Por Manuel Benayas García
Emmanuel Levinas, filósofo judío del siglo XX, denominaba filosofía de lo neutro aquella que “exalta la obediencia que ningún rostro manda”. Este resplandor frío de las ideas políticamente correctas sería el rasgo que configuraría la espiritualidad laicista. Se trata de un fatalismo opresivo del que emanan todo un entramado de ideas y actitudes que se articulan según la siguiente lógica:
- El igualitarismo propiciado por el Estado es la única garantía de la auténtica libertad.
- Este igualitarismo estatal recibe el nombre de “lo público” y vendría a ser el dios del laicismo, constituyendo la verdadera dimensión de la realidad.
- Dentro de esta dimensión existen dos verdades absolutas:
-> El método científico: considerado como la forma paradigmática de acceso a la realidad.
-> La mayoría democrática: es un fin en sí misma y detrás de la cual no existe ninguna otra instancia moral.
- Los laicistas idolatran el método científico debido al tremendo poder que ejerce sobre la dimensión cuantificable de la realidad.
- El método científico se engarza con la mayoría democrática a través del determinismo numérico. Es precisamente la mayoría numérica la que decide qué es verdad o no, qué es moral o no. El laicista se afana por lograr mayorías numéricas y con ellas decide lo que es bueno y lo que es malo.
- Para el laicista esta visión de la realidad es la única posible, la única aceptable, y se adhiere a ella de forma inquebrantable.
- La religión debe quedar en la esfera de lo privado pues no participa de la idea de “lo público”, es más se opone a ella. La religión es algo indeseable, su pervivencia debe mantenerse en los márgenes de la vida social, el acceso a “lo público” debe quedar definitivamente vedado para aquellas personas que aún estén lastradas con una “perspectiva religiosa”.
Sencillamente la religión y lo público son visiones de la realidad alérgicas, hay que apostar por una de ellas, es imposible el encuentro, hay que eliminar la religión y, así, hacer posible que el esplendor de “lo público” llene con su luz toda la realidad.
- Es precisamente esta lucha contra la religión lo que da alimento y vigor a “la espiritualidad del laicista”:
->Si el laicista vence se llena de soberbia y su ego se ensalza.
-> Si el laicista pierde se llena de resentimiento y reclama revancha.
- Para sosegar su crispada existencia el laicista dirige su pensamiento hacia el paraíso: “lo público”.
- En esta abstracción busca amparo, al tiempo que le sirve para dar cobijo a sus infantiles ensoñaciones.
- Para explicar el significado de “lo público” utiliza todo un cortejo de palabras que le proporcionan íntimas resonancias afectivas, pero que no es capaz de definir de forma rigurosa: tolerancia, solidaridad, igualdad, libertad, ciudadanía activa, valores democráticos, dignidad, autonomía, cohesión, etc.
A modo de conclusión: Conocer mejor la realidad nos posibilita para actuar con mayor sentido. Conocer la lógica rígida del laicismo nos debe ayudar a superar sus precarios esquemas mentales y a su perniciosa doctrina totalitaria.
Martes, 29 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
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Francisco Baena Calvo
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