Por Carmen Pérez Rodríguez
La famosa pregunta de Pilato ¿qué es la verdad?, fue buenísima y lo sigue siendo. Es una formidable pregunta. Nos ha apasionado a los hombres desde tiempos antiguos. Los más inmediatos a nuestra cultura: los filósofos griegos se la hicieron muchas veces. Las respuestas están ahí en lo que llamamos la historia de la filosofía.
Nosotros nos la tenemos que hacer de vez en cuando. Y hacérnosla en situaciones concretas. Por ejemplo ante lo que se nos ofrece, en medio de lo que nos pasa, y también por nuestras actitudes ante determinadas personas. En esta ventana les conté que la verdad para un chico que estaba en el Hospital de Parapléjicos por un accidente, era “su madre 51 días a la cabecera de su cama”, y desde esa experiencia nos hicimos amigos, y nos entendimos ya siempre. Yo no se como lo preguntaría Pilato, cual era realmente su actitud interna. Las interpretaciones a los largo de la historia han sido de lo más variadas. Pero en el fondo, desde luego, subyace la gran cuestión ¿Qué es la verdad?.
A mí lo que me parece tremendo, y me suscita un análisis de mi misma, es que lo malo para él fue que hizo esta pregunta ante la mismísima Verdad, ante la Verdad viva. Vamos, como el que tiene sed, está ante un rico manantial de agua fresca, y pregunta dónde hay agua para beber. Mi gran problema es no reconocer y no ver. Y esto es debido a mi dureza de corazón y mi poca fe. Como también les pasó a los mismísimos discípulos de Jesús que habían comido y bebido con El, y no acababan de comprender su presencia como Jesucristo Resucitado. Para sacudirles les hace preguntas tan sencillas como si tenían algo que comer. Y les recrimina como una padre a sus hijos, o un amigo a sus amigos íntimos: ¡Cuántas veces he tenido que reprocharos vuestra dureza de corazón y vuestra poca fe¡ ¿Hasta cuando vais a seguir así? Esta exclamación y está pregunta va dirigida a muchos de nosotros. Seguimos siendo los mismos y no queremos creer en la verdad aunque estemos ante ella. ¿De que la disfrazamos?
La dureza de corazón y la falta de fe son el obstáculo para la verdad. Podemos estar ante la mismísima verdad y no verla. Y preguntar ¿qué es la verdad? desde las más diversas situaciones de desconfianza, cinismo, ironía, frivolidad, resentimiento, envidia, raquitismo intelectual…, la lista es de lo más variada. Si lo pensamos seriamente nos damos cuento de que no podemos vivir sin la verdad. Siempre se está en la verdad, o se cree estar en ella, o se la busca, o se siente uno mal porque no está en ella. Cada uno en su campo busca la verdad. Todo lo que realmente podemos hacer en la vida es una exigencia de la verdad o de su búsqueda en el campo que sea. ¿Por qué esa postura absurda y falta de razón de que la verdad somete; de que es integrista, facha, reaccionario hablar de la verdad? Lo que destruye la libertad es el error. ¿Somos menos libres cuando vamos por el camino correcto que cuando vamos por el camino equivocado? La verdad más profunda y radical es sencilla. Es la que siempre está a la mano, Lo extraño es que le volvamos la espalda. Y esto es lo que nos hace inseguros, violentos, carentes de autoestima, mirar de reojo, vivir a merced de los demás y de “lo demás”, sea quien sea y sea lo que sea.
Es un hecho que hay verdades a las que sólo es posible llegar con una vida buena, con una rectitud de corazón, no con dureza de corazón y sin fe. Claro que hay personas mediocres o inmorales que pueden descubrir verdades científicas o crear una obra artística. En realidad, dice un escritor, esas obras son como pepitas de oro entre el fango. Nadie puede dar lo que no tiene. Hay verdades que solo pueden ser descubiertas mediante la vivencia de una vida limpia, abierta, honrada. Esta es acaso la razón por la que la expresión de muchas verdades resulta incomprensible. La cuestión es la pregunta eterna, y la actitud de dureza de corazón y poca fe.
¡Que curioso¡ Unos a otros nos acusamos de mentirosos. Otros se preguntan, no se si como Pilato, ¿y qué es la verdad? Lo hacemos a veces de manera colectiva y otras de manera personal. Y podemos adoptar una postura ambigua. ¡ “Nos lavamos las manos” ante tantas situaciones¡. Un pensamiento débil no resiste la verdad. La verdad se vive, se construye, se recrea. Todos en nuestra vida podemos vivirla, construirla, recrearla o por el contrario oscurecerla. Todo está sintetizado en esa expresión tan genial de Teresa de Jesús, vivir en verdad. Teresa de Jesús, la gran enamorada de Jesucristo camino, verdad y vida. Preguntemos como Pilato a Jesucristo, pero con fe, confianza y corazón humilde y abierto: ¿Qué es la verdad?. Porque El vino para dar testimonio de la verdad, para eso nació y para eso vino al mundo. Y todo el que es de la verdad escucha su voz.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
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