En cristiano

¿Qué soy capaz de recibir? y ¿de qué estoy lleno?

15.06.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez

Las empresas, los partidos políticos, los sindicatos, los bancos, las compañías de seguros todos buscan palabras maestras, palabras que “tengan tirón”, que señalen valores. Pensamos en valores vitales, económicos, afectivos, estéticos, sociales. En realidad no puede pensarse en valores morales como categoría específica. Si lo pensamos, la moral, sencillamente, no es un mundo aparte, distinto, separado. Cada una de nuestras acciones es lo que analizamos desde un punto de vista moral. La moralidad es la bondad o maldad de esas acciones.

Es difícil pensar en un ser humano carente de valores. El ser humano necesita recurrir siempre a los valores, aunque no le atribuye igual importancia a cada uno de ellos. La realidad es que en el fondo cada uno nos construimos de manera consciente o inconsciente nuestra propia jerarquía de valores. Y nuestras ideas, acciones, decisiones, testimonian nuestras preferencias. Indican nuestras aspiraciones y lo que cada uno considera un bien a realizar. Es verdad que una cosa son los valores proclamados y otra los vividos.

La palabra valor, dice Louis Lavelle, se expresa en todo aquello que tiene que ver con una elección, con la ruptura de la indiferencia o igualdad entre las cosas. Está en todo aquello en que una de estas cosas la situamos primero, la juzgamos como superior. Se vive de lo que es valioso para cada uno. Porque cada uno tiene sus propios valores, su conjunto de principios o de creencias edificados por nosotros mismos y que nos sirven de línea de conducta a la hora de tomar decisiones. Los valores nos ayudan a formar nuestra propia percepción del bien y del mal, a dejarnos influenciar en nuestra manera de pensar, sentimientos, acciones.

¿Yo realmente que considero valioso en mi vida? ¿Qué soy capaz de recibir, de reconocer? Vivir consiste en tener abiertas las manos para dar y recibir lo que merece la pena, lo valioso. Ser plenamente uno mismo, hacer pie en uno mismo, no es de ninguna manera llenarse de si mismo. Somos seres que recibimos la existencia, como todo la Creación. Y, los seres humanos, seremos más plenamente nosotros mismos, veremos que nos realizamos, sintiendo la capacidad que hemos de hacer en nosotros para ser inundados por Dios. Ser inundados como se inunda de luz cada mañana y de estrellas la noche, como se recoge la naturaleza en invierno y rebrota en cada primavera. Pero en nosotros, siendo conscientes, y abriéndonos libremente a esta capacidad. Comentábamos un día la real y profunda vivencia de Santa Catalina de Siena en su relación con Dios: Para ser plenamente tienes que hacerte receptáculo. Hazte capacidad y yo me haré torrente. Irme haciendo en mi vida, con todo lo que me ocurre, capacidad que se va inundando con el torrente de Dios. Porque, seguimos con Louis Lavelle, no se puede dar al otro lo que no es capaz de recibir. Vivir con el corazón abierto para que nos inunde el torrente de su amor.

¿De qué me lleno? ¿Qué recibo corrientemente en mi vida? ¿Cuál es mi abundancia? ¿Cuáles son mis sentimientos más frecuentes? ¿Por qué me siento movido? ¿De que estoy realmente lleno? De la abundancia del corazón habla la boca. Nuestras preguntas, intereses, interpretaciones de la realidad, contestaciones son la traducción de los valores vividos. Me puedo alimentar de comida carroñera, cebarme tranquilamente y hasta estar en un fango que creo acogedor. Es tremenda la negación que hacemos del amor de Dios, y así desconocemos nuestra capacidad. Una y otra vez, ante cada situación, de la índole que sea, de falta de fe, de esperanza, de comprensión, de juicios duros y desconfiados, podemos oír en nuestro interior: Hazte capacidad y yo me haré torrente.

Jesucristo, el siempre conocedor de nuestra naturaleza humana, y de lo que realmente necesitamos y nos puede llenar, se dirige siempre a nuestro interior. No nos plantea nuestra situación diciéndonos simplemente que tenemos que aceptar al que nos incomoda, al que nos cae mal, viéndolo desde fuera y desde la actitud del otro. Va a nuestro interior. Nos dice que primero quitemos la viga de nuestro ojo. Va a nuestra capacidad, a ese interior nuestro que El quiere inundar con su Espíritu. Antes de acercarte al altar mira si tienes algo contra tu hermano, no mires lo que el hace, sino lo que tu tienes en tu interior. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno.
Estamos dormidos y lo poco que nos despertamos miramos a los dormidos. Yo no reconozco y quiero que me reconozcan. La actitud clave es ¿De que estoy lleno? ¿Qué soy capaz de recibir? Es tremenda la negación que hacemos del amor de Dios. No veo las llamadas al amor que recibo, a la fe, a la esperanza, a la bondad. ¿No tienes fe? Me pregunta el Señor. En lugar de sentirme como Catalina de Siena y Teresa de Jesús, habitada en mi interior, capacidad para el torrente que puede inundarme, me lleno de…, .me haga capacidad de….¿Por qué no soy capaz de recibir lo que Dios quiere darme día a día y momento a momento?


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 29 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Junio 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930   

    Sindicación