En cristiano

Quien no reconoce tiene otra imagen

07.05.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Quien no sabe reconocer tiene otra imagen, otra visión más limitada y cerrada. Más encasillada en las propios problemas y medidas, dificultades y egoísmos. La clave real es procurar primero “reconocer”, porque estamos llenos de nuestras propias razones, de nuestros propios esquemas. Reconocer supone abrirse al otro, abrirse a la realidad. Es así en todas las cuestiones de la vida humana.

Y también así en nuestra relación con Dios. Jesucristo presenta su reino como un reino de amor, no de fuerza, un reino para los que necesitan misericordia, para los sencillos, y humildes, para los que quieren ser de condición justa, veraz y agradecida. No un reino de dominio, poder e imposición. No quiere forzar los corazones quiere que se le reconozca por la fe en los gestos que El hace. Se deja buscar y encontrar por los que confían en El. ¿No queremos en el fondo de nuestro corazón también esa fe y confianza de los demás hacia nosotros?

Quien no reconoce signos de Dios, concretamente sus milagros tiene otra imagen de Dios. Sólo a través de sus signos, de sus señales podemos percibir los proyectos del plan divino. El Congreso Eucarístico que se va a celebrar en Toledo nos lleva a fijarnos en la gran realidad de amor que en el plano divino supone la Eucaristía en cuando celebración y en cuanto Presencia continua entre nosotros. Y quien no reconoce la Eucaristía como el más grande y el más sublime de todos los misterios o sacramentos, tiene otra imagen de Dios. Un acontecimiento puede tener un alcance profundo y estar enlazado, concatenado con toda la realidad. Eso sucede con el milagro de la Eucaristía. La Eucaristía tiene una profundidad inconmensurable.

La presencia real no es una vaga metáfora, insiste Newman. Cristo, que murió y resucito por nosotros, está presente en ella en la plenitud de su muerte y de su resurrección. Se denomina “espiritual” su Presencia en este Santísimo Sacramento, no como si “espiritual” fuese sólo un nombre o un modo de hablar, y en realidad El estuviera ausente. Sino como una manera de expresar Quien está allí presente y que no puede verse, ni oírse. Y que ninguno de los sentidos le puede enfocar o verificar. No está presente de una manera carnal, aunque está realmente presente. Aquella maravillosa oración del gran pensador Tomás de Aquino: te adoro con fervor Dios que estás bajo estas formas escondido. Se engaña en ti la vista, el olfato, el gusto. Pero Tu Palabra engendra fe rendida. No hay verdad como la verdad divina.

Cuando Newman se hace católico dice que no había podido imaginar el consuelo inefable de estar en la misma casa con Aquel que curaba a los enfermos y enseñaba a sus discípulos. Tampoco puede concebir la imponente delicia de dar culto a Dios en su templo. ¡Cómo se ve indeciblemente fría la idea de un Templo sin esa Presencia Divina¡ Uno está tentado de preguntar ¿pero qué significa, cuál es su utilidad? La presencia personal de Cristo en las iglesias y capillas católicas es un tema constante en las cartas de Newman durante los meses que siguieron a su conversión.

Me ha gustado mucho la respuesta del entonces Cardenal Ratzinger al periodista Peter Seewald ante su pregunta de si son reales los milagros y si cualquier intervención de Dios es, de por sí, un milagro. Contestó que no cabe extraer recetas baratas. Pero tampoco se debe ser un sabiondo racionalista, ni pretender prescribir a Dios lo puede hacer. Cuenta la relación entre un teólogo evangélico, Adolf Schlatter, un hombre muy creyente y Harnack, el gran teólogo liberal. La Iglesia evangélica quería compensar un poco el liberalismo de Harnack y llamó a Schlatter. La colaboración entre ambos fue buena. En una reunión alguien aludió a las diferencias de opinión entre ambos teólogos. Harnack replicó: a nosotros dos, al señor Schlatter y a mí, en realidad sólo nos separa la cuestión de los milagros. A lo que Schlatter le interrumpió de inmediato exclamando: no, la cuestión divina. Porque la cuestión de los milagros plantea la cuestión divina. Quien no reconoce los milagros tiene otra imagen de Dios. Según Benedicto XVI eso es dar en el clavo. Se trata de que Dios, sigue siendo Dios. Y que de la forma que quiera, y sea buena para el mundo, cuando El desee, puede seguir manifestándose en el mundo como Creador, Señor, Padre, Amor de los amores. ¿Quién puede poner dificultades, límites, medidas a este “amor hasta el extremo” del Dios que se hace hombre en Jesucristo?

En la Eucaristía se percibe el plan divino sobre los hombres. Jesucristo habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo. Ahora lo decimos en afirmativo: quien reconoce la Eucaristía tiene una imagen del Dios que ama y redime, del Dios que muestra la alianza más santa e íntima que ha acontecido. El misterio debe subsistir con toda su densidad. Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahveh se nos dice en Isaías. No queremos preguntar el “por que”, sino sencillamente “lo que es”. Sintamos el gozo y la alegría del misterio de fe. Y preparémonos con gozo plena, con confianza, a vivir este Congreso Eucarístico Nacional.


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