En cristiano

¿Por dónde he de empezar?

26.11.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, daba muchas conferencias sobre temas de familia, relaciones padre e hijos, conflictos generacionales etc. Un día comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases: 1) Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos. 2) Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible 3) Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.
4) Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de los asistentes aprobaba cada una de las frases, asintiendo con la cabeza. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces dijo el origen de las cuatro citas. La primera frase es de Sócrates (470-399 a.C.) La segunda es de Hesíodo ( 720 a .C.) La tercera es de un sacerdote oriental ( 2.000 a.C.). La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia. Y ante la sorpresa de los asistentes dijo: señoras madres y señores padres de familia: relájense, que la cosa siempre ha sido así. Pero cada uno ha de poner manos a la obra.

Hay un chiste de lo más expresivo. Son sencillamente dos escenas. La primera es en 1969. Se ve a unos padres ante la maestra y con su hijo todo cabizbajo y arrepentido. Muy disgustados y bajo la mirada, también severa, de la profesora le preguntan los padres al niño ¿Qué notas son estas? La segunda escena es en 2009. La integran también unos padres, el hijo y la profesora. Pero en esta son los padres los que increpan a la profesora bajo la mirada desafiante y burlona del hijo ¿Qué notas son estas? gritan los padres a la profesora. No es para culpabilizar a nadie, sencillamente para que seamos conscientes de que los que hacemos la historia somos siempre los hombres.

Las cuatro citas antiguas y gráficas nos ponen en el centro de lo que, realmente, tiene que ser la educación, si analizamos los problemas que plantean y la importancia de la familia, ahora y siempre. Y que la cuestión no es buscar culpables, ni pensar que siempre ha ocurrido, ni dejarlo en cuestiones generales y abstractas, sino ir a la raíz de la situación concreta de cada caso. ¿Por dónde he de empezar? Por algo muy concreto porque lo que concierne a las personas no se soluciona “en general”. Cada uno es único e insustituible. Cómo hemos de ser las personas no se establece con decretos, ni con leyes. Es en el análisis de las realidades concretas, en el plano de la vida diaria donde se da la conciencia y la responsabilidad de cada uno. Si alguien dijera quiero adelantar en este plano tan inmediato de lo que es la persona: conciencia de si mismo y responsabilidad ¿por dónde he de empezar? Tendríamos que decir como dice Romano Guardini: por donde quieras, pero empieza. Puedes empezar por un defecto del que te has dado cuenta en tu trabajo, en tu falta de fuerza de voluntad, en tu manera de solucionar las cosas. Puedes hacerlo desde las exigencias de la familia, de la amistad, dondequiera que hayas notado un fallo. O donde sientes que algo te produce malestar. En el fondo se trata solo de tener intención honrada y ponerse decididamente a ello desde cualquier aspecto concreto que se enfoque. La vida humana es una totalidad, si nos aplicamos a un punto con decisión esto influirá en todo nuestra manera de ser porque se despierta la conciencia de uno mismo, se acrecienta la responsabilidad y se experimenta la libertad. Recuerdo una persona, a la que muchos admirábamos, que decía: “a mi me enseñaron desde pequeño que no podía acostarme sin ser consciente de que había hecho algo bueno. Era algo tan inmediato y práctico como que me tenía que lavar los dientes”.

Lo que nos parecen realidades de gran calidad en la vida como la belleza, el encuentro humano, los amigos, la entrega generosa a los demás, el trabajo bien realizado, el amor por la verdad y la libertad, se empiezan experimentando de una manera sencilla, ordinaria, desde pequeños detalles al alcance de todos. Y sólo pueden conocerse, vivirse, experimentarse desde la sencilla, concreta y cercana experiencia cotidiana. Tiene uno que tomarse en serio y vivir el esfuerzo, la superación, y la lucha diaria. ¿Dónde experimentamos lo noble y lo vulgar, lo generoso y lo ruin, lo justo y lo injusto, la verdad y la mentira? Nunca en general y en abstracto. Siempre en lo que está al alcance de nuestra mano, de nuestra experiencia.

¿Por donde he de empezar? Por donde yo quiera pero siempre desde algo muy concreto.


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