunto de su vida. Un hombre al que conocerle era quererle, sentirse amigo. Y ¿saben? Es verdad, hay muchos Pablos, muchos Juan Manueles, muchos Juanes… Sólo hay que tener capacidad para recibir, ojos capaces de ver y corazón capaz de sentir.
Pablo, sí, ese buen cura, alegre y lleno de vida y entusiasmo que murió el año pasado el 15 de febrero, después de escalar su última cima. Juan Manuel Cotelo, ese director de cine que nos ha conmovido con su película La última cima, y nos dice, de manera sencilla y convincente, que ha aprendido que él también puede ser como Pablo. Pero y ¿Juan? Puede ser el niño que nació para que su madre y él se encontraran con Dios. O Juan Bautista, ¿por qué no?, la voz que clama en el desierto, el que decía que tenía que menguar para que Otro crezciera. ¡Qué lejos nos queda un Juan Bautista¡, pueden pensar muchos. ¿Lejos? ¿Por qué? ¿No es realmente lo que está aconteciendo un día y otro? ¿No es lo que acontece en cada persona que se encuentra realmente con el misterio de Dios?
De Juan Bautista se celebra su nacimiento. Se cuenta con todo detalle incluso su circuncisión. Un nacimiento que está lleno de hechos entrañables tanto por parte de su padre, como de su madre. En las dos escenas que nos relata el Evangelio aparecen dos de las oraciones más queridas y repetidas del rezo cristiano, con toda la sencillez, y profundidad que encierran: El Magnificat y el Benedictus. Todo el acontecimiento cristiano está ahí, maravillosamente expresado: ha hecho en mí maravillas el que es Todopoderoso, pueden repetir los Juanes, los Pablos, y los Juan Manueles. Todos lo podemos repetir por la entrañable misericordia de nuestro Dios. Hace unos dos mis años fue Juan Bautista. Ahora son Pablo Domínguez, un buen cura, Juan Manuel Cotelo un director genial como lo pone de manifiesto en La ultima cima. Y todos los familiares, amigos, sacerdotes, obispos, cardenales, que nos hacen sentir a través de la película, la belleza de la vida, de la amistad, la belleza del encuentro con quien sabe amar, creer, confiar; la verdadera alegría de la vida.
En el fondo, como dice Juan Manuel Cotelo, a la cima más alta, y a la última cima, se sube pasito a pasito. Así se conquista. La vida de Juan Bautista fue como la de todo hombre que se abre al misterio de Dios. Un hombre que conmovió a otros que le siguieron y a los que acompañó y transmitió su experiencia, su propio sentido de la vida. Por ejemplo, Juan y Andrés eran discípulos suyos, y él les mostró a Jesús de Nazaret. Eso es el cristianismo. Hecho que se repite de manera sencilla día a día a lo largo de más de 2000 años. Y ahora gracias al sencillo encuentro de Pablo Domínguez y Juan Manuel Cotelo nos está sacudiendo como un torrente de vida, alegría, de luz, de pleno sentido, a todos los que nos acercamos y nos dejamos sorprender.
Muchos, gracias a estos hombres y mujeres que nos hecho el don de La última cima, hemos vivido en primera persona las palabras de Benedicto XVI en su carta Dios es amor: Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva. Juan Manuel Cotelo dice que el encuentro con el cura Pablo le ha cambiado la vida y es para él un íntimo amigo. Cuando la locutora de Últimas preguntas dice a Juan Manuel. ¿Cuál es tu intención con esta película? La respuesta es rápida: no ha habido intención. Sencillamente he contado lo que me ha pasado a mí. Siento que Pablo me dice: tu también puedes ser así. Sí puedo ser como Pablo, puedo escuchar a las personas, llamar para dar las gracias, estar alegre, ir a visitarles…
La última cima nos ha mostrado a muchos la belleza de la vida humana, y desde luego provoca la misma actitud que dice le director: yo también puedo ser así.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn