En cristiano

Un doble patrón de conducta

12.11.09 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

¿No creen que es muy corriente en la vida ir con un doble patrón de conducta? Pienso, en concreto, en nuestra relación con los demás. Hacemos una separación grande en la vida entre lo que a nosotros nos corresponde, nos molesta, nos duele, nos afecta, nos interesa, y lo que afecta a los demás y corresponde a los demás. Un doble patrón y una doble medida. Nos fijamos en lo que nos resulta irritante de los demás, tanto en sus actuaciones, como en sus palabras, gestos, silencios. En las más diversas situaciones podemos salir convencidos de que somos totalmente inocentes, el culpable es el otro. o los otros. Después de cada discusión, y en el mejor de los casos de “pretendidos diálogos”, nos justificamos diciéndonos: lo único que he hecho ha sido preguntarle, o indicarle. Yo lo que he hecho…, pero si yo lo que quería…,¡vamos¡, si yo lo que pretendía… Ahora no toca pensar en el socorrido y frecuente “pues él más, que al fin y al cabo es el culpable” “si es que esa persona es así”. En fín las mil muletillas conocidas con que nos defendemos, justificamos y queremos quedar tranquilos.

En situaciones así nos puede venir muy bien llegar hasta el fondo de nuestro corazón, del nuestro, y experimentar nuestra veracidad, no la del otro, nuestro verdadero sentido de la justicia o injusticia, que late en nuestro corazón. A lo mejor, si reflexionamos un poco sobre esto, entendemos mejor todo lo que nos dice Jesucristo en el Evangelio de que el hombre bueno, del tesoro de su corazón, saca las cosas buenas y el malo cosas malas, porque de la abundancia del corazón habla la lengua. Entonces os digo: ¿por qué me decís Señor, Señor si luego no hacéis lo que os digo? Es un aspecto bien vital de la justicia o de la injusticia abrirnos al doble patrón con el que vamos en la vida. Y como dice S. Juan en su primera carta: si sabéis que El es justo, sabed que todo el que practica la justicia ha nacido de El. El problema de muchos de nosotros es, quizá, no haber calado de veras en lo que dice el Señor: el hombre bueno del tesoro de su corazón saca las cosas buenas, y el malo, cosas malas. No haber entendido que todo el que practica la justicia, la justicia del Dios justo, ha nacido de El. Estoy pensando, desde estas palabras, en el doble patrón y la doble medida.

Hay una obra de teatro de Miguel Mihura que siempre me ha gustado mucho: Maribel y la extraña familia. Quizá algunos la han leído, o visto en el teatro. También se ha hecho cine y un musical. El diálogo creo que es la modalidad predominante. Diálogos geniales, cortos, cordiales, vibrantes, llenos de esa ironía única, propia del autor. La totalidad de la obra está expresada así, excepto pequeñas introducciones, descripciones y acotaciones. El humor es para Miguel Mihura una posición ante la vida, y con este humor nos muestra la falsedad y la hipocresía de algunas normas y costumbres sociales. Como cada uno ve según su propia medida y sus propios esquemas: del tesoro de su corazón cada uno saca lo que lleva dentro. Marcelino, un hombre tímido propietario de una fabrica de chocolatinas en un pueblo de Cuenca, va con su madre a Madrid para ver si encuentra una chica moderna con la que casarse. Conoce a Maribel, una chica de alterne y se enamora de ella. La lleva a su casa para presentarle a su madre y a su tía. Una extraña familia que cree en las personas, que no se fija en las apariencias. Las amigas de Maribel, y en un principio la misma Maribel, no entienden nada, de la extraña familia que así trata, que así actúa. Porque esa extraña familia sabe ver en una chica, en la que otros verían solo una prostituta, un ser humano capaz de dar amor y recibir amor. Dos realidades: no somos lo que nos hacen y según nos ven. Esta nos gusta a todos. Pero también en el trato con los demás nos faltan ojos capaces de ver y corazón capaz de sentir.

Sencillamente, acabo de volver a leer esta obra, me encantan los diálogos, y me hace bien. No es el criterio, el egoísmo, el interés, el juicio superficial, la utilidad, la apariencia, la eficacia que niega automáticamente a la persona, el desarrollo de la persona. Y ya ven, me he ido a la carta de Benedicto XVI, La caridad en la verdad: se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad. Se necesita “ver más”, reconocer más, comprender mejor. No ir por la vida con ese doble patrón y esa doble medida. Con la que yo quiero que se me mire a mí, y con la que yo miro a los demás. ¿Y si aplico a mi vida esa veraz y fecunda afirmación del Papa de que todo conocimiento, hasta el más simple es siempre un pequeño prodigio? Prodigio en el conocimiento de uno mismo y de los demás.

Quizá a muchos nos conviene cambiar el patrón de conducta, vernos inocentes y ver a los demás culpables. Seguro que algunos están pensando en lo importante que es quitarnos primero la vida de nuestro ojo, y ver después la paja en el ojo ajeno. El hombre bueno del tesoro de su corazón…


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