En cristiano

Había pensado en todo

03.02.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Por Carmen Pérez Rodríguez

Me impresionó lo que, en un problema de relaciones en una pareja, oí decir de una manera distante y fría: es una persona que había pensado en todo. Vamos, como si ya nadie tuviera nada que pensar, porque ella había pensado en todo. Hay personas que no escuchan porque ellas ya han pensado en todo. “Esa persona ha pensado en todo”, es decir ha pensado en si misma y desde sí misma. Una persona, en el fondo, mediocre, egocéntrica, dominadora que no sabe escuchar, que piensa que ya ha llegado al fondo de toda crítica y de todo análisis. Siempre tiene la contestación y la solución para todo. Juzga con la frialdad que un árbitro tiene que tener ante un partido. No puede comprender, realmente, las relaciones humanas.

He pensado en la comparación que S. Pablo aplica a la Iglesia pero que es muy buena para pensar en todas las relaciones humanas. Nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y cada miembro desempeña una función distinta. Deberíamos sentir así las relaciones humanas. La unidad en la diversidad. No hay unidad sin diferencia. Si la unión debe ser, si la unión tiene algún sentido, sólo puede ser unión entre hombres que difieren. Henri de Lubac tiene un escrito sobre “las relaciones humanas” que me ha abierto mucho la cabeza y el corazón a la realidad de la vida. Es necesario comprender, desde dentro, que diferir, incluso profundamente, uno del otro, no es ser enemigos, es sencillamente “ser”. Reconocer y aceptar la propia diferencia no es orgullo. Reconocer y aceptar la diferencia del otro, no es debilidad. Es en el reconocimiento y en la aceptación de las diferencias donde puede realizarse la unión.

Seríamos mucho más comprensivos, indulgentes, incluso tendríamos más admiración unos por otros, si estuviéramos persuadidos, ya desde nuestros primeros años de vida, del principio elemental de la diversidad en la vida, de la división de funciones, del trabajo, y de todo lo que ello conlleva en una sociedad: geografía, medioambiente, cultura, civilización, familia, manera de ser, educación, posibilidades, talentos, gustos, esfuerzos, hábitos, cualidades, vamos, personalidad y carácter, Es cierto que en lo más profundo de nuestro ser, de nuestra naturaleza, buscamos y anhelamos lo mismo, Dios, Felicidad, Bien. Todos somos niños ante Dios. Balbuceamos al hablar de Dios, al afirmarlo o al negarlo. Aunque parezca que algunos lo ignoran, todos Le buscamos en nuestro interior. Hay un fondo común en la naturaza humana, hay una unidad en la naturaleza humana. “La humanidad” del hombre es la que con sus altos y bajos, con sus luces y sombras ha hecho la historia. Las relaciones entre los hombres tendrían que convertirse en un esfuerzo común de búsqueda y convergencia, a pesar de las diferencias y divergencias. Todos vemos clarísimo que no puede haber hombres sin humanidad, pero la humanidad no puede existir sin hombres. Y en los hombres, en su manera de vivir su humanidad, se dan las diferencias. Diferencias de todo tipo como ocurre en toda la naturaleza, en el universo entero.

Yo quiero pensar y juzgar así mi realidad diaria. Quiero hacerlo en esa realidad próxima, inmediata, de los problemas y dificultades en las relaciones con los diferentes grupos en los que estoy integrada: familia, grupo religión, sociedad, trabajo, ocio, amigos. Nada de lo humano está exento de limitación y de algún defecto. En nada reina una coherencia absoluta. Pero esto no puede llevarnos a la violencia, a la falta de respeto. Hay que conocer nuestra realidad y la del otro, para evitar que los impulsos adversos, produzcan enfrentamientos violentos y desordenados. Hay que equilibrar y armonizar constantemente la situación. Nuestras relaciones humanas son una obra delicada que siempre hay que rehacer y perfeccionar. No podemos suprimirlo de pronto porque corremos el riesgo de que todo se convierta en una situación de indiferencia, polvo y vacío o incluso destrucción. Hay que admitir, hay que creer que en el ámbito humano los incompatibles son complementarios. Es necesario, literalmente necesario, que todo esto de lugar en nosotros a una persuasión profundo, que determine nuestra conducta y disposiciones más íntimas.

Es cierto que los hombres jamás nos comprenderemos perfectamente. Cuántas discusiones, incluso donde reina un acuerdo fundamental sobre verdades esenciales. Cuántas divergencias, oscuridades, incluso en las relaciones entre los corazones más unidos. No sólo hay que ver, reconocer las diferencias, las incompatibilidades, y tomar partido por toda esta realidad, sino vivir contentos de que efectivamente sea así. Este es el precio de la madurez humana, de su plenitud. Es como una gran orquesta, un gran coro, en el que todos juntos hemos de cantar el himno de toda la creación al Creador. La falta de confianza en las relaciones humanas es un síntoma de muerte. Con esta convicción de que las relaciones humanas solo se dan, y pueden darse en las diferencias y desde la diferencias, comprendemos que todos los defectos que puede haber en una persona, en una buena obra, no pueden ahogar la bondad esencial.

“Había pensado en todo”, es decir había pensado en sí mismo y desde sí mismo. Había pensado en todo menos en la realidad de las personas, en las diferencias y en la diversidad. Y hay un hecho evidente: podemos proyectar planes para el futuro pero la dignidad de las personas sólo puede comprenderse y respetarse en el presente.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Viernes, 17 de febrero

    BUSCAR

    Editado por

    • facebook
    • twitter
    • Youtube
    • RSS

    Hemeroteca

    Junio 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930   

    Sindicación