Por Carmen Pérez Rodríguez
Esta ventana de hoy es para alegrarnos.
Cuando vivimos una buena relación personal vemos todo de otra manera. Es verdad que el yo significa lo peculiar, lo característico, las cualidades, disposiciones, posibilidades. Pero también las respuestas dadas, los límites, defectos, carencias.. El “yo” no se realiza sin el “tu”, sin el “nosotros”, Somos seres en diálogo que dice Martín Buber. La relación yo-tu es profundamente significativa en la vida humana. En lo interpersonal se da la verdad del encuentro. Las relaciones humanas marcan un sentido, una dirección en la vida, dan una claridad en el camino de cada uno y una vitalidad para caminar. Estamos en un mundo real en cuanto estamos en un mundo de significación, y todo tiene sentido porque somos seres “religados”. La religación, una expresión de Zubiri, es constitutiva del ser humano, es nuestra esencia más íntima. Somos seres religados y tenemos capacidad, por nuestro espíritu, de adquirir plena conciencia de nuestra religación.
Nada de lo humano es ajeno a la Iglesia de Cristo. No puede serlo. Pues todo esto, sencillamente para comprender que nacemos de un Amor creador, que no somos hijos póstumos, sin padre, sin madre, sin familia. La vida sólo tiene sentido si así lo vivimos. ¿Qué significan los valores humanos, fidelidad, generosidad, autenticidad, honradez, respeto etc. sin una común medida que les dé el valor con la que sopesarlos? Precisamente, por mi relación con Dios y con los demás hombres, adquieren sentido los valores. Cary Grant, el gran actor, dejó a su hija Jennifer una carta de despedida conmovedora que suena a lo que estamos diciendo. Es la carta de un padre que, en esos últimos momentos de vida, siente sabiamente el sentido del bien, y quiere transmitírselo a su “amadísima hija”, como comenzaba la carta. Le decía: vive tu vida plenamente, sin egoísmo. Se comedida, respeta el esfuerzo ajeno. Esfuérzate por lograr lo mejor y el buen gusto. Mantén el juicio puro y la conducta limpia. Da gracias por los rostros de las personas buenas y por el dulce amor que hay detrás de sus ojos, Da gracias por las flores que se mecen al viento, por todo lo bueno. Un breve sueño y despertaré en la eternidad.
No somos hijos póstumos. El me conoció y se entregó por mí, dice S. Pablo. Cristo en su calidad de hombre, con su humanidad es lo que vino a decirnos. El acto de entrega de Jesucristo en la Eucaristía pone de manera sensible ante nuestros ojos esta gran realidad. Así se siente plenamente la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo. Es la manera de hablarnos Dios, de comunicarse con nosotros. Su acto de entrega atraviesa toda la vida temporal de Jesús de Nazaret. Como dice el Papa, no soy un hijo póstumo cualquiera, alguien situado fuera del cono de luz, sino que existe una relación personal conmigo que tiene su anclaje más profundo en el acto de entrega de Cristo en su Encarnación, vida, sufrimiento, muerte, resurrección y todo esto es una realidad que se vive en la Eucaristía.
El Congreso Eucarístico Nacional que se va a celebrar en Toledo es un acontecimiento que nos puede significar de manera sensible todo lo que venimos diciendo de nuestra ser religados, ser hijos y de la necesidad de vivir de un encuentro con Quien da sentido a nuestros pasos, relaciones, valores, esfuerzos. A nuestra estar y vivir de la Iglesia y en la Iglesia. No somos hijos póstumos, sino hijos que viven en la gran familia que es la Iglesia. La Iglesia que convoca a los que están reunidos con El, los que pertenecen a Dios y saben que El está entre ellos. Cómo Dios juzgue, reciba, acoja a los que están fuera de la Iglesia, El lo sabe. Pero el que ha creído en Cristo no puede separarlo de su divinidad, de su manera de entregarse en la Iglesia a a través de sus sacramentos. El cristiano que tiene fe, está totalmente convencido de que Dios no vive en la piedra, es un Dios vivo, un Dios personal, un Tu que se encuentra con el yo del hombre. El auténtico templo son los seres humanos en los que El vive y le pertenecen, celebran juntos el Misterio de la fe.
Ya desde ahora, ante lo que prepara la Iglesia de España en este momento crítico de crisis en todos los sentidos, porque la raíz está enferma, es un buen momento de renovación y de encuentro, que puede servirnos para sentir que Jesucristo nos da todo aquello que anhelamos, y necesitamos. El nos muestra, de una manera humana y sensible, que no somos hijos póstumos, El permanece siempre con nosotros. Vivimos en familia, en un pueblo de Dios que sabe adonde camina, a pesar de todas nuestras deficiencias, errores y pecados.
Dios ha venido al mundo para mostrarle la verdadera humanidad, para mostrarle el camino y difundir la vida y la verdad.. Sin esta fuerza la historia sería una catástrofe, sin puntos cardinales. Por esta luz el hombre es capaz de vivir sus relaciones con los demás y adquirir la plenitud de su cualidad humana. A Dios lo podemos imaginar como lo conocemos a través de Jesucristo. Quien me ve a mi, ve al Padre.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
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