Por Carmen Pérez Rodríguez
Un día, con bastante urgencia, necesitábamos un libro para un chico que está en el Hospital de Parapléjicos y le pedí a un amigo que si me lo podía proporcionar. Le llamé al día siguiente por si lo me lo había conseguido y me dijo: a lo largo de la tarde te lo llevo. Lo consiguió y me lo vino a traer. Pertenece a esa gente extraña, que va “así” por la vida, haciendo y poniendo lo mejor de sí mismo. Y pertenece a esa gente extraña porque le ha pasado lo que a Juan y a Andrés, que no solo se quedaron una tarde con Jesús para ver que hacía, donde habitaba, como vivía, sino que ya le siguieron de por vida. Es profesor, ¡que suerte sus alumnos¡ ¿verdad?, y es el mismo que un día me hizo sentir que “el problema está en que nos vaya o no la vida en lo que hacemos” . Como decía otra chica que pertenece al mismo movimiento cristiano, “cuando has visto que tu experiencia es verdadera necesitas seguir. Y seguir a pesar de todo. Hay momentos muy duros y que son como un verdadero parto, pero sigues y claro “das a luz”. Estos dos amigos, y otros amigos, pertenecen a esa extraña gente que están convencidos de que con la libertad hay que hacer lo mismo que con la fe. ¿Cómo aprendieron los apóstoles a tener fe en aquel hombre? Siguiéndolo. Si Juan y Andrés hubieran ido a verle sólo aquel día, se habrían impresionado, y al cabo de diez años les habrían contado a sus hijos: hace tiempo vimos a un hombre…., pero no habrían tenido fe en aquel hombre. Lo siguieron. Y lo siguieron en la compañía en la que el Señor, al llamarlos, los ha puesto. Seguir, no hay nada más inteligente que seguir, dice Luigi Giussani.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn