Por Fernando Pascual Aguirre de Cárcer
La palabra “pecado” ha quedado, para muchos, vacía de sentido. No parece correcto usarla porque implica una denuncia, porque nos recuerda que Dios existe, porque exige arrepentimiento.
Pero si Dios existe, si se interesa por las cosas humanas, si somos capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, si tenemos una libertad que nos permite decir “sí” o “no” a lo que Dios nos pida, entonces es posible, es conveniente, es necesario, hablar del pecado.
Una corriente cultural de nuestro tiempo considera que el pecado es una categoría del pasado. Según algunos autores, no somos libres: seguimos instintos profundos, o estamos esclavizados bajo las presiones sociales de quienes están a nuestro lado. De este modo, quien roba, quien calumnia, quien insulta, quien mata, realizaría actos que nos desagradan, pero de los cuales no sería culpable.
La experiencia personal, sin embargo, nos lleva a reconocer que distinguimos con mayor o menor claridad entre lo bueno y lo malo. En nuestro corazón descubrimos que no debemos mentir contra la fama de un familiar, que no está bien cometer un pequeño robo en el supermercado, que dañamos a otros con nuestra indiferencia y con nuestra pereza.
El pecado, además, nos recuerda que venimos de Dios y que caminamos hacia Él. No somos individuos que nacen por casualidad, que viven por inercia y que mueren en el aburrimiento, según las frases de un escéptico del pasado. Somos, más bien, hijos esperados, queridos, creados por un Dios para el que todo lo que hacemos tiene su importancia.
El mundo moderno no puede olvidar esa experiencia humana, que nos duele cuando somos culpables o cuando somos víctimas, del pecado. Sólo cuando lo reconozcamos, tendremos abierto el corazón a ese acto profundo y grande que se llama arrepentimiento.
Entonces, podremos decir, sencillamente, que hemos pecado. Pediremos perdón, haremos un propósito sincero de cambio, aceptaremos la misericordia, y dejaremos así espacio a la acción de Dios que acoge las lágrimas auténticas de cada uno de sus hijos.
Martes, 29 de mayo
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