Por Carmen Pérez Rodríguez
Los principios son como faros. Son como leyes naturales que no se pueden quebrantar. Claro aquí está el quid del problema, la urgente necesidad de que estos principios sean reconocidos como faros y no se legisle nada, absolutamente nada, fuera de la luz de estos principios. Comentábamos un día que Cecil B. de Mille acerca de los principios contenidos en su monumental película Los diez mandamientos dijo: Nosotros no podemos quebrantar la ley. Sólo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley. Y esto es lo que nos está ocurriendo. Estamos quebrantando nuestra dignidad humana.
Stephen Covey, el llamado Sócrates americano, que ya hemos citado varias veces, ni da consejos paternalistas, ni sermonea o critica sin ton ni son. El quiere despertar en la conciencia humana una auténtica confianza a través del desarrollo del propio carácter, de la integridad, la honestidad y la dignidad humana. Todo ello necesario para convertirnos a nosotros mismos y transformar el mundo laboral y político. Necesitamos de faros que gobiernen el desarrollo y la felicidad humana; leyes naturales entretejidas en la trama de todas las sociedades civilizadas a lo largo de la historia y que incluyen las raíces de toda familia e institución que haya perdurado y prosperado. Son principios que expresan la conciencia y moral humana.
La dignidad humana es el concepto básico de cualquier declaración de derechos humanos. Todos los hombres hemos sido creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, contándose entre ellos los derechos a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad. Ya estamos, es imposible sentirnos realmente humanidad, reconocer la dignidad humana, sin abrirnos a la gran realidad de que hemos sido creados por Dios, a su imagen y semejanza. ¿Dónde está realmente la grandeza humana? Pero si lo vemos en nuestra vida diaria. ¿Cuál es la grandeza de este médico, de este trabajador, de estos padres, de este paciente, de este profesor, de este político, de estos hijos, de este joven? ¿En que acciones concretas vemos su dignidad y grandeza? ¿No es propio y exclusivo del hombre sentir, vivir de la calidad y la excelencia en su vida diaria, en su dificultad, incluso en su falta y error cometidos? ¿No está su grandeza y dignidad en lo que él es capaz de hacer, superar, arrepentirse, contribuir, ayudar, favorecer? A través, sí, de los “pobres medios” al alcance de cada uno de nosotros. De esos medios, que para otros, desde una inconsistente e insegura altura, desde no se que ideologías, ni se plantean.
Es curioso como se encuentran las personas que buscan realmente la dignidad de la persona humana. Me da igual la crítica que muchos pudieran hacer ante lo que me ha hecho sentir y reconocer la propuesta de Stephen Covey, hoy en el siglo XXI, para la gente altamente efectiva, y la de una personalidad grandiosa como es la del Papa San León Magno en el siglo V. El nos propone este faro, este principio: reconoce cristiano tu dignidad. Ya se que es en la propuesta de León Magno, a pesar de ser del siglo V, donde reconocemos y alcanzamos realmente nuestra dignidad y grandeza, ya se que realmente no se podrían hacer las afirmaciones que se hacen sin la existencia de un Dios que así ama, que así redime, que así salva. Es un hecho, como él dice en el primero de sus famosos sermones para el día de la Natividad del Señor, que ha nacido Jesucristo, luego no puede haber lugar para la tristeza, porque ha nacido la vida, la que acaba con el temor de la mortalidad y nos infunde la alegría de la eternidad prometida. Reconoce cristiano tu dignidad y porque has sido hecho partícipe de la naturaleza divina no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Has sido liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz de Dios. Claro la Iglesia en su liturgia, lo pone en el Oficio de lecturas del día de la Natividad del Señor.
Reconoce cristiano tu dignidad. En lugar de criticar tanto a los cristianos, algunos serán cristiano no creíbles, pensemos en lo que realmente es la dignidad del cristiano. ¡Vaya maravillosa propuesta¡ Vaya faro y vaya principio para nuestra vida diaria esta propuesta que ha atravesado los siglos. La fe si realmente es fe, siempre es una y total. Aquí cobran sentido todos los esfuerzos humanos, todas las propuestas, todas las sanas declaraciones de los derechos humanos. Porque Dios se ha hecho hombre no hay lugar para la tristeza y el sin sentido de lo que muchos ven en la vida y en la muerte, y sí para captar esos dos latidos diarios del corazón: sufrimiento y felicidad. Porque Dios se ha hecho hombre sabemos mucho mejor de aquella imagen y semejanza suya con la que fuimos creados. Si reconocemos nuestra dignidad de cristianos sabremos vivir como hijos de un Padre que nos ama y nos espera, sabremos tratar a los demás. Dios es el fundamento mismo, el misterio impenetrable, pero que se nos manifiesta. En nuestros días, cuando inunda nuestra ambiente esa temible mezcla de altanería y tontería que se llama ateismo, es bueno pensar en esta propuesta del Papa S. León Magno: reconoce cristiano tu dignidad.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
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