Por Carmen Pérez Rodríguez
Es el número de un prisionero en los tremendos campos de concentración. Eso eran los prisioneros “un número”. Y “este número” 119.104, puso de manifiesto lo que realmente es el hombre que escribió un libro para comunicárnoslo. Un libro muy fácil de leer por cualquiera y en cualquier edad. Lo leen sin dificultad chicos de 4º de la ESO, El hombre en busca de sentido. El informe del prisionero nº 119.104. El relato trata de sus experiencias como prisionero común, lo que dice con orgullo. No estuvo trabajando en el campo como psiquiatra, ni siquiera como médico, excepto en las últimas semanas. Los sucesos que describe no se refieren al sufrimiento y muerte de los grandes héroes y mártires, al sufrimiento de los poderosos. Se refiere a los sacrificios, crucifixión y muerte de la gran legión de víctimas desconocidas y olvidadas, prisiones normales y corrientes, que no llevaban ninguna marca distintiva en sus mangas. Solamente su número de prisionero.
Él era el número 119.014. Y este hombre nos transmite su experiencia de una manera profundamente vital, conmovedora, clara y rotunda. Por eso afirma que vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea, y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo. La última de la libertades humanas, la libertad esencial, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas, o complejas que sean las circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo salvo la última de las libertades humanas, la de decidir su propio camino, dar su propia respuesta personal. Y es precisamente esta libertad, que no nos puede ser arrebatada, la que hace que la vida tenga sentido y propósito. Esa libertad existe incluso ante la más grave de las crisis, el dolor, el sufrimiento y la muerte. El hombre determina si ha de entregarse a las situaciones o hacer frente a ellas. El hombre es el ser que se hace a si mismo, el decide, en el ahora, cuál será su existencia y lo que será al minuto siguiente.
Lo impresionante es haber leído estas afirmaciones directamente en el análisis de su propia experiencia, en el libro del ser humano que está detrás del número 119.104, no como lo estamos haciendo ahora. Lo que el mundo entero ha aprendido de este número 119.104¡. El número de un prisionero más que estuvo en cuatro campos de concentración donde murieron sus padres, sus hermanos y su primera esposa. Esta fue su respuesta, porque de cada uno depende no ser nunca “un número más”. Por su condición de judío, en 1942 fue apresado por los nazis, junto con su familia, su esposa y sus padres. Después de estar en cuatro campos de concentración Theresienstadt, Auschwitz , Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau, fue liberado por el ejército americano en 1945. Su esposa y sus padres fallecieron en los campos de concentración.
A los 25 años era doctor en Medicina, se especializó en neurología y psiquiatría. Desde muy joven mantuvo contacto con Freud, pero se aparto más tarde de la corriente psicoanalítica. Siguió entonces la psicología individual de Adler. Pero después formó su propia escuela. Ocupó la jefatura del departamento de neurología de Hospital Policlínico de Viena. Hasta los 85 años dio clases en la Universidad. Impartió cursos en cinco universidades de Estados Unidos y recorrió buena parte del mundo para dar conferencias. Era también doctor en Filosofía y recibió 29 doctorados Honoris caus. De sus 32 libros traducidos a 26 idiomas, se han vendido en total varios millones de ejemplares. Murió el año 1997 en Viena, su ciudad natal, a los 92 años. Este hombre se llama Viktor Frankl y es el creador de una psiquiatría abierta a la trascendencia. Con su experiencia, con su logoterapia, ha ayudado y sigue ayudando a miles y miles de personas a encontrar sentido a la vida. Al observarse a si mismo y a los otros presos, vio que las personas en situación de sufrimiento extremo pueden desesperarse y degradarse o, por el contrario, sacar lo mejor de si mismas. Repetía constantemente la sentencia de Nietzsche: cuando hay un por qué vivir, se soporta cualquier como. Sí, quien tiene un por qué para vivir encontrara siempre, si quiere, el cómo.
Viktor Frankl un hombre, que como dice su discípula Elisabeth Lukas, vivía lo que decía y decía lo que pensaba, que oponía a una sociedad orientada al rendimiento y al consumo una filosofía que predica que “la vida tiene un sentido”, y que el ser humano es el único ser que tiene el privilegio de preguntarse por este sentido. La vida, la experiencia, la obra, el método de Viktor Frankl se sumerge en el dolor y en la esencia del sufrimiento humano llevado hasta el límite. La educación debería impulsar en los jóvenes un proceso de descubrimiento del sentido. El sentido no puede ser dado porque el sentido hay que descubrirlo. Cuando el ser humano encuentra un sentido, entonces y sólo entonces, es feliz. Pero, por otra parte, también entonces es capaz de sufrir. Nada capacita más a un ser humano para soportar o superar penas subjetivas o dificultades objetivas que el sentir una misión. Todo esto es inconcebible sin nuestra apertura a la trascendencia. Les recomiendo leer primero El hombre en busca de sentido. Y después Viktor Frankl El sentido de la vida. Ciertamente es una experiencia irreversible. No es que mires al mundo cambiado es que has cambiado. Leer las páginas esenciales de este autor es tocar el tuétano de nuestra existencia (Alex Rovira)
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
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Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn