Por Carmen Pérez Rodríguez
Algo muy concreto: la experiencia real de en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros. Todo centrado en el corazón de un hombre llamado Jesús de Nazaret que se proclamó el Hijo de Dios.
La anchura y la longitud, la altura y la profundidad son las imágenes de S. Pablo para expresar el amor de Dios. La experiencia de un hombre verbalizada así: la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. Amor que realizado, vivido por El, tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros.
El amor de Dios expresado en esa forma inconcebible y única de hacerse hombre, uno como nosotros, y entregarse por nosotros. Nacer, vivir, morir y resucitar por el hombre, por cada uno de nosotros. ¿Más amor que en la creación? Donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. No hay medidas en ningún momento. Y por eso la Iglesia clama: Oh feliz culpa que mereció tal Redentor. No existe situación que no haya sido redimida por Jesucristo.
Hay cantidad de anécdotas en las que el amor es el inicio de todo. En el siglo XVIII Persia estaba gobernada por un rey turcomano, Kurre em Kham, un buen rey. Un día fueron robados y matados unos hombres bajo las mismas murallas de la capital de su imperio. Se tardó en descubrir el hecho pero al fin se encontraron a los ladrones y asesinos y se les castigó con la pena de muerte a pesar del empeño de sus parientes y amigos. Entre los autores del hecho había un chico de unos 20 años. Un anciano se acercó al rey y le pidió permiso para hablarle: Es justo que estos criminales mueran. Yo no soy un criminal pero le pido a mi rey la vida de mi hijo. Fue seducido a cometer el crimen. La justicia reclama su vida, el no ha sabido vivir. Yo me ofrezco a morir en su lugar. Ten misericordia y acepta mi vida y perdona a mi hijo. El rey no podía perdonar al criminal, porque sus leyes no lo contemplaban así: había habido homicidio. Pero vio la oportunidad de mostrar a su pueblo el amor paterno y aceptó la propuesta.
Quizá a muchos de nosotros nos vienen al corazón las continuas parábolas y los ejemplos que ponía Jesús de Nazaret a sus contemporáneos: el hijo pródigo, la oveja perdida, la moneda extraviada. Todo centrado en la manera como nos enseñó a orar: cuando queráis orar decid: Padre nuestro. Un Dios que viene a expresarnos cual es nuestra relación con El: la de la filiación.
Siempre el amor del padre va primero. Estaban dos hermanos hablando entre ellos, un chico y una chica de unos 30 años. El chico que era el mayor, llevaba ya una temporada muy mala con muchas dificultades y problemas de todos los órdenes, y sencillamente no tenía ganas de vivir. En un determinada momento la chica le preguntó ¿Tú te estás dando cuenta de lo que te quieren nuestros padres? ¿Tú no eres consciente de la cantidad de amor y ternura que despiertas en ellos? A mi me está impresionando mucho verlo durante todo este tiempo. ¿Y sabes de que he me dado cuenta? De que lo importante no es que tú les quieras o no a ellos, sino de cómo te quieren ellos a ti. Todo esto me está haciendo, a pesar del dolor que estamos viviendo, un bien enorme. He aprendido, tocándolo, lo que recuerdo que una vez me dijo una persona, y que entonces, sencillamente, sólo me pareció algo más o menos bonito, o una frase que repiten algunos curas en las homilías: lo importante no es que nosotros amemos a Dios, lo importante es que Dios nos ama nosotros.
La conversación de estos dos hermanos fue el inicio de algo muy vivo para los dos y para los que lo “hemos visto y oído”. Los dos han descubierto en el camino en que están y qué es realmente la vida: haber descubierto que El nos ama primero. Nos ama antes, “ahora” sea el “ahora” que sea, y después. Pase lo que pase Dios es amar para cada ser humano. La vida es responder a este amor.
Ciertamente hay hechos concretos en la vida que nos hablan lo mismo que S. Pablo. O vivimos de esta gran realidad de la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo que excede a todo conocimiento o no tiene sentido la vida. En nuestra capacidad y libertad está el que lo pensemos, que nos abramos, que lo reconozcamos, que nos convenzamos que lo importante, importante de la vida, es que Dios nos ama, que el nos amó primero. Con eso, con la fuerza de su amor, con el convencimiento de este sentirnos amados, a vivir.
Y acabamos con la experiencia de Juan, el evangelista. La experiencia que, sin saber exactamente la procedencia, le recordaba la chica a su hermano: en esto se mostró el amor de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Por la fuerza y el convencimiento de este amor Agnes Gonxha Bojaxhiu, fue Teresa de Calcuta. Así lo vivió. Al preguntarle ¿Cuándo descansa? Contestó: descanso en el amor. ¿Cuál es el lugar del hombre? Dijo: donde sus hermanos lo necesitan.
Si nos sentimos amados no se sabe de que seremos capaces.
Martes, 29 de mayo
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