Por Carmen Pérez Rodríguez
Todos sabemos lo que es el ABC de algo. El “ABC” de la familia, el “ABC” de la enseñanza, el “ABC” de la economía, el “ABC” del trabajo, el “ABC” de la política. Esas tres primeras letras del abecedario que marcan los rudimentos, los principios, la guía, la línea, lo que nos permite adentrarnos, y comprender algo. Eso es el abecedario, los signos del lenguaje, las letras de un idioma.
Pues el ABC del cristianismo es que Jesús de Nazaret, después llamado el Cristo, el Mesías, el Señor, el Señor de Historia, el Primogénito de la Creación ha venido a salvarnos. La redención no es ni una palabra hueca, ni una invención, ni algo accidental, ni una broma. Y la ausencia de esta consideración, de este ABC de nuestra vida es lo que nos hace ir a la deriva y el origen de todas nuestras nieblas y angustias.
La salvación, la redención que se nos presenta en el cristianismo asume toda nuestra manera de ser, nuestra psicología, nuestra personalidad y carácter. Somos hijos en este universo queridos por el Padre y con un camino concreto, con una verdad y con una vida. El ABC del cristianismo es que seamos conscientes de esta gran realidad en cada uno de nuestras etapas y situaciones. Ser cristiano es querer ser persona con todas sus consecuencias, querer la veracidad en nuestra vida.
Las palabras de Pablo, sus imágenes son cercanas: librar la batalla, llegar a la meta, El Señor nos asiste y nos da fuerzas. El que nos redimió sin nosotros no nos salvará sin nosotros. No vivir de este ABC de la vida cristiana: he sido redimida, salvada por Cristo, solo de mí depende vivirlo, da como resultado una fe anémica y sin fundamento, que no nutre la vida. Y cantidad de mentiras sutilísimas invaden nuestra vida, y la oscuridad vence a la luz. No sólo en cosas grandes,- eso ya es evidente como pueden impedir nuestra paz, alegría, esperanza-, sino también en las pequeñas, orgullo, envidia, miedo, vanidad, deseos de obtener ventajas que nos parecen necesarias, falsas lealtades, nuestro querer tener razón a costa de lo que sea, susceptibilidad, miramientos. Todo se puede aliar contra nosotros para no vivir la redención de nuestros sentimientos. Pero en todo esto vencemos con la fe y confianza de que hemos sido redimidos. Todo lo puedo en Aquel que me conforta. El ABC del cristianismo nos dice que la fuerza nueva nos viene de Dios. Y esto no viene de vosotros, les dice S. Pablo a los Efesios, sino que es don de Dios. Aceptémoslo humildemente, somos el hijo que sigue los designios del Padre. Toda obra buena que se realiza se hace bajo el impulso divino. Y esta es la gran realidad de la historia humana se sea o no consciente de ello.
Esto nos centra en la importancia de la humildad, de la actitud ante el Redentor, de las respuestas ante el sabernos salvados, redimidos. No es el: aquí estoy YO. No es lo mismo decir: aquí estoy, que decir: aquí estoy YO. Lo sabe el más elemental conocimiento de la psicología humana. En su manera de decir “yo” juzgamos y sentimos a los demás. Es ese decir sin palabras, pero con toda su manera de ser: aquí estoy YO. Y por contraste la actitud cordial, humilde, sencilla, que dice: aquí estoy, estoy contigo, estoy con ellos. Quizá recordamos las palabras de Jesús en el momento único de su despedida: estoy con vosotros. Pensemos en como sentimos que otras personas en su manera de actuar, de hablarnos, de estar, de mirarnos, de avisarnos, dicen: aquí estoy YO, pero para mirarnos a nosotros mismos como lo decimos. ¿Qué digo, aquí estoy, o aquí estoy YO ? No olvidemos nunca, para vivir nuestra verdadera curación y limpieza de corazón, que se ve más la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro.
Hay una expresión de S. Agustín que nos puede iluminar mucho en el conocimiento de nuestros problemas personales: el mal del demonio es que es infinitamente soberbio y envidioso. El mal, el demonio es exclusivamente espiritual. Fabrice Hadjad comentando esta expresión de S. Agustín dice de una manera muy gráfica que el demonio no tiene ninguna debilidad de la carne, no conoce la fatiga, no es aficionado al alcohol, no se complace en obscenidades, no tiene apetito desordenado por los bienes materiales. Su mal es la soberbia y la envidia. ¡Cuantas formas, aparentemente no claras, de soberbia y envidia germinan en el interior¡ El aquí estoy YO. Pensemos en la soberbia y en la vida en nuestra vida diaria, ante las personas y situaciones que más nos cuesten.
Eso sí: el ABC del cristianismo es que Jesucristo ha venido a salvarnos, Estamos salvados, su resurrección de la muerte, de toda muerte, es la luz en nuestras oscuridades y luchas. Todo lo podemos en Aquel que así nos salva y conforta. Con su ayuda podemos purificar y enriquecer ese YO, para que nuestra vida sea sencillamente un “aquí estoy Señor”. Y se traduzca en una relación con los demás que da vida y alegría.
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Me parece increíble esa manía (por no llamarlo de otra forma) que tienen los cristianos de desvirtuar la realidad, negando al ser humano como tal, demonizando nuestras bajas pasiones así como elevando las "puras". Miren, señores, yo también aspiro a ser persona, mejor cada día si puedo, pero nada tiene que ver con DIOS, en absoluto. No me habla al oído ni conozco a nadie a quien hiciese tal favor. Sólo testimonios de épocas pasadas en las que ninguno estuvimos presentes para ver y juzgar por nosotros mismos, sin los empañamientos y mentiras de la EMPRESA de la "Santa" Madre Iglesia, cuyas vergüenzas(históricas y actuales)tratan, como siempre, de tapar y esconder, juzgando, y moralizando cuando el espejo en que se miran ya no puede albergar más suciedad y basura, podredumbre. ¿Cristianos? Cuántos males causan con su intolerancia y sus golpes de pecho: NO AL CONDÓN, NO AL MATRIMONIO GAY, NO AL ABORTO, NO A LOS VICIOS, amenazando con la eterna condenación. Claro: SIN MIEDO, NO HAY FE.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
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