En cristiano

No es la misma unidad de medida

09.02.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez

Pues es verdad, No es la misma unidad de medida. Decían unos padres que se admiraban de una afirmación que se hace corrientemente: esto me ha costado más penas que alegrías, o al contrario. Ciertamente no es la misma unidad de medida. No es como, por ejemplo, en las medidas de capacidad o de longitud. Más litros de alegría, menos litros de pena. Mas metros de penas, menos metros de alegría. Es pobre y no es de “buena calidad” la alegría que no dice “me ha merecido toda la pena”. Se nos hace sentir en el mito de la caverna, un mito que sigue vivo y es formidable para comentar con los alumnos, que el bien es la causa de lo recto y de lo bello. Es verdad que en la vida se percibe con dificultad pero una vez que se experimenta hay que afirmar con toda convicción que realmente el bien es la causa de todo lo bueno y lo bello, de todo lo que merece la pena y el esfuerzo.

Hay un libro que me ha venido de pronto, no es que lo recomiende, se llama Más Platón y menos prozac. Fue un best-séller nada más ser publicado, hace unos cuatro años. Lo único que quiero reseñar es el título. Más Platón y menos prozac Sencillamente su pretensión fue el querer abordar los aspectos más importantes de la vida. Parece que filosofía y práctica no se pueden relacionar, pero realmente la verdadera filosofía siempre ha proporcionado herramientas para desenvolverse en la vida cotidiana. No piensa el autor en la filosofía como una disciplina académica, o como sistemas de vida que no nos incumben, sino en la forma de vida de cada uno, y en esa sabiduría que plantea y tiene la juventud de lo eterno. Es muy fácil para un profesor de filosofía, sin decir el nombre del autor, plantear con los alumnos un problema que está en nuestra vida o que parece tomado de los medios de comunicación ese mismo día. Luego decir la fuente, y aprender con el autor. ...

La alegría auténtica está tejida de esfuerzo, de sacrificio, de donación. La vida está llena de hechos que muestran lo que realmente merece la pena. Seguro que muchos de nosotros podemos pensar, e inmediatamente poner ejemplos prácticos de esto. El sacrificio y el esfuerzo, las penas y los sufrimientos de una madre viuda, con varios hijos, no son la misma unidad de medida que la satisfacción de verles como unas magníficas personas que sirven, a su vez, de referencia y estímulo a otros. La alegría de una madre es mirarse en los ojos de sus hijos. El que sabe descubrir lo positivo y contribuye con su “aportación” al bien en su entorno, no calcula las penas, ni las mide. No está bien planteada esa afirmación: esto me ha costado más penas que alegrías, no es la misma unidad de medida.

Como estamos con la actitud de aprender, una anécdota de un buen profesor y un estudiante universitario. Paseaban juntos por un parque y vieron un par de zapatos viejos colocados al lado de un árbol, y una pobre chaqueta. El alumno dijo al profesor: hagámosle una broma, le escondemos los zapatos detrás del árbol, a ver que cara pone cuando no los encuentre. El profesor le dijo, nunca te diviertas a costa de los demás, y menos de este que parece un pobre hombre. Dale la broma, pero que le cause alegría. Coloca unos euros en cada zapato y nos esperamos a ver como reacciona. Enseguida apareció un hombre pobre. Por lo que traía en la mano debía haber estado trabajando. Mientras se ponía la chaqueta deslizó los pies en los zapatos y sintió algo dentro. Se agacho para ver lo que era y se encontró con las monedas. Se quedó admirado. Miraba, pero no veía a nadie. Guardó emocionado los euros en el bolsillo. De manera espontánea cayó de rodillas y levantó la vista al cielo, como expresando agradecimiento y susurrando una oración. Tenía su esposa enferma y sus hijos eran pequeños, con dificultad tenía para alimentarlos. El estudiante quedó profundamente afectado. El profesor le dijo ¿no estás más contento que si le hubieras hecho una broma? ¿Se puede comparar la alegría, lo que sientes internamente, con haber sacrificado tu gusto de hacerle una broma y tu dinero? El chico sintió una gratitud inmensa hacia ese buenísimo profesor que les enseñaba siempre lecciones que no podían olvidar. Es mejor dar que recibir, y desde luego el bien, que cada uno hace, es la causa de todo lo mejor que puede ocurrir.

La verdadera alegría, no es la ausencia de penas, dificultades y sufrimiento, sino la presencia del bien en la vida, de Dios, Sumo Bien, raíz y causa de todos los demás bienes. La alegría brota del esfuerzo por trabajar con los talentos que cada uno posee. Sólo nos enriquece y alegra lo que damos, cada uno según su capacidad. Sólo Dios sabe lo que cada uno ha recibido en inteligencia, carácter, familia, dones, amigos. Los que dan frutos con sus talentos sienten la alegría por el bien realizado, sienten el ciento por uno en esta vida. La vida decía Jacinto Benavente es como un viaje por mar: hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco. Y lo que dijo Nietzsche, y se repite constantemente: todo aquel que tiene una razón para vivir puede soportar cualquier forma de hacerlo. No, no es la misma unidad de medida la pena y la alegría.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 18 de febrero

    BUSCAR

    Editado por

    • facebook
    • twitter
    • Youtube
    • RSS

    Hemeroteca

    Junio 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930   

    Sindicación