Por Carmen Pérez Rodríguez
Los cristianos celebramos hechos tan sencillos como que Jesús es presentado en el templo. El cristiano reconoce a Dios en hechos sencillos y concretos. Tenía que parecerse a nosotros. Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús, nos dice S. Pablo en un fragmento de la carta a los Hebreos. Lo leemos el día de la Presentación del Niño Jesús en el templo. Como El ha pasado la prueba del dolor nos puede auxiliar a los que ahora pasamos por ella.
No me voy a entretener en el diálogo, nada tenso, con un chico que me saludó y pretendió provocarme, con simpatía: oye, yo no creo en Dios. Me imagino que algunos de Vds. están pensando lo mismo que yo le dije: sí, claro, tú no crees, pero El si que ha creído en ti, porque has nacido. Es como un niño que tiene el ombligo y no viera la relación con su madre. No sabe que significa el ombligo, pero puede preguntarse de dónde ha salido él. Siguió la conversación, y al hablar de “religiones” sentí la necesidad de saber qué era religión para él, y de qué religión o religiones conocía algo que mereciera la pena hablar. Nada, porque en su juventud y deseos provocativos, insisto que simpáticos y nada tensos, no había un hilo conductor. Bueno, para dejar este encuentro, que se ha producido varias veces y seguirá, seguro, le pregunté si sabía en que Dios creía yo. Cuando dices que crees en una persona, que tienes seguridad en alguien, es fundamental saber de quien hablas, conocer a la persona.
Me viene esto por lo concreto y real que es el cristianismo. El Dios en que creemos es el Dios que todos buscamos en el fondo de nuestro corazón, con nuestras afirmaciones y negaciones, con nuestras necesidades y preguntas. El Dios en que creemos es la Eterna Verdad, la Eterna Inteligencia, el Eterno amor, es decir el Eterno sentido del mundo, que ha llegado a nosotros de forma real y verdadera, a través de hechos llenos de sentido como se nos describe, ya plenamente, en el Nuevo Testamento. En un hecho, como hoy es la narración de S. Lucas.
El eterno Sentido del mundo ha llegado a nosotros, dice Benedicto XVI, de forma tan real y verdadera que se lo puede tocar y mirar. “El Sentido se hizo carne”. El Sentido se vuelve hacia nosotros, El Sentido es una palabra, una interpelación que se nos dirige. El Sentido nos conoce, nos llama, nos conduce. El Sentido no es una ley general en la que desempeñamos algún tipo de papel, Ese Sentido actúa de forma totalmente personal para cada uno. Sentido es persona, es el Hijo de Dios que vive. Dios tiene tanto tiempo para mí que se hizo hombre y mantiene eternamente su condición humana. Lo de siempre, el único obstáculo es que puede parecernos demasiado bello para que sea real. Nuestras pobres medidas. Y no abrir nuestra razón. Hay que quitar ese techo encima de ella.
Hoy, muchas veces, sigue Benedicto XVI, el arte ve como su gran tarea desenmascarar al hombre como un ser sucio y asqueroso. Si pensamos, por ejemplo, en los dramas de Bertolt Brecht, encontramos que toda su genialidad está dirigida al desvelamiento de la verdad, pero no ya para mostrar su esplendor sino para indicar que la verdad es sucia, que la suciedad es la verdad. El encuentro con la verdad ya no ennoblece sino que denigra. Y así es. Si Dios no existe, no queda luz alguna, sino sólo la sucia tierra. En ello estriba la verdad realmente trágica de este tipo de arte.
Por contraste nosotros pensamos en la luz para alumbrar a todas las naciones, a través de hechos llenos de sentido. Y en hechos tan sencillos como el que nos narra S. Lucas en el Evangelio: la presentación al Señor de un niño, el Primogénito, para cumplir los ritos del pueblo de Israel. Un hecho concreto, lleno de sentido, al alcance de cualquier corazón y de cualquier mente. Allí en Jerusalén estaba el anciano Simeón, un hombre honrado, piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel, y lo aguardaba tanto que tenía fe, esperanza y confianza en que no moriría sin ver al Mesías del Señor. Toma al niño de los brazos de la madre y exclama : ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a Tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel. También estaba Ana, mujer que servía a Dios, se acercó y dio gracias a Dios. Y lo natural, hablaba del Niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
A través de hechos llenos de sentido sabemos de Dios. Hechos llenos de sentido que nos traen la riqueza de la fe. Si nuestra vida tiene sentido, tiene que ser así. Es verdad que es inimaginable, pero al mismo tiempo es lo que anhelamos y hasta lo necesario: Dios-con-nosotros. Niño Jesús y cruz, María y José los padres que se alegran y sufren ante la espada que traspasará el corazón. La vida real, la alegría y el dolor, la felicidad y el sufrimiento están presentes en este sencillo hecho tan lleno de sentido: será una bandera discutida,- cómo sentimos hoy la fuerza de estas palabras- así quedará clara la actitud de muchos corazones.
Viernes, 17 de febrero
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