Por Carmen Pérez Rodríguez
Cualquier persona, sencillamente persona de buen corazón, persona con buena intención ante la vida, crea o no crea, puede ser sensible a lo que es la Navidad, no lo que dicen los anuncios o algunos medios de comunicación. Si alguna vez ha conocido “algo” de lo que realmente significa la Navidad, Dios-con-nosotros, sentirá que se le alegra el corazón y respirará. Y, si no cierra puertas y ventanas, le podrá hacer pensar seriamente en la Navidad, con todo su entorno de fiestas tan entrañables, tan profundamente humanas como es, en concreto la de la Sagrada Familia. Tendrá en su corazón y en su cabeza la idea de un niño que nace, la idea de la familia como urdimbre donde se teje la vida, algo tan natural y tan propio de la naturaleza. Una realidad que es camino, verdad y vida para quien lo viva. La Navidad, “y sus alrededores”, que dice un amigo mío, dignifica y engrandece al ser humano, con todas sus circunstancias. El se hace de nuestro linaje, de nuestra familia, nuestro hermano mayor, nuestro Primogénito.
¡Cómo no va a sorprender que esa cosa tan minúscula como la tierra, en un pequeñísimo lugar del universo, demasiado insignificante para toda la grandeza de la creación, pueda merecer el amor del Creador¡ Pueda merecer que Dios se haga hombre en ella, que viva en el seno de una familia y nos enseñe su Palabra, “el texto” auténtico. A estas escalas y medidas, nadie con entendimiento piensa en que pueda merecer nada. El es intrínsecamente Bondad y Amor gratuitos. Esta la gratuidad.
La Navidad y sus fiestas nos hacen sentir, de la manera más intuitiva, profunda y radical, en primer lugar, la humanidad de Dios. Y al mismo tiempo nos hacen sentir la fuerza todopoderosa, que no solo creó cuanto existe, sino que realiza la redención universal a partir de la redención del hombre. La infinitamente grande junto con lo infinitamente pequeño. ¿De que nos extrañamos? Podemos admirarnos, sorprendernos, quedarnos llenos de estupor, pero ni quedarnos escépticos, ni extrañarnos. Así ocurre en toda la naturaleza, siempre unido lo inconmensurablemente grande y lo inconmensurablemente pequeño. Algunos científicos ven en la Naturaleza, en todo lo que existe, el comentario al gran texto que es Dios. El es el texto, la naturaleza y todo lo demás el comentario. Por ejemplo, Dios sería como una gran obra de la literatura universal, El Quijote, la Divina Comedia, y todo lo demás serían comentarios, notas a la obra. Claro, que en nuestro caso, Dios es el Autor de la obra y la obra misma. Ya se, como decía un catalán, un excepcional profesor mío, José María Valverde Pacheco, que los ejemplos se vengan, se vuelven contra el que los pone, pero póngalos cuando lo vean oportuno. Y en la misma perspectiva, el cristianismo sería el gran poema, Dios-con-nosotros, y todo lo demás el arte, la ciencia, el comentario. Por eso, esa expresión e imagen tan gráfica de Cristo Alfa y Omega de lo creado.
Es necesaria vitalmente la fiesta de la Sagrada Familia. Es una lógica humana. Ya el nombre tiene una excepcionalidad. Esta fiesta excava, penetra en todo el “humus humano”, a través de todos los canales, y armoniza nuestros anhelos. Es la hora en que todas esas “ideologías y posturas de saldo total” comiencen a decepcionarnos. Si vivimos la Navidad y sus alrededores, que dice mi amigo, se iluminará y ordenará todo en nuestra vida, todos los hechos y acontecimientos. Cristo, resurge de una gran inmersión, y levanta a la naturaleza consigo. Donde El va, va también toda la naturaleza, que se irá haciendo, con dolores de parto, semejante a El.
¡Cómo no vamos a celebra la fiesta de la Sagrada Familia¡ Sería antinatural. ¡Cómo no va a servirnos de referencia, de ayuda lo que significa¡ La familia es la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios. ¡Qué práctica y que iluminadora es la carta de Juan Pablo II sobre la misión de la familia cristiana en el mundo¡ La familia es una de las instituciones que ha sufrido en los tiempos modernos la acometida de las transformaciones que la desnaturalizan. Es verdad que muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a su naturaleza, a los valores propios de esta institución. Otras se sientes desanimadas, desorientadas, incluso en estado de duda o de ignorancia, con respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Y también las que a causa de diferentes situaciones de injusticia, se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
La Sagrada Familia nos habla de todo lo que por su misma naturaleza cada familia anhela. La Navidad y la Sagrada Familia, maravillosa expresión del gran texto de Dios. También podemos decir que, según como lo vivamos cada uno de nosotros, será “el comentario”. El futuro de la humanidad se fragua en la familia. ¿Qué significa vivir y amar realmente a la familia? Eso es la respuesta que cada uno hemos de dar. Aquí podíamos decir que la Sagrada Familia es el texto, los demás hacemos el comentario.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
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