En cristiano

Más humano que cualquier otro hombre

20.11.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Es una afirmación de John Henry Newman, el teólogo anglicano inglés convertido al catolicismo. Uno de los pensadores cristianos más influyentes en el mundo anglo sajón. Después de una reflexión en la que se siente el abrumador reconocimiento de la humanidad de Cristo, concluye con la afirmación de que Jesús era realmente más humano que cualquier ser humano.

Ante la fiesta de Cristo Rey me ha conmovido precisamente esta afirmación. Porque Cristo es el Hijo de Dios que viene como hombre. Cristo es la revelación de Dios en ese Hijo, con nuestra misma carne y con todas nuestras debilidades, sentimientos, con la sola excepción del pecado. El cristianismo, de una forma única entre las religiones del mundo, viene a dar cumplimiento a las aspiraciones, anhelos, y necesidades del hombre. El cristianismo ve la plenitud de la realización humana como inseparable de la persona de Jesucristo, el Sanador de las heridas de la naturaleza humana, el Médico del alma, el Redentor de cualquier situación humana, el alfa y omega de la creación, la Vida de los hombres. Cristo expresa toda la grandeza del universo. Es el centro donde todo se concentra, y, se extiende a todo, para atraerlo a Dios.
La celebración de la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el Año de la liturgia cristiana. Esta fiesta es como el compendio de toda su humanidad, la cima de todo el misterio de su vida, predicación y anuncio del reino de Dios. El retablo de la Catedral de Toledo me habla de esta fiesta porque me habla de la humanidad de Cristo, expresada de manera concreta en cada una de sus escenas. Los ojos se llenan de belleza y el corazón de sentimientos. Es sencillamente magnífico, grandioso en su filigrana de pilarcillos, agujas, doseletes, chambranas. El sotabanco, la predela, las cinco calles. Todo culmina con un monumental Calvario. Y en todas las calles los temas de la vida, pasión, resurrección, ascensión, venida del Espíritu Santo, y Cristo juez y rey del Universo. En todo se siente a Cristo rey del universo, lo mismo en las escenas de lo que podemos llamar los misterios gozosos, como en los luminosos, dolorosos y gloriosos. Y, si escuchamos el Mesías de Händel mientras recorremos algunas de sus calle, podemos atisbar algo de la plenitud de Cristo ante todo, ante la la vida, la muerte, el juicio. La palabra Amen lo corona todo.

Jesucristo, Rey de un reino que no es de “aquí”. Porque no es Rey de un mundo de miedo, mentira, injusticia. El es Rey del Reino de Dios al que nos conduce. Newman insiste en la divinidad de Cristo, sí, pero está profundamente conmovido por la realidad de la encarnación, por la que Cristo asume nuestra naturaleza humana, no como algo distinto y separado de El, sino como sencilla, absoluta y eternamente suya. La encarnación no es simplemente un paso hacia la crucifixión muerte y resurrección, sino acontecimiento de salvación puesto que Dios asume nuestra naturaleza para elevarla, para levantarla hasta Dios. La naturaleza humana, toda la naturaleza humana, ha sido renovada en Cristo, más gloriosa y espléndida de lo que podemos pensar. Aquí está nuestro paso firme y seguro, a pesar de nuestras dificultades y vacilaciones, de nuestros temores y cobardías: Sí, a la naturaleza humana como Cristo la vive.

No se cree sólo con la razón, ni sólo con el corazón. Se cree, sin dualismos, sin exclusiones, sin parcelas reservadas. La fe está fundada en el amor personal a Cristo. La fe no es algo tan momentáneo y pasajero como simplemente “ver”, sino que es creer. Porque “ver” no es lo mismo que “creer”. Podemos ver pero no creer. Fe es creer en Jesucristo, creer que siendo Dios asume toda nuestra humanidad. Fe es la adhesión incondicional a su Persona. Es nuestra respuesta personal, única e insustituible a Jesucristo. No podemos quedarnos aprisionados en nuestros propios pensamientos y en nuestras propias imágenes. Creer en Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, camino, verdad y vida, es abrir las puertas y ventanas de todo lo que somos, porque El es la gran realidad. El Nuevo Testamento con toda la fuerza que tiene la expresión, “Nuevo Testamento”, presenta la persona de Cristo. Nos pone ante su permanencia real en la tierra, sus gestos, sus palabras, sus acciones. No son enunciados vagos de amor, son hechos reales. Cristo no es presentado como un asceta, ni como un ermitaño, un sacerdote levítico, sino en la estricta plenitud de la naturaleza humana, nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Todo lleva a exclamar con Henry Newman: Jesucristo era realmente más humano que cualquier ser humano. No hay situación en la que me encuentre, de la índole que sea, que no sea comprendida, conocida por El, y si yo libremente quiero, soy redimida por El. El conocimiento que El tiene de mi sobrepasa a todo conocimiento. El nos supera en la experiencia y el conocimiento personal de nuestra naturaleza. Es nuestro hermano mayor, el Primogénito de la gran familia humana.

La celebración de esta fiesta puede llenarnos de confianza, esperanza y por tanto de alegría. Cristo es aquella Persona, a quien todos los hombres, incluso los que no creen, sienten y necesitan, porque Jesucristo es más humano que cualquier otro hombre.


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