En cristiano

Ánimo y esperanza

28.11.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Esta es la propuesta de esta primera semana de Adviento para los que creen. Reflexionábamos ayer sobre la mirada que el que cree tiene sobre el suceder de los días, las semanas y los meses: a esto se le llama año litúrgico. Ahora es el tiempo por excelencia del “ánimo” y la “esperanza”, Suscitaré un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. ¡La necesidad que tenemos de sentir y vivir esta convicción que supone “la justicia y el derecho en Dios y desde Dios¡ Nos salvaremos, viviremos tranquilos, y sentiremos en todo, en todo absolutamente, y en lo más profundo de nuestro ser: Señor-nuestra- justicia, Señor-nuestra-verdad. Mientras, en el camino, creemos en el Señor que ha venido a nosotros y nos invita a rebosar de su amor, y por eso ánimo y esperanza, confianza.

Es difícil afrontar la injusticia, el sufrimiento, la muerte, la prostitución de lo que realmente es la naturaleza humana, y de lo que tanto hay en nuestro entorno. Y por el contrario, los frecuentes que son las posturas de indiferencia y de rechazo ante lo que realmente es nuestra grandeza, capacidad para la verdad, la belleza, el gozo, el bien, el placer. Nos cuesta aceptar que las pruebas y el sufrimiento fortalecen y moldean nuestro carácter. Pero es un hecho que la respuesta que damos puede hacer de nosotros mejores personas, e incluso encontrarnos con nosotros mismos y reconocer el verdadero sentido de la vida, comprender la justicia y el derecho que suscitará “el vástago de David”. Vivir y sentir lo que realmente es la justicia y el derecho. No podemos olvidar nunca que el Señor es más grande que nuestro sufrimiento, tribulación, mentira, injusticia, corrupción. Su amor es más grande que todo ello.

La vida está llena de dificultades. No podemos percibir sólo el gozo y no el dolor, sentir las cosas grandes y no el dolor por las carencias, la profundidad de las relaciones y no la tensión por los conflictos humanos, la felicidad por lo realizado y no la infructuosidad del trabajo. Ante cualquiera que sea nuestra situación, estado de ánimo, desesperanza, nos podemos hacer una pregunta ¿puedo mejorar a causa de lo que vivo? Helen Keller era sorda y ciega. Pero aprendió a escribir e incluso a hablar. Su vida ha servido y sirve de referencia a millones de personas, tanto sanas como discapacitadas.”Le agradezco a Dios mis impedimentos porque gracias a ellos me encontré a mi misma, descubrí mi vocación y hallé a mi Dios”. A pesar de lo que ocurre, o precisamente por eso, anhelamos que se implante el derecho y la justicia en nuestro mundo. Se habla mucho de servir al pueblo, se llena la boca con la palabra democracia, pero realmente ¿quién es el auténtico implantador del derecho y la justicia?

Una exclamación brota del corazón: ven Señor y no tardes. Este es el tiempo de adviento. El del ánimo y la esperanza. ¿Cómo es posible que de la dificultad, del dolor, de la situación en que podamos encontrarnos, sea por nuestra culpa o por causas externas a nosotros, se alce un grito de ánimo y esperanza? Esa fue la vida y la vocación del profeta hebreo Jeremías, en el siglo VII antes de Cristo. Precisamente en un momento poco anterior al paso en el mundo griego del mito al logos, a la búsqueda de la racionalidad; o en China, Confucio hiciera su propuesta de buena conducta en la vida, de buen gobierno, de cuidado de la tradición, de la tolerancia, el respeto a los mayores; Y Buda lo hiciera en la India, es el tiempo de Jeremías. Profeta celebre por sus lamentaciones. Precisamente de ahí viene el llamar Jeremías a la persona que se lamenta. Jeremías es el testimonio impresionante de un creyente que vive a la espera de la Nueva Alianza: mirad que llegan días en que cumpliré la promesa. Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. Le llamarán: Señor-nuestra justicia.

La justicia ya en el Antiguo Testamento significa el modo en que los hombres han de conducir su vida requerido por la Alianza con Dios. Significa dejarse orientar en la historia personal por Dios y hacia El. La Nueva Alianza lleva consigo la intervención histórica de Dios en la vida humana, su hacerse uno de nosotros, el asumir toda nuestra humanidad. Sabemos que en nuestra vida están todos los aspectos de torpeza, injusticia, mentira, violencia. Presentimos que ha de llegar el momento de hacer justicia y del cumplimiento de una voluntad superior. Esta última claridad solo puede venirnos de Dios. La misma presencia de Cristo en su segunda venida, como dice el Evangelio de S. Lucas, será la luz en que nos veamos y veamos toda nuestra vida. Será la última de las acciones, el juicio, tras ello reinará la eternidad. Desaparecerá toda acción histórica y temporal: sólo reinará la plenitud eterna. El que vendrá es el mismo Jesucristo, como El mismo lo afirmó. Seremos conscientes de la respuesta que hemos ido dando con nuestra libertad y responsabilidad al amor de Dios, manifestado en su Hijo, a su hacerse uno de nosotros para ser nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.

Ánimo y esperanza. Esta es la gran propuesta del comienzo del Adviento, del comienzo del año litúrgico: se hará justicia y derecho en toda la tierra. Que no se nos embote la mente y el corazón, con el vicio, la bebida, la preocupación por el dinero…


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