Por Carmen Pérez Rodríguez
¿Quién de nosotros no ha sentido el arañazo de una mirada sarcástica, agresivamente burlona, la ironía mordaz y cruel con que, de manera consciente o inconsciente se nos ofende y maltrata? Y ante cuestiones como puede ser la Iglesia, el Papa, nuestras celebraciones en torno la Eucaristía, los Sacramentos. Y en este último tiempo por hechos muy concretos, y por los sacerdotes pederastas. Por eso abrimos la ventana, precisamente hoy, y en este tiempo de tantas celebraciones y vivencias, con este tema: la última bienaventuranza.
Así se llama un artículo que ha escrito Fabrice Hadjadj en L´Osservatore Romano. Fabrice Hadjadl filósofo y dramaturgo, colaborar de Le Fígaro. Me ha gustado tanto que lo he difundido y lo he comentado con muchas personas. La fecha en que salió es el domingo 2 de mayo de 2010. Ciertamente ningún creyente puede ser ajenos a la tormenta que está arrollando a la Iglesia, y que este pensador, convertido, hace relativamente poco al catolicismo, la vive desde la última bienaventuranza. Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Perseguidos por la justicia, porque en el fondo del corazón sabemos todos lo que es la justicia, la ley natural y universal para todos, lo que realmente es bueno, noble, y digno para el ser humano, aunque luego las ideologías, y los intereses, lo olviden a la hora de legislar en la sociedad y de los proyectos educativos.
Los crímenes cometidos por sacerdotes no pueden más que suscitar horror. El Papa Benedicto XVI lo ha subrayado con palabras terribles que, por las continuos ataques que se le hacen, no han tenido casi eco, y se oscurece y manipula su actitud y respuesta. En la carta a los católicos de Irlanda dice: hay que actuar con urgencia para contrarrestar estos factores que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de la víctimas y sus familias y oscurecido la luz del Evangelio como no lo habían logrado ni siquiera las persecuciones.
Brota de nuestra condición de familia, de hijos, llorar nuestros pecados porque cuando los cristianos no luchamos contra las tinieblas nos convertimos en los peores cómplices y caemos más bajo que un perseguidor pagano. El bien cuando se corrompe es el peor mal que puede existir. El amor prostituido, asesinado, es el odio. La envidia y el odio van siempre unidos, se endurecen y fortalecen recíprocamente. Pero nunca podemos olvidar que el amor de Dios es más grande que el pecado, que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia, y la exclamación de la Iglesia: Feliz culpa que mereció tan Redentor. Por eso nos recuerda el autor del artículo, las sorprendentes palabras del sermón de la montaña. Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Tenemos que alegrarnos de la persecución, porque nada es un obstáculo para el amor y la misericordia de Dios, sino el espacio mismo en el que se puede realizar la radicalidad del testimonio, es la ocasión de vivir realmente de la caridad, del amor de Dios ante el perseguidor.
Fabrice Hadjadj señala motivos para alegrarnos incluso en este linchamiento mediático. Los medios más antipapistas se transforman a su pesar, en apologistas de la fe. El sentirse obligados a enfangar a toda la Iglesia, a todos los sacerdotes, a deformar los hechos, a falsear la información, es la prueba de que, en realidad, no tienen mucho que reprocharles. La irracionalidad de su reacción juega en su contra. Después de todo cuando el Papa habla, el no creyente, no se tendría que preocupar. Podría decir que el tema se refiere sólo a los católicos atrapados en el oscurantismo y en la rigidez. Pero al contrario, se enervan como si la voz del Papa les tocara personalmente. O sea que el no creyente no es lo tanto. Es como si necesitaran de un testigo universal, y se despertara su instinto del magisterio, de la paternidad espiritual del Santo Padre.
Si las violencias sufridas por los niños nos parecen tan graves ¿cómo no reconocer en ello la impronta del Evangelio? Ante todo lo que ocurre en las diferentes sociedades: abortos, abusos, someter a los niños a trabajos, destruir su identidad, desconocer la riqueza de la naturaleza humana en todos los sentidos, Cristo tiene extraordinarias palabras de las que la historia va sacando sus consecuencias: Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos; ¡Ay de quien escandalizare a uno de estos pequeños...! El niño es el símbolo por excelencia de la sencillez, de la necesidad y relación con el padre, de la perfección de la vida espiritual. De ahí el respeto y la profunda atención que requieren. Pensemos en toda la grandeza y riqueza humana que puede ser vivir de manera auténtica el niño y toda la familia el sacramento de la Primera Comunión, Escandalizados por el mal acuñado en el término “pederastia” se muestra la buena influencia de lo cristiano.
Los que se escandalizan de que esos hechos haya sido cometidos por sacerdotes, es porque tienen el instinto de la dignidad especial del sacerdocio. Sus ataques son una contribución involuntaria al Año sacerdotal y un homenaje a la altísima vocación de pureza del sacerdote. Todo puede contribuir realmente al bien de los que aman y sirven a Dios porque puede servirnos de una gran purificación y una gran llamada a lo que realmente es ser Católico, Miembro de un movimiento concreto, Consagrado, Sacerdote, Religioso, Monje, Obispo, Cardenal, Papa.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn