Por Carmen Pérez Rodríguez
Lo cuenta Chesterton. No nos perdamos la descripción. Estaba un día de verano sentado en un prado de Kent, a la sombra de una pequeña iglesia de aldea, con un compañero que pertenecía a una nueva religión llamada Pensamiento Superior. Esta religión se cultivaba en un clima de arrogancia y superioridad, de la cual este compañero era un digno ejemplar. Tenía fama de demasiado prolijo en la narración de sus aventuras, y creía que superaba a todos en experiencia y cultura. La caída de la tarde llegaba a su ocaso, y era de una belleza extraordinaria, que comunicaba grandes sentimientos. Claro, todo esto al que sea capaz de recibir. Se escuchaba el trinar de un pajarillo y el susurro de la brisa que calmaba las antiguas huertas del jardín de Inglaterra. Entonces, el arrogante y superior compañero dijo: ¿Sabe por qué se alza así la torre de esa Iglesia? Chesterton expreso su desconocimiento y temor ante lo que podía decirle. Oh¡, igual que los obeliscos, a la adoración fálica de la antigüedad. Chesterton miró su barba de chivo, y por un momento pensó que se parecía al mismísimo diablo. Ante sus ojos, se abrió el sentido de lo absurdo de la afirmación, con una claridad meridiana, y le dijo: Por supuesto, porque si no hubiera sido por la adoración fálica, habrían construido la torre señalando hacía abajo, y sostenida sobre su propio ápice. Sintió ganas de reír y reír sin parar por semejante diálogo. La insana y retorcida imagen de la Iglesia de Kent, boca abajo, sostenida sobre el pináculo de la torre es el símbolo de la ridiculez y de la prostitución del pensamiento humano, que se repite con frecuencia.
Se me ha unido todo: la inmensidad de lo que es la Navidad, S. Esteban (el primer mártir cristiano), la cretinísima, ramplona y cicatera propuesta de quitar los crucifijos - continuación de ignorar las raíces cristianas de Europa- y la anécdota de Chesterton. Una mezcla realmente explosiva. Hay que estar ciego, ser retorcido, inculto, para una propuesta del calibre de quitar el crucifijo. ¿Por qué no hacen una tesis doctoral sobre la “cruz” con todo el simbolismo que encierra? Si no creen, tengan la grandeza de reconocer lo que ha significado y significa. Frente a la grandeza de la propuesta de lo que significa el cristianismo, ¿qué ofrecen? Quieren quitar lo que más ha humanizado y engrandecido la historia de la humanidad. Estamos en la adoración fálica de la humanidad. Con la que esta cayendo, con la ideología de género, la prostitución de la sexualidad, el aborto ¡cuántos están en esa misma línea de Pensamiento Superior¡ Cuántos verán en la torre de la Iglesia la adoración fálica de la antigüedad. ¡Cuánto se invoca la libertad sin referencia alguna a la verdad de la persona humana¡ ¿Qué objeto tiene una libertad que, ignorando la verdad, persigue lo que es falso o injusto? ¿A cuántos jóvenes se les ha tendido una mano que, en nombre de la libertad, los ha llevado al consumo de estupefacientes, a la confusión moral o intelectual, a la violencia, a la pérdida del respeto por sí mismos, a la desesperación? Son palabras textuales de Benedicto XVI.
¡Qué tremendo absurdo lo que está ocurriendo¡ ¡Que atmosfera¡ Pues, como la de ese loco amigo de Chesterton, capaz de ver , oler y sentir “así” en la aldea de Kent. ¿Se imaginan ver “así”, con ese sentido de la adoración fálica, las magníficas torres de las catedrales, de Iglesias como Santa María del Mar en Barcelona? ¡La adoración fálica de las distintas etapas de la Historia¡. El pesimismo no consiste en cansarse del mal sino del bien. La desesperanza no reside en el cansancio ante el sufrimiento, sino en no ser capaz de la alegría. Cuando, por la razón que sea, lo bueno de una sociedad deja de funcionar, la sociedad empieza a declinar y a corromperse. ¿Qué significa el crucifijo? No pensemos en todo lo que es para los creyentes. Sino en lo que significó de liberación, de encuentro con la humanidad caída, de nacimiento de una nueva era, un nuevo horizonte. La más grande proclamación de la dignidad humana que ha existido, y a cuya luz pueden proclamarse todas las Declaraciones internacionales de los derechos humanos. La mayor garantía de la libertad, dignidad y derechos humanos, consiste en saber que todos los gobiernos, congresos, asociaciones, serán juzgados por sus obras. El hecho de apelar al juicio de Dios es lo único que garantiza la libertad. La expresión de este juicio es el crucifijo.
Parece indicadísimo celebrar la fiesta del primer mártir en el tiempo de la Navidad. Podemos leer los Hechos de los Apóstoles. Su exclamación en el momento de morir es el juicio del que estamos hablando: Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios. Sus últimas palabras son las que, no hacía mucho tiempo, habían sido pronunciadas por el Hijo de Dios que asumió toda nuestra humanidad. Señor Jesús recibe mi espíritu. Dobló las rodillas y con fuerte voz dijo: Señor, no les tengas en cuenta este pecado.
Una sociedad, sin realidades concretas buenas y verdaderas, no nos puede alertar de una decadencia. Lo importante siempre es que el bien no desaparezca. Nos puede ayudar mucho la situación a sacudir nuestra indiferencia ¿Por qué está el crucifijo en lo alto? La sangre de los mártires siempre es semilla de nuevos cristianos.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
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