En cristiano

El enmarque de nuestra vida: Te amo con amor eterno

23.06.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Necesitamos fidelidad, seguridad, certeza. Alguien rico interiormente y que nos sirva de apoyo. El mayor don es haberse encontrado con personas, que por su sentido de la vida, por su fe, que asume toda la realidad, su amistad supera los daños, temores, debilidades. Se siente que en esas personas hay un punto que está más allá de todo, desde el cual ser renueva constantemente su posición.

Una chica, femenina ella, con toda la riqueza de la condición femenina, le pregunta de pronto al chico de quien se sentía enamorada: Pero ¿me querrás siempre? A lo que el chico, con toda la riqueza de la condición masculina, le contestó: esta pregunta te la contestaré con el tiempo. Tú verás como te la contesto. Deliciosamente femenina ella en su pregunta, y radicalmente masculino él en la contestación.

Nada de hinchazón literaria, ni de retórica sentimental, ni de insinceridad. Parece que hasta da vergüenza decir y creer en esta expresión, que por otra parte tanto necesita la condición humana: te amo con amor eterno. Puede sonar demasiado grandioso, demasiado fuera de la corriente de lo que se vive y proclama la progresía. Pero sigue siendo cierta la necesidad que tenemos de fidelidad, y de que nuestra vida descansa en estas degradadas palabras: amor, fidelidad, amistad, gratuidad. Tienen en sí algo de eternidad, que supera transformaciones, daños, peligros, el tiempo fugitivo. Y que sólo son posibles desde su raíz: un Dios personal que es amor gratuito. La creación, y en concreto cada uno de nosotros, solo tiene sentido en un amor eterno y desde un amor eterno. Anhelamos ese amor eterno, queremos en nuestra vida diaria lo que esos dos chicos se preguntaban y se decían desde lo más profundo del corazón: su necesidad de un amor para siempre, de fe y confianza. Y el realismo masculino: ahora es facilísimo decirte que sí, pero como te quiero de verdad, te contesto con toda la verdad de mi vida; te lo contestaré con el tiempo. Amor eterno que se manifiesta en la fidelidad día a día. Es lo que anhelamos. Su falta es lo que provoca depresión, ansiedad, falta de sentido, falta de interés por la vida.

Recuerdo algunas confesiones en mi vida, -me refiero al sacramento de la confesión- que han sido un auténtico reconocimiento de mi relación con Dios, y un renacimiento. Dos palabras que digo de manera consciente y sopesada. Reconocimiento de mi realidad en la vida, de mi manera de estar en la vida, y un como volver a nacer. No volver a empezar, sino a “nacer”, “a vivir”. Y siempre por cosas sencillas, al alcance de todos, que esos son los sacramentos dados por Jesucristo, en las que en el fondo lo que se siente es el amor eterno de Dios. Eso es realmente la confesión: el sentirse ante El como un hijo. El encuentro del hijo pródigo con el Padre que siempre le espera. Una de estas confesiones ha sido, y no hace tanto tiempo, la que me ha producido la experiencia de lo que estamos hablando. Todo estuvo en la “penitencia” que me propuso el sacerdote: busque durante el tiempo que le pida su corazón, su necesidad interna, textos que en la Biblia le hablen de cómo Dios le ama con amor eterno. Hay que leerlo siempre en presente. Sienta personalmente esa expresión de la Biblia: te amo con amor eterno. Ese ha de ser el marco para encuadrar los textos.

Pues este es nuestro horizonte hoy en la ventana. En momentos duros, cómo se necesita saber esta realidad: te amo con amor eterno. Nuestra vida, la de cada uno personalmente, se fundamenta en el amor eterno de Dios. Sólo así todo tiene sentido. Sólo así puede realmente merecer la pena vivir y entender todo tipo de amor, todo tipo de belleza, todo tipo de bien. Y también el sufrimiento. Cuando Dios creó el mundo lo creó con verdadera grandiosidad. Los conocimientos científicos de los últimos tiempos nos hacen darnos cuenta de ello de modo abrumador. Grandiosidad en lo grande y grandiosidad en lo pequeño. El amor y la fidelidad de Dios están en el comienzo del Génesis: Dios vio todo lo que había creado y vio que era muy bueno. Y fuimos creados a su imagen.

Se que muchos de Vds. comprenden lo que digo y así lo van a acoger. Quiero sentir mi vida, como en la penitencia que, después de mi confesión, me propuso aquel día un sacerdote según el corazón de Cristo, en el marco de la expresión: con amor eterno te amo. O esto es real, o la vida no tiene sentido. No voy a decir las citas pero les aseguro que no me voy a separar ni un momento de palabras que no estén en la Biblia, verán como las reconocen: Yo te conozco perfectamente bien, se cuando te sientas y cuando te levantas. Todos tus caminos me son conocidos. Antes que te formase en el vientre materno, te conocí, porque eres linaje mío. No fuiste un error. En mi libro están escritos tus días. Te saqué de las entrañas de tu madre. En mi vives, te mueves y eres. Deseo derramar mi amor sobre ti. El amor no consiste en que tú me ames, sino en que yo te amo primero. Estoy contigo mucho más que el padre más entrañable del mundo. No se te cae ni un cabello de tu cabeza sin mi consentimiento. Toda cosa buena que recibes viene de mi. Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena de mar. Nunca me volveré atrás de hacerte bien. Te quiero enseñar cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Yo puedo hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pides o entiendes. Como el pastor lleva en sus brazos a un cordero, yo te llevo cerca de mi corazón. Un día enjugaré toda lágrima de tus ojos. Y quitaré todo el dolor que has sufrido en esta tierra. Y nada te podrá volver a separar de mi amor. Vuelve a casa y participa en la fiesta más grande que el cielo ha celebrado...Tengo muchísimas más. Sigan Vds. buscando también.


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