En cristiano

El encanto de los nombres

18.12.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

No se si Vds. habrán podido decir alguna vez en su vida llenos de admiración y contento: ¡Qué bien puesto tienes el nombre¡ A mi sí me ha sucedido, y precisamente con los nombres de Esperanza y María de la O. Esperanza es fácil de comprenderlo. Y María de la O también. El Oh¡. Esa admiración es tan expresiva. Recuerdo a una encantadora madre, María de la O, de familia numerosa, a la que sus hijos le hacían broma con el nombre, tanto en momentos de alegría, como cuando les ponía firmes. Oh mamá, gracias, que bien tienes puesto el nombre, causas admiración, estás en todo. Y en los otros momentos: Oh mamá, pareces un sargento. Ya sabemos quien manda en casa.

Esperanza y María de la O. Los dos nombres tienen un profundo y entrañable sentido de preparación para la Navidad. Ya sabemos que también hay muchas personas que se llaman Fe o Esperanza o Caridad, por las virtudes teologales. Nombres muy naturales y muy sobrenaturales. Naturales porque sin fe, sin esperanza y sin amor no se puede vivir, ni el más acérrimo ateo o naturalista puede vivir. Sobrenaturales porque a última hora la raíz y el término de la fe, de la esperanza y de la caridad es Dios. Pero también hay muchas personas que se llaman Esperanza, pensando en la Virgen, en Nuestra Señora de la Esperanza.¡Qué sabiduría la del pueblo creyente que haya llamado, también, a María: Nuestra Señora de la Fe, Nuestra Señora de la Esperanza, Nuestra Señora de la Caridad¡ Realmente las raíces cristianas, - lástima que sea para disgusto de muchos-, aparecen por todas partes. Me acuerdo ahora de Chesterton: El cristianismo ha pasado por una serie de revoluciones y en cada una de ellas ha muerto. Ha muerto muchas veces, y otras tantas se ha alzado de nuevo, pues cuenta con un Dios que sabe cómo salir del sepulcro. La fe, la esperanza y la caridad están, a pesar de todos los pesares, transformando las épocas.

La advocación Nuestra Señora de la Expectación del parto y Nuestra Señora de la Esperanza, brotan de la mirada sobre la madre que espera gozosa el momento del parto. La mujer gestante, para el cristianismo, tiene como referencia a Nuestra Señora de la Esperanza. El embarazo de María, la expectación de María ante su próximo alumbramiento, muestra la gran realidad de lo que es la naturaleza y, en ella, de manera especial la naturaleza humana. Se entiende lo que Lewis llama el Gran Milagro, del que brotan todos los demás milagros: la encarnación (su hacerse naturaleza con la naturaleza) y el nacimiento del Hijo de Dios. En María, embarazada, el cristianismo ha representado la Esperanza. Realmente no puede ser de otra manera. El cristianismo nace en las entrañas de una madre. El misterio de María está en la Palabra de Dios que se hizo hombre en su tierra, en su tierra de madre.

Gozábamos hace unos días con lo que es el año litúrgico. La expresión de cómo se vive en la Iglesia, como viven sus comunidades, sus sentimientos y deseos. Pues en pleno corazón del adviento sentimos estas dos advocaciones marianas: Nuestra Señora de la Expectación del Parto y Nuestra Señora de la Esperanza. A partir del día 17 hasta el día 24, nos preparamos con el canto de las grandes antífonas de la O, como se las conoce vulgarmente, porque todas comienzan con esta invocación. Es imposible creer en lo que se va a celebrar, y no orarlas con los sentimientos que expresan los suspiros y gemidos de los que las hicieron. Son antífonas que expresan la admiración por el Mesías que se acerca, y las necesidades de los hombres. Oh Sabiduría; el hombre privado de la claridad y capacidad de su razón pide sabiduría. Oh Adonai; necesita un auténtico y poderoso libertador. Oh Raíz de Jesé; desde lo más profundo de su ser necesita un Redentor. Oh llave de David; encerrado en sus prisiones necesita una llave para salir. Oh Oriente; ahora es un sol que le ilumine en sus caídas. Oh Santo de los santos; manchado y hundido, necesita de la santidad y de la bondad. Oh Rey de las naciones; tu eres un auténtico restaurador, una auténtica autoridad. Oh Emmanuel; verdadero y justo legislador de leyes- Leyes, no una prostitución del deber y del derecho- Oh Pastor de Israel; expuesto el hombre a todos los ataques de los lobos busca a su Pastor. Créanme, búsquenlas y no se lo pierdan, no se pierdan lo que suscitan.

Nuestra Señora de la Esperanza, seguimos en el corazón del adviento, el tiempo del ánimo, de la esperanza, y de la confianza. Diez días después de la Inmaculada Concepción y seis antes de la Nochebuena. No nos perdamos los panoramas, las vistas maravillosas de los tiempos litúrgicos. Viviríamos, a pesar de lo que nos rodea, y de nuestros propios sufrimientos, dificultades, tristezas, con otro entusiasmo, con otra fuerza. Pero que maravillosos son los nombres cuando no se prostituyen y responden a la naturaleza de lo que representan: Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de la Expectación del Parto, Nuestra Señora de la Esperanza, Nochebuena. Todo encaja, todo expresa el gran Milagro. Hasta el encanto de los nombres.

¿Eliminar las raíces cristianas? Eliminar, quitar…Quiero aplicar mi razón a la cantidad de hechos acumulados a lo largo de la historia, a la cantidad de testigos. Cuando parece que la fe cristiana se acaba, vuelve a renacer. En cada uno de nosotros se producen las palabras de Jesús: si el grano de trigo no muere, es imposible que de fruto. Los cielos y la tierra pasaran pero mis palabras no pasarán. Lo que yo puedo hacer….


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