En cristiano

Cristianizar es humanizar

10.12.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Cristianizar es descubrir y reconocer lo que es verdaderamente humano, lo que corresponde al ser humano, hacer realidad lo que salva y redime. Cristianizar es humanizar plenamente, no una pobre, descafeinada y peor todavía, prostituida humanidad. Cristianizar es querer lo mejor, el bien, la verdad, la belleza en todo lo humano. Y es estar convencidos de que todo esto es imposible sin un Dios creador, Padre y Redentor. La manera de expresar todo esto evidentemente solo puede ser una obra divina a la que el hombre colabora con su libertad y responsabilidad. Cristianizar es promover y desarrollar toda la capacidad humana, obra de un Creador que es Padre, que se ha acercado realmente al hombre, se ha hecho uno más en la humanidad para mostrarnos y enseñarnos el comino, la manera, el modo de conseguir nuestra plenitud y esto se logra a través de la fe en Jesucristo.

Es imposible vivir sin creer en algo y en alguien. Imposible vivir sin esperar algo y a Alguien. Imposible vivir sin amar a Alguien y sin sentirse amado, querido por Alguien. ¿Pero cómo podemos hablar de fe, de esperanza y de amor sin un sentido teologal? Hablamos de valores, y digo valor en el sentido scheleriano del término, o sea que en la vida, todo es valor, lo que “es” siempre se le presenta al hombre desde el valor. Y ¿de donde los valores? ¿de donde lo que es bueno, noble, justo, digno, fiel, honrado, emprendedor, valiente…?Las manzanas vienen de los árboles, todo tiene su raíz y su semilla. ¿Por qué la solidaridad, el respeto para con uno mismo y para con los demás, el respeto a la naturaleza entera?¿Cómo podemos distinguir un tratado justo de otro injusto sino existe la justicia y la verdad? ¿Cómo podemos decir que esta persona es buena, que actúa bien? ¿Cómo podemos hacer leyes sino existe la Ley, la Naturaleza, la Verdad, la Vida? ¿Cómo es posible este abismo entre lo moral, o sea lo que es bueno y perfecciona al hombre, y lo legal? ¿Cómo es posible hablar de deberes y derechos humanos sino existe la objetividad, la verdad, lo que es universalmente válido para la naturaleza humana, y para todo el universo?

Me estallan las preguntas en mi corazón y en mi cabeza constantemente ante todo este mundo tan prostituido, decadente, y sin sentido, en muchas realidades importantes y fundamentales para la vida humana. Por favor ¿quién quiere ser respetado por consenso, amado por consenso, valorado por consenso? Ya se ha repetido muchas veces en la vida, ¿ la democracia es el número de votos? La gran riqueza de la democracia es que descansa sobre la responsabilidad de cada uno. ¿Puede darse una verdadera, no prostituida y decadente democracia, sin un sentido objetivo de la ley, el deber, el derecho, la verdad?. O sea ¿que estoy diciendo que no sólo la ley natural, el derecho natural, sino que el cristianismo es necesario para humanizar, para sanar, para salvar? Pues sí, eso afirmo.

Me da fuerza interior, me abre el horizonte, me alimenta mi razón y mi corazón, leer por ejemplo a Henry de Lubac y en este punto concreto la exposición que hace en su libro Paradojas, seguido de Nuevas paradojas, sobre “Encarnación” y también la experiencia y los libros de Luigi Giussani por ejemplo ¿Se puede vivir así?, o El sentido religioso, curso básico de cristianismo. No puedo entender separar la fe cristiana de la vida, de toda la vida humana. El cristianismo es la redención de la vida humana en toda la extensión de la palabra. No tiene sentido un cristianismo que no sea para vivir la realidad concreta y diaria, en todas y cada una de las situaciones. El cristianismo tiene valor humanizador, es radical y profundamente humanizador. Quien dice todo nada excluye. El cristianismo quiere la plenitud de la humanidad. En realidad, sí que se sabe que es así, por eso se nos critica tan fuertemente la conducta de los que fallamos y no vivimos como corresponde.
Es necesario e indispensable entender que la raíz del cristianismo es la “encarnación“. Lo que pasa es que las palabras terminan por no tener sentido cuando se le dan muchos sentidos a la vez. Es un hecho que todo el mundo reclama hoy la encarnación del cristianismo en la vida, todo el mundo ve necesario un cristianismo encarnado. Pero esto a veces parece la torre de Babel. Evidentemente que es necesaria la encarnación del cristianismo en el orden temporal y espacial ¿si no que significa el cristianismo? ¿Qué quiere decir que Dios se hace hombre para enseñarnos, para redimir nuestra situación? Esa es la realidad del cristianismo, su profundidad y eficacia. El cristiano solo puede actuar en la realidad en la que se encuentra. No puede entenderse a un cristiano que no se comprometa en lo temporal, que no viva su realidad desde la fe que supone creer en Jesucristo y su evangelio. La fe como manera de ver la realidad, vivirla, asumirla, interpretarla, reconocerla. La situación del cristiano es la de lo temporal y lo eterno unidos. No puede haber escisión entre humanidad y cristianismo, entre ser humano y ser cristiano. Antes de ser una esperanza para el futuro, la vida eterna es una exigencia para el presente. Cuánto más de moda está la palabra “compromiso” menos compromiso hay. La palabra compromiso no se acomoda a la inflación verbal, que es uno de nuestros mayores defectos. Incluso una fe que parece sincera, una práctica habitual y una piedad, pueden estar muy lejos todavía de un cristianismo plenamente comprometido. El compromiso supone una fe profunda y viva que es fuente e impulso para la acción. El cristianismo humaniza y salva.


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