En cristiano

Puede suceder cualquier cosa ...

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Por Carmen Pérez Rodríguez

Algunos de Vds. saben que me gusta mucho Lewis. Me centro en la carta IV de un diablo a su sobrino. Son las cartas que escribe un demonio ya mayor y retirado, Escrutopo, a otro joven, Orugario, en su primera misión con un “paciente”. El paciente, es la persona a la que ha de tentar. Pues en esta carta le escribe en torno al penoso tema de la oración. Le empieza recriminando porque ha eludido su responsabilidad ante algo tan importante como es para los humanos la oración. El Enemigo, Dios, los ha creado así, con esa extraña capacidad que es la oración. Y tan extraña capacidad, que es la forma que El tiene de relacionarse con ellos.. Por eso lo mejor es alejar totalmente al paciente de la intención de rezar en serio. Porque si los humanos oran puede suceder cualquier cosa...

Lo mejor es que repitan las cosas como loros, o que se enreden y embarullen en sus estados de ánimo, vagamente devotos, en sus ideas, interpretaciones y juicios. Que recen de manera externa, sin implicarse, como si lo hicieran para que los demás los vieran, incluso de manera que quieran dar una lección e incluso queriendo administrar ellos la salvación. Convencerles de que no importa como lo hagan, no importa la posición corporal. Olvidan continuamente, y el joven diablo no debe olvidarlo tampoco, que son animales, y que lo que hagan sus cuerpos influye en sus almas. Tiene que hacerles sentir que es irrelevante la adoración, el respeto. Eso es que pierdan el respeto. Nada de sentir el espacio sagrado de la iglesia, que estén como en un museo o en un local deportivo. Le insiste en la clase de oraciones que conviene. Oraciones en las que su paciente ponga ingredientes verdaderamente ridículos, palabrería y palabrería, que no dice nada más que cosas más o menos “altisonantes y comprometidas”, y así se encierra más en el mismo, en ideas y superficialidades inventadas por el.
Siempre cuidado, porque si los humanos oramos puede suceder cualquier cosa. Jesucristo lo hacía, su condición humana lo necesitaba y vino a mostrarnos como era nuestra condición humana y cual ha de ser nuestra relación con el Misterio, con Dios. La oración era algo cotidiano en El. Constantemente nos lo narran los evangelistas: se retiró a orar, subió al monte a orar, pasó la noche en la oración a Dios. Y en los momentos decisivos de su vida: antes del Bautismo, al realizar varios milagros, en la Ultima Cena, en el Huerto de lo Olivos, en la Cruz. Y lo dice constantemente: orad, orad porque todo lo puede la oración, Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis. Un momento cumbre es cuando a todos, a todos los hombres, nos enseña a rezar: cuando queráis orar decid: Padre nuestro. Con esto estaría dicho todo, tratad con Dios como Padre, pedid a Dios como Padre, con la desnudez de un niño ante su Padre.

¡Ya lo creo que puede suceder cualquier cosa¡ no hay nada más que ver las vidas de los convertidos, la vida de los que han descubierto lo que es realmente la oración. La que ha organizado y sigue organizando una mujer como Teresa de Jesús que supo maravillosamente vivir esta relación de filiación y amistad que es la oración.

Toda persona que ora realmente, experimenta tanto la verdadera desnudez de su alma como su inmensa capacidad de abrirse a todo lo que Dios quiere dar y comunicar. Por eso Escrutopo insiste a su sobrino que lo más sencillo consiste en desviar la mirada de su paciente de El, hacia sí mismo, que se dedique a sus propias ideas, a sus sentimientos o sensaciones. Es curioso que Teresa de Jesús dice lo mismo, desde el “otro bando”: no os pido más Le miréis, podéis mirar cosas muy feas ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se pueda imaginar? Mirad que no está aguardando otra cosa como dice a la esposa sino que Le miremos.

Por eso el viejo diablo, y aquí podríamos aplicar la expresión castellana de que sabe más el diablo por viejo que por diablo, insiste al joven que lo más importante está en apartar al paciente del trato con el Enemigo, -con Dios- Cuando el paciente pida y suplique, volverle, una y otra vez, hacia sí mismo, hacia sus intereses. Que sienta compasión de sí mismo, o que se sienta valeroso y fuerte y se entretenga en su valentía. También es muy útil enseñarle a medir el valor de cada oración por su eficacia para provocar el sentimiento deseado. Que se entretenga pensando en su Dios, un Dios a su medida e interés., un Dios que el componga como quiera, pero nunca le dejes que entre en relación personal con El. Nunca ha de relacionarse con la Persona que lo ha creado todo, que le ha creado a él y lo ama. Procurar que no haga nunca la distinción entre lo que el cree que es Dios y lo que realmente es. Impedir por todos los medios que se confíe a su Presencia real, que no se abra al deshonroso episodio conocido como la Encarnación donde empieza todo un trato que solo se le puede ocurrir a El. Si esto ocurre, entonces puede suceder cualquier cosa. Hay que evitar por todos los medios la situación de la verdadera desnudez del alma en la oración, pues los humanos no saben que se pueden encontrar con mucho más de lo que piden.

Realmente si oramos de verdad puede suceder cualquier cosa y no sabemos con todo lo que nos podemos encontrar.


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